G. K. Chesterton

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Presentación del libro “El fin de una época. Artículos 1905-1906″

El próximo jueves 7 de marzo, a las 19:00 horas, en el Salón de Grados de la Universidad CEU San Pablo (Julián Romea, 23) tendremos la presentación del libro  “El fin de una época. Artículos 1905-1906″. Se trata del primer volumen de un proyecto en el que hemos invertido mucho esfuerzo y que hoy sale a la luz: la colección completa de los artículos que Chesterton escribió para el Illustrated London News. Son 1500 artículos y que nos proponemos publicar, junto con la editorial Encuentro. Un esfuerzo monumental, pero nos anima el convencimiento de que el pensamiento de Chesterton es hoy tan necesario o más como lo fue en su día.

El libro se puede ver en la web de Ediciones Encuentro: https://www.edicionesencuentro.com/libro/el-fin-de-una-epoca/

Os envío la recensión que ha salido hoy mismo en elmundo.es https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/02/22/5c66deaf21efa023338b458c.html

Novelas góticas. “La dama de blanco”

478px-(William)_Wilkie_Collins_by_Rudolph_LehmannWilkie Collins quiso ser recordado, principalmente, como escritor de esta novela, que destacaba, para él, entre las muchas que escribió. Se publicó en 1859, lejos por tanto de aquellas primeras obras góticas como El castillo de Otranto (1764), El monje (1796) o Los misterios de Udolpho (1794). La presencia de los sobrenatural, lo misterioso y lo desconocido apenas está presente. Lo que la incluye entre las novelas góticas es el ambiente de opresión, la presencia de aristócratas tiránicos y la heroína gótica prisionera, Laura Fairlie, alrededor de las que se han tejido una red de mentiras y de lazos invisibles que puede llevarla a la locura y a la muerte.

De la novela nos quedan personajes admirables. El Conde Fosco es uno de los malos más logrados. Sus maneras cosmopolitas, un poder de persuasión casi hipnótico y una mente maquiavélica se nos van desgranando magistralmente a través del diario de Marian Halcombe, la prima de Laura y la mujer fuerte que tocó la única fibra sensible de este Conde. Hombre obeso, enorme, se nos dice que no pierde por ello, la gracilidad y agilidad de un hombre joven, detalle que será necesario más de cien páginas después, para sospechar de su presencia en un pantano alejado de la casa, donde le hemos dejado descansando con una mantita en la chimenea.

Al igual que en las primeras novelas góticas, aparecerá el tema de la ilegitimidad de la aristocracia,  y una excelente puesta en escena de confusión de identidades, magistralmente provocado por Fosco que es capaz de urdir la completa desaparición de Laura Fairlie, a quien solo un milagro y veinticuatro horas de diferencia en un registro lograrán salvar del encierro aque se verá sometida.

La red se estrecha de modo angustioso, y las cosas siempre acaban yendo a peor. El relato se desenvuelve a través de los escritos de sus protagonistas, empezando por Walter Hartright, humilde profesor de pintura que se enamora de Laura Fairlie, rica pero frágil heredera; el diario de Marian Halcombe, la confesión de Fosco, los escritos de los abogados de la familia Fairlie y del señor Fairlie, el egocéntrico anciano.

Una de las grandes novelas de todo el siglo XIX, sin duda.

 

La foto es el retrato de Wilkie Collins, por Rudolph Lehmann (en la National Portrait Gallery de Londres)

Novelas góticas. Melmoth el errabundo

690px-MaturinCon motivo del próximo Congreso sobre novela gótica que celebraremos en la Universidad CEU San Pablo (18, 19 y 20 de febrero), vamos a hacer algunos comentarios de novelas góticas célebres.

Empezamos por “Melmoth, el errabundo”, publicada por Valdemar. Muy interesante aunque a veces se hace pesada y uno desearía que tuviera 150 páginas menos. La estructura es la de una caja de sombreros: se abre una historia, y dentro de esta historia, otra; y dentro otra.

