G. K. Chesterton

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Nuevo proyecto del Club Chesterton

The-Collected-Works-of-G-K-Chesterton-Vol-37Queridos amigos: hoy nos toca contaros que nos hemos embarcado en una gran aventura editorial. Va a ser larga, pero esperamos que vaya a dar mucho fruto. Se trata de acometer la traducción de todos los artículos que Chesterton escribió para el periódico Illustrated London News. Fue una colaboración extensísima en el tiempo, que abarcó desde 1905 hasta la muerte del propio Chesteron en 1936. En total, se trata de más de 1500 artículos, que ocupan 10 extensos volúmenes de las Chesterton Collected Works que desde hace décadas viene publicando la editorial Ignatius Press.

Como se trata de una obra hercúlea, comenzar es lo más difícil. Y para ello, hemos tenido la suerte de haber obtenido una colaboración económica que nos permite abordar -al menos, parcialmente- la traducción del volumen 1 (nada menos que ciento veinte artículos). Estamos, en estos momentos, trabajando para incorporar a otras entidades e instituciones colaboradoras, pues el coste de esta obra, tanto humano como económico es muy elevado. Pero no nos cabe duda de que la obra merece la pena.

El potencial de Chesterton está aún por explotar en muchos campos.

 

Biografía de Hilaire Belloc (de Joseph Pearce), en Ediciones Palabra

bellocBuena noticia editorial. Dentro de escasos días, llegará a las librerías la biografía de Hilaire Belloc escrita por Joseph Pearce, y que publica en España la editorial Palabra.

Hilaire Belloc es otra figura importante de las letras inglesas. Sir John Squire, poeta e historiador (+1958) diría: “cualquiera que trate de estudiar los escritos de Belloc creerá que se ha metido a escribir la historia literaria de una pequeña nación”.

Nacido de padre francés y madre inglesa, prestó su servicio militar en la artillería del Ejército francés, que conoció en profundidad y admiraría toda su vida. El carácter francés, para Belloc, tendría la impronta de las virtudes militares, con un gran talento para la auto organización, disposición a los sacrificios, camaradería y esprit de corps, que bien modelaría y serviría de gloria a Napoléon. Su visión de la historia no dejaría jamás de lado la importancia de las grandes acciones militares, pues en ellas la historia daba giros e imprimía el carácter de las décadas siguientes. Pero ya en sus años jóvenes, y a pesar de su estima del carácter francés, era un inglés hijo de francés, y no un francés hijo de una inglesa. En el servicio militar, sus compañeros ya le llamaban el “Englishman”. Sus historias de la Revolución Francesa dan una importancia tan destacada a los hechos de armas (los que en definitiva salvaron a la Revolución de la invasión austriaca en 1793) que choca a la mentalidad de hoy.

Libros hay, de divulgación juvenil, escritos por eminentes profesores franceses que dedican casi el mismo espacio a la ideología de las luces que al precio del pan, al malestar de los ebanistas y carpinteros del barrio de San Antonio, etc…, mientras que los hechos militares ni se citan. Sin embargo, sin Wattignies, la decisiva batalla en la que los reclutas de Carnot, tras treinta horas casi sin dormir sorprendieron al ejército austriaco, mientras la reina era condenada a la guillotina, hoy las cosas habrían transcurrido de otro modo, sin importarnos si el pan costaba tres o veintitrés cuartos en marzo de 1789.

Hay otra característica sorprendente de su producción histórica. El papel de los grandes personajes. Hoy una eminente profesora, Margaret Macmillan, en su aclamada obra “1914: de la paz a la guerra” considera que ese cóctel explosivo que condujo a la Gran Guerra no puede explicarse sin las personalidades de un Zar ruso fácilmente manipulable, o de un temperamental y demasiado seguro de sí mismo Jefe del Ejército Austrohúngaro, el conde Franz Conrad von Hötzendorf. Consideraciones similares, lejos del positivismo estrecho o del materialismo ramplón que ha dominado la historiografía europea durante décadas, ocupaban a Belloc cuando trataba de explicar la Revolución Francesa: las personalidades de Luis XVI, de María Antonieta, de Mirabeau,… son esenciales para entender el proceso revolucionario. Pero el papel de las grandes personalidades no le dificultaba, a su vez, explicar los grandes procesos, las grandes tendencias que fueron configurando la civilización europea: Roma y la germanidad, cuyo insuficiente romanismo la preparó para la Reforma, que partió en dos la Cristiandad y en cuyos destinos personalidades posteriores como Richelieu marcarían el devenir de Europa definitivamente. Era Belloc un historiador de afirmaciones fuertes, de grandes procesos, rastreador de esas placas tectónicas históricas cuyos choques y fracturas generan los seísmos que marcan el rumbo de los siglos sin anular el concurso ni de la voluntad humana ni de la suerte, el hado o el misterio.

Su producción fue abundantísima, especialmente en el campo de la historia, a la que dedicó gran parte de su docencia. Y se empeñó, junto a su gran amigo Chesterton, en una quijotesca empresa periodística desde la que defendieron la doctrina económica del distributismo. Doctrina contra corriente que se desarrolló mientras en Europa se sembraban las semillas de los diversos totalitarismos (fascismos y comunismo) negadores de la persona humana. El distributismo partía de la creencia en el hombre común, en la familia, en la comunidad local, en el mercado de pequeñas dimensiones, en la economía al servicio del hombre. Belloc fue un crítico feroz del estado como estructura de dominación, pero junto a Chesterton fue un luchador incansable también contra el capitalismo. En su visión histórica, el ascenso al gobierno de Inglaterra de las diversas aristocracias (nobles, primero, comerciantes, industriales y financieros después) en detrimento de la monarquía constituiría una auténtica lacra.

