G. K. Chesterton

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By a lady. Estudios sobre Jane Austen

Hoy tenemos una buena noticia. Acaba de portadasalir, en CEU Ediciones,  el libro “By a lady. Estudios sobre Jane Austen”. En él se recogen las conferencias y las comunicaciones del Congreso sobre Jane Austen que celebramos el pasado año. Aparece así, en vísperas de la conmemoración del segundo centenario de su muerte.

En breve anunciaremos la fecha del acto de presentación, que haremos en las próximas semanas.

“Impresiones irlandesas”, de G.K.C., por primera vez en español

portada_impresiones_irlandesasSi 2016 no fue muy prolífico en cuanto a novedades editoriales, en lo que llevamos de 2017 solo hay una novedad destacable: “Impresiones irlandesas”.

Se trata de las reflexiones de un curioso viaje de Chesterton a Irlanda, en los meses finales de la I Guerra Mundial. Irlanda vivía la tensión de una promesa y una expectativa de autonomía que Inglaterra no acabó de concederle nunca, de modo que en 1916 estalló una revuelta (ni la primera ni la única) contra el dominio inglés. Dicha revuelta, conocida como la rebelión de Pascua fue sofocada con una durísima represión que a la postre haría más insoportable el dominio británico, llegándose en pocos años a la consagración de la independencia.

Una de las partes más importantes del libro las dedica a lo que llama el error de Irlanda y el error de Inglaterra. Este error, el de los ingleses, era evidente. Habían oprimido durante siglos al pueblo irlandés, y las sublevaciones de este habían sido reprimidas no solo brutalmente sino estúpidamente, hasta prohibiendo utilizar el color verde. De ahí el estribillo de la canción, tantas veces citada por Chesterton, The wearing of the green: “For they are hanging men and women for the wearing of the Green”.

El error de Irlanda se produjo durante la primera Guerra Mundial. Fue además un error que contradecía a toda la historia anterior de Irlanda, una aliada natural de Francia, y que había sido una nación donde la civilización europea cristiana había florecido y eso precisamente le había ayudado a conservar su peculiaridad y su carácter nacional. Que muchos irlandeses tomasen parte por Alemania, siendo el prusianismo para Chesterton era la más formidable amenaza contra la civilización europea, fue para Chesterton el error de Irlanda.

Por lo demás, Chesterton siempre admiró el carácter irlandés su fiereza, su inteligencia, el amor por las letras, el amor por la tierra, su religiosidad sencilla. Nada mejor para definir el carácter de este libro que las palabras con las que lo celebró un famoso irlandés, Bernard Shaw, amigo de Chesterton: “El mundo no agradece a Chesterton ni la mitad de lo que debiera y espero que Irlanda no se encuentre entre los ingratos, pues ningún irlandés, vivo o muerto, ha servido con la pluma a su país mejor que él, ni con más lealtad”.

El breve estudio introductorio es de Dermot Quinn, buen amigo de nuestro Club Chesterton, profesor de Historia de Irlanda en la Seton Hall University.

Lo publica Ediciones More, que es una pequeña editorial que debe mucho de su impulso fundacional al Club Chesterton, como intento de seguir traduciendo lo mucho queda inédito de Chesterton en español. Habrá una presentación del libro en la Feria del Libro de Fuenlabrada el miércoles 24 de mayo y, posteriormente, en el marco de nuestro Club, haremos otro acto en junio.

Impresiones irlandesas

Gilbert Keith Chesterton

Ediciones More, 2017

ISBN 978-84-943207-2-9

180 páginas

www.edicionesmore.es

 

Nuevo proyecto del Club Chesterton

The-Collected-Works-of-G-K-Chesterton-Vol-37Queridos amigos: hoy nos toca contaros que nos hemos embarcado en una gran aventura editorial. Va a ser larga, pero esperamos que vaya a dar mucho fruto. Se trata de acometer la traducción de todos los artículos que Chesterton escribió para el periódico Illustrated London News. Fue una colaboración extensísima en el tiempo, que abarcó desde 1905 hasta la muerte del propio Chesteron en 1936. En total, se trata de más de 1500 artículos, que ocupan 10 extensos volúmenes de las Chesterton Collected Works que desde hace décadas viene publicando la editorial Ignatius Press.

Como se trata de una obra hercúlea, comenzar es lo más difícil. Y para ello, hemos tenido la suerte de haber obtenido una colaboración económica que nos permite abordar -al menos, parcialmente- la traducción del volumen 1 (nada menos que ciento veinte artículos). Estamos, en estos momentos, trabajando para incorporar a otras entidades e instituciones colaboradoras, pues el coste de esta obra, tanto humano como económico es muy elevado. Pero no nos cabe duda de que la obra merece la pena.

El potencial de Chesterton está aún por explotar en muchos campos.