La intención declarada del autor, pastor protestante irlandés, es la de desarrollar una idea que expresó en un sermón, del que tiene el humor de decirnos que como nadie leyó, lo desarrolla ahora. Se preguntaba Maturin si alguien renunciaría a la esperanza de su salvación a cambio de recibir todo lo que la tierra pudiera dar o producir. Es una versión de la pregunta de Jesús en el Evangelio: ¿De qué le vale al hombre ganar el mundo si pierde el alma?

El protagonista es Melmoth que vende su alma al diablo, obteniendo una vida larguísima. El planteamiento religioso es notable y late la angustía existencial protestante y la agudísima crítica al catolicismo, caricaturizado hasta el extremo.

Las situaciones de los protagonistas son absolutamente extremas, prisiones, tormentos, encierros, y en su situación de desesperación, aparece Melmoth para ofrecerles un pacto que les puede liberar de su angustia.

Un libro que merece la pena, ya que nos hemos ido a lo gótico.

 

La imagen de Maturin:

By D.G. Brocas – Russian edition of his novel Melmoth the Wanderer, 1977., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3531472

 

El famoso artículo de G.S. Street que Chesterton cita al comienzo de su libro “Ortodoxia”

Chesterton a criticism Como decíamos en nuestro último post, vamos a aclarar el equívoco sobre el artículo que “picó″ a Chesterton para ponerse a escribir Ortodoxia. En esta célebre obra, que a mi juicio, puede contarse entre las más importantes del siglo XX, dice Chesterton:

La única excusa que se me ocurre para este libro es que es la respuesta a un desafío (…) Cuando hace algún tiempo publiqué una serie de apresurados pero sinceros retratos, bajo el título de “Herejes”, algunos críticos, cuya inteligencia admiro profundamente (mencionaré especialmente al Sr. G.S. Street), dijeron que mientras yo no dejaba de pedirles a todos que hicieran expresa su cosmovisión, había evitado predicar con el ejemplo. ‘No me preocuparé de mi filosofía’ -escribió el Sr. Street- ‘hasta que el Sr. Chesterton nos cuente la suya’. Quizá fue una osada sugerencia, dirigida a alguien dispuesto a escribir un libro ante la más mínima provocación. Pero al fin y al cabo, aunque el Sr. Street haya inspirado y creado este libro, no está obligado a leerlo”.

Hasta aquí lo que dijo Chesterton. El error que se ha transmitido desde la biografía (excelente) de Luis Ignacio Seco (Palabra, 1997) hasta la de José Ramón Ayllón (2017) pasando por el estudio de Tomás Baviera (2014), reseñado también en este blog, es creer que este G.S. Street era el pseudónimo que ocultaba al hermano de Chesterton, Cecil.

No es así. George Slythe Street fue un importante crítico y periodista de su tiempo que escribió el artículo al que se refiere Chesterton, y que fue publicado en The Outlook, el 17 de junio de 1905. ¿De dónde viene el error entonces?

En 1908 apareció el libro anónimo G.K. Chesterton: a criticism. Este libro anónimo sí estaba escrito por Cecil Chesterton. Para él, Chesterton era ya un tipo al que había que tener en cuenta como hombre de letras y como uno de los valores del debate cultural de su tiempo. Introducía algunas críticas, entre otras, la de que le faltaba hacer expresa su filosofía, pero Cecil, que la conocía bien, no lo planteaba como un reto o desafío, sino que desde esas páginas animaba a Gilbert a concluir su proyecto de escribir su “ortodoxia”. Se demuestra así que venía tiempo atrás pensando en la redacción del libro. De ahí, el error de considerar que Chesterton escribió Orotodoxia a toda velocidad, después de la publicación del libro en 1908. No, la idea de publicar Ortodoxia, como explica Dermot Quinn, enlaza, intelectualmente, con la “Blatchford controversy”, y uno de sus catalizadores fue el artículo de G.S. Street de 1905. Cecil no tuvo nada que ver en los orígenes del libro.