 

Biografía de Hilaire Belloc (de Joseph Pearce), en Ediciones Palabra

bellocBuena noticia editorial. Dentro de escasos días, llegará a las librerías la biografía de Hilaire Belloc escrita por Joseph Pearce, y que publica en España la editorial Palabra.

Hilaire Belloc es otra figura importante de las letras inglesas. Sir John Squire, poeta e historiador (+1958) diría: “cualquiera que trate de estudiar los escritos de Belloc creerá que se ha metido a escribir la historia literaria de una pequeña nación”.

Nacido de padre francés y madre inglesa, prestó su servicio militar en la artillería del Ejército francés, que conoció en profundidad y admiraría toda su vida. El carácter francés, para Belloc, tendría la impronta de las virtudes militares, con un gran talento para la auto organización, disposición a los sacrificios, camaradería y esprit de corps, que bien modelaría y serviría de gloria a Napoléon. Su visión de la historia no dejaría jamás de lado la importancia de las grandes acciones militares, pues en ellas la historia daba giros e imprimía el carácter de las décadas siguientes. Pero ya en sus años jóvenes, y a pesar de su estima del carácter francés, era un inglés hijo de francés, y no un francés hijo de una inglesa. En el servicio militar, sus compañeros ya le llamaban el “Englishman”. Sus historias de la Revolución Francesa dan una importancia tan destacada a los hechos de armas (los que en definitiva salvaron a la Revolución de la invasión austriaca en 1793) que choca a la mentalidad de hoy.

Libros hay, de divulgación juvenil, escritos por eminentes profesores franceses que dedican casi el mismo espacio a la ideología de las luces que al precio del pan, al malestar de los ebanistas y carpinteros del barrio de San Antonio, etc…, mientras que los hechos militares ni se citan. Sin embargo, sin Wattignies, la decisiva batalla en la que los reclutas de Carnot, tras treinta horas casi sin dormir sorprendieron al ejército austriaco, mientras la reina era condenada a la guillotina, hoy las cosas habrían transcurrido de otro modo, sin importarnos si el pan costaba tres o veintitrés cuartos en marzo de 1789.

Hay otra característica sorprendente de su producción histórica. El papel de los grandes personajes. Hoy una eminente profesora, Margaret Macmillan, en su aclamada obra “1914: de la paz a la guerra” considera que ese cóctel explosivo que condujo a la Gran Guerra no puede explicarse sin las personalidades de un Zar ruso fácilmente manipulable, o de un temperamental y demasiado seguro de sí mismo Jefe del Ejército Austrohúngaro, el conde Franz Conrad von Hötzendorf. Consideraciones similares, lejos del positivismo estrecho o del materialismo ramplón que ha dominado la historiografía europea durante décadas, ocupaban a Belloc cuando trataba de explicar la Revolución Francesa: las personalidades de Luis XVI, de María Antonieta, de Mirabeau,… son esenciales para entender el proceso revolucionario. Pero el papel de las grandes personalidades no le dificultaba, a su vez, explicar los grandes procesos, las grandes tendencias que fueron configurando la civilización europea: Roma y la germanidad, cuyo insuficiente romanismo la preparó para la Reforma, que partió en dos la Cristiandad y en cuyos destinos personalidades posteriores como Richelieu marcarían el devenir de Europa definitivamente. Era Belloc un historiador de afirmaciones fuertes, de grandes procesos, rastreador de esas placas tectónicas históricas cuyos choques y fracturas generan los seísmos que marcan el rumbo de los siglos sin anular el concurso ni de la voluntad humana ni de la suerte, el hado o el misterio.

Su producción fue abundantísima, especialmente en el campo de la historia, a la que dedicó gran parte de su docencia. Y se empeñó, junto a su gran amigo Chesterton, en una quijotesca empresa periodística desde la que defendieron la doctrina económica del distributismo. Doctrina contra corriente que se desarrolló mientras en Europa se sembraban las semillas de los diversos totalitarismos (fascismos y comunismo) negadores de la persona humana. El distributismo partía de la creencia en el hombre común, en la familia, en la comunidad local, en el mercado de pequeñas dimensiones, en la economía al servicio del hombre. Belloc fue un crítico feroz del estado como estructura de dominación, pero junto a Chesterton fue un luchador incansable también contra el capitalismo. En su visión histórica, el ascenso al gobierno de Inglaterra de las diversas aristocracias (nobles, primero, comerciantes, industriales y financieros después) en detrimento de la monarquía constituiría una auténtica lacra.

Con poco más de veinte años. cruzó el Atlántico y la práctica totalidad de los USA para visitar a la joven que acabaría siendo su esposa, venciendo no solo la distancia, sino también los reparos de la familia de ella y el asedio de una sacerdote que la hostigaba con innumerables escrúpulos para que se metiera en un convento. Otro sacerdote, jesuita este, logró liberarla de esa carga impuesta y por eso diría Belloc, refiriéndose al desenlace feliz, que el jesuitismo acabó venciendo al jansenismo.