 

 

Nueva biografía de Chesterton, escrita por José Ramón Ayllón

Edicionhombre_que fue_chestertones Palabra acaba de publicar una nueva biografía de Chesterton, escrita por José Ramón Ayllón, quien ya se había ocupado de Chesterton en varios libros más, aparte de este. “El hombre que fue Chesterton” es el título de esta obra, perfecta para los que ya han leído algo de Chesterton e intuyen que en él late algo permanente y, por tanto, necesariamente actual.

No oculta su autor que esta biografía está en deuda con las precedentes de Joseph Pearce, Luis Ignacio Seco, Ada Jones y Titterton (estos dos últimos contemporáneos de Chesterton, si bien Ada escribió sobre la familia Chesterton, no solo sobre Gilbert).

Ayllón es escritor y profesor; y se nota que además de profesor universitario ha sido profesor de bachillerato, pues tiene el defecto inconfesable de que escribe bien, claro, sencillo, directo, sin circunloquios, y para una biografía de este estilo, ha tenido el buen gusto de no poner citas a pie de página ni al final. Hay una manía excesiva de no atreverse a decir nada sin una cita, y así, para tres bobadas solemos encontrarnos con cuatro citas. Ayllón, acierto suyo o de su editor -tanto monta-, decide no poner ninguna. De modo que incluso los entrecomillados de Chesterton quedan huérfanos de referencia; pero las cosas como son, de lo que se trata es de entender a Chesterton y no hacer un alarde absurdo de nada. Así que, por la fácil lectura, gracias a ambos, autor y editor. El libro, además, por tamaño, tipografía, tipo de papel…, es cómodo, no muy voluminoso (menos de 300 páginas), letra aceptablemente grande y márgenes justos, ni mucho ni poco.

Y con estos mimbres surge una biografía que se devora en pocas horas. De estilo ágil, concisa, es un ejemplo de equilibro, aportando los datos esenciales (ni uno más) de la vida de Chesterton que hacen más comprensible su obra y con una síntesis excelente de su pensamiento. Pues el libro se divide en dos partes, una más biográfica, y una dedicada a los aspectos esenciales de su filosofía. Decimos los esenciales pues si bien Chesterton habló de todo y podríamos rastrear entre sus miles de artículos, concepciones muy bien delineadas sobre educación, sobre estética, sobre arte, sobre costumbres, sobre el periodismo…, las cuestiones sobre las que Ayllón decide presentar su síntesis son las verdaderamente esenciales de Chesterton: la Creación y el debate sobre el evolucionismo, el feminismo, el divorcio y la familia, la historia, con su especial defensa de la Edad Media, y dentro de sus concepciones económico sociales, su pasión por el distributismo. Esta es la doctrina que defiende la necesidad de una mayor distribución de la propiedad del suelo para hacer frente a los excesos de concentración económica propia tanto del capitalismo, con su tendencia al monopolio, como del socialismo o del gigantismo de Estado que anula la libertad de la persona y destruye la autonomía y valor de la familia.

Tenemos que ponerle un pero, porque este blog se dedica a Chesterton y estamos obligados a ello. De carácter menor, sin duda; el error deriva de una pequeña confusión en la biografía de Chesterton que escribió Luis Ignacio Seco y publicó Palabra en 1997. En 1905, un periodista, G.S. Street, al hacer una crítica o recensión del libro Herejes, dejaba caer que Chesterton criticaba muchas doctrinas sin molestarse en aclarar cual era la suya (la de Chesterton, entiéndase). Según Luis Ignacio Seco, este G.S. Street era el pseudónimo de su propio hermano Cecil Chesterton. Apoyándose en este dato incorrecto de Luis Ignacio Seco, tanto Tomás Baviera Puig (Pensar con Chesterton. Fe, razón y alegría; Ciudad Nueva, 2014) como el propio Ayllón han transmitido este error, que aclararemos en nuestra próxima entrada.

Anticipamos, eso sí, que G.S. Street escribió el artículo de marras en 1905 y que Cecil Chesterton escribió un libro anónimo sobre su hermano Gilbert en 1908. De ahí la confusión.

 

 

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