Periodista, poeta, novelista, marino, miembro del Parlamento, su vida fue apasionante, como lo era su carácter, vital, bronco y dado a la polémica.

En España se han publicado, en los últimos quince años varios de sus libros: María Antonieta, Europa y la fe, Camino a Roma, El estado servil (Ciudadela), La prensa libre (Editorial Nuevo Inicio) y en Argentina Las cruzadas, Historia de Inglaterra, Napoléon (C.S. Ediciones), y esperemos que pronto podamos ver reeditadas sus extraordinarias biografías que fueron traducidas al español en los años 30 y 40: Dantón, Robespierre, Richelieu (reeditada en 1996), Luis XIV, Cromwell, Carlos I de Inlgaterra

Enhorabuena a Palabra. Belloc lo merece.

 

 

The woman who was Chesterton

ColorFrances-noise-reduction-660x350Tenemos ya, publicada en los USA, la primera biografía de la persona que más influyó en la vida de Gilbert Keith Chesterton: su mujer, Frances. (The woman who was Chesterton. Nancy Carpentier Brown, ACS Books, 2015)

De ella llegaría a escribir el propio Gilbert: “(…) my wife, whose life has been in many ways a very heroic tragedy…” Casi nada. Pone así en el mapa, bajo unas coordenadas, para mí, antes insospechadas, la vida de esta mujer que podemos calificar de extraordinaria, no solo por estar casada con un hombre extraordinario, sino por méritos propios, los de una vida que no fue nada fácil, pero que vivió con gran valentía y coraje.

Nancy Carpenter Brown ha escrito una excelente biografía, de las que, sin merma del rigor, no se pierde en la frialdad de los detalles, de los datos, sino que se aventura y se arriesga a “comprender” al personaje. Por eso ofrece juicios ponderados, pero valientes. Frances fue como Juan el Bautista: “Él tiene que crecer y yo disminuir” (Jn 3, 30); y que pudo ser la tabla de salvación (literal) que evitó que Chesterton muriera de la grave enfermedad que le afectó alrededor de 1915; de haber sido así, hubiéramos perdido “El hombre eterno”, “San Francisco de Asís”, “Santo Tomás”, “Los límites de la cordura”, varios relatos del Padre Brown y centenares de artículos.

Sin ella, la llegada de Chesterton a la fe hubiera sido más problemática o quien sabe si alguna vez se hubiera producido; sin ella, Chesterton, caótico por naturaleza, hubiera incumplido muchos de sus compromisos como articulista y conferenciante, sus plazos, sus deudas. Sin ella, el Chesterton que conocemos, sencillamente, no hubiera sido.

Pero Frances fue mucho más: una mujer fuerte que sufrió y sobrellevó cristianamente serias enfermedades y graves dolores durante la mayor parte de su vida; que fue testigo de la muerte temprana de dos de sus hermanos; que llevó la cruz de no poder tener los hijos que ansiaba; pero que participó siempre en obras de caridad, que recibía constantemente amigos y niños de sus parientes cercanos; que escribió y publicó numerosos poemas y canciones; y obras de teatro que se representaban una y otra vez en Navidad. Aún hoy, una letra suya, “Here is the little door”, con melodía de Herbert Howells tiene, según la autora, nada menos que 37 versiones en Itunes, aunque no aparezca ella en los créditos.

Un aspecto importante que, gracias también a Aidan Mackey, a Ian Kerr, va quedando despejado, es la sospecha amarillista de que el matrimonio Chesterton vivía una vida de forzada castidad, explicación que debe su origen a la cuñada de Chesterton, la extraordinaria y compleja Ada Chesterton. Periodista que se desenvolvía en Fleet Street como el más duro de los hombres, era autora también de libros (biografía de Santa Teresa incluida) y artículos de denuncia de la terrible situación de misera en la que vivían algunas mujeres. De su innegable preocupación social será testigo una obra a la que Gilbert y Frances dedicarían tiempo y dinero, las Cecil Houses (Inc.) for Homeless woman.

En definitiva, una importante obra, necesaria más que nunca para reafirmar un feminismo diferente al feminismo de la rivalidad y a la ideología de género, ideología deconstructivista de tremendas consecuencias descivilizadoras. Cuando Chesterton (Gilbert) escribía sobre el matrimonio, en Lo que está mal en el mundo, daba en el clavo cuando decía que marido y mujer podrán reñir, pero lo importante es que sea una “riña de enamorados”. Su matrimonio pudo tener algo de riña (o de cruz) pero nunca dejó de ser lo segundo.

 

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