Con poco más de veinte años. cruzó el Atlántico y la práctica totalidad de los USA para visitar a la joven que acabaría siendo su esposa, venciendo no solo la distancia, sino también los reparos de la familia de ella y el asedio de una sacerdote que la hostigaba con innumerables escrúpulos para que se metiera en un convento. Otro sacerdote, jesuita este, logró liberarla de esa carga impuesta y por eso diría Belloc, refiriéndose al desenlace feliz, que el jesuitismo acabó venciendo al jansenismo.

Periodista, poeta, novelista, marino, miembro del Parlamento, su vida fue apasionante, como lo era su carácter, vital, bronco y dado a la polémica.

En España se han publicado, en los últimos quince años varios de sus libros: María Antonieta, Europa y la fe, Camino a Roma, El estado servil (Ciudadela), La prensa libre (Editorial Nuevo Inicio) y en Argentina Las cruzadas, Historia de Inglaterra, Napoléon (C.S. Ediciones), y esperemos que pronto podamos ver reeditadas sus extraordinarias biografías que fueron traducidas al español en los años 30 y 40: Dantón, Robespierre, Richelieu (reeditada en 1996), Luis XIV, Cromwell, Carlos I de Inlgaterra

Enhorabuena a Palabra. Belloc lo merece.

 

 

The woman who was Chesterton

ColorFrances-noise-reduction-660x350Tenemos ya, publicada en los USA, la primera biografía de la persona que más influyó en la vida de Gilbert Keith Chesterton: su mujer, Frances. (The woman who was Chesterton. Nancy Carpentier Brown, ACS Books, 2015)

De ella llegaría a escribir el propio Gilbert: “(…) my wife, whose life has been in many ways a very heroic tragedy…” Casi nada. Pone así en el mapa, bajo unas coordenadas, para mí, antes insospechadas, la vida de esta mujer que podemos calificar de extraordinaria, no solo por estar casada con un hombre extraordinario, sino por méritos propios, los de una vida que no fue nada fácil, pero que vivió con gran valentía y coraje.

Nancy Carpenter Brown ha escrito una excelente biografía, de las que, sin merma del rigor, no se pierde en la frialdad de los detalles, de los datos, sino que se aventura y se arriesga a “comprender” al personaje. Por eso ofrece juicios ponderados, pero valientes. Frances fue como Juan el Bautista: “Él tiene que crecer y yo disminuir” (Jn 3, 30); y que pudo ser la tabla de salvación (literal) que evitó que Chesterton muriera de la grave enfermedad que le afectó alrededor de 1915; de haber sido así, hubiéramos perdido “El hombre eterno”, “San Francisco de Asís”, “Santo Tomás”, “Los límites de la cordura”, varios relatos del Padre Brown y centenares de artículos.

Sin ella, la llegada de Chesterton a la fe hubiera sido más problemática o quien sabe si alguna vez se hubiera producido; sin ella, Chesterton, caótico por naturaleza, hubiera incumplido muchos de sus compromisos como articulista y conferenciante, sus plazos, sus deudas. Sin ella, el Chesterton que conocemos, sencillamente, no hubiera sido.

Pero Frances fue mucho más: una mujer fuerte que sufrió y sobrellevó cristianamente serias enfermedades y graves dolores durante la mayor parte de su vida; que fue testigo de la muerte temprana de dos de sus hermanos; que llevó la cruz de no poder tener los hijos que ansiaba; pero que participó siempre en obras de caridad, que recibía constantemente amigos y niños de sus parientes cercanos; que escribió y publicó numerosos poemas y canciones; y obras de teatro que se representaban una y otra vez en Navidad. Aún hoy, una letra suya, “Here is the little door”, con melodía de Herbert Howells tiene, según la autora, nada menos que 37 versiones en Itunes, aunque no aparezca ella en los créditos.

Un aspecto importante que, gracias también a Aidan Mackey, a Ian Kerr, va quedando despejado, es la sospecha amarillista de que el matrimonio Chesterton vivía una vida de forzada castidad, explicación que debe su origen a la cuñada de Chesterton, la extraordinaria y compleja Ada Chesterton. Periodista que se desenvolvía en Fleet Street como el más duro de los hombres, era autora también de libros (biografía de Santa Teresa incluida) y artículos de denuncia de la terrible situación de misera en la que vivían algunas mujeres. De su innegable preocupación social será testigo una obra a la que Gilbert y Frances dedicarían tiempo y dinero, las Cecil Houses (Inc.) for Homeless woman.

En definitiva, una importante obra, necesaria más que nunca para reafirmar un feminismo diferente al feminismo de la rivalidad y a la ideología de género, ideología deconstructivista de tremendas consecuencias descivilizadoras. Cuando Chesterton (Gilbert) escribía sobre el matrimonio, en Lo que está mal en el mundo, daba en el clavo cuando decía que marido y mujer podrán reñir, pero lo importante es que sea una “riña de enamorados”. Su matrimonio pudo tener algo de riña (o de cruz) pero nunca dejó de ser lo segundo.

 

El “humor”, por Chesterton; voz de la Enciclopedia Británica

Captura de pantalla 2016-01-22 01.15.39Recientemente se ha puesto en contacto con nuestro blog, un amigo chestertoniano (los amigos de mis amigos -aunque sean escritores fallecidos- son mis amigos) para ofrecernos la traducción de un texto de Chesterton sobre el humor y que, según nos cuenta el traductor y autor del blog, Gerard Serra, es una voz de diccionario que se publicó, concretamente, en la 14ª edición de la Enciclopedia británica.

http://www.hayciertassonrisas.com/category/chesterton/

Se trata de una traducción del propio Gerard Serra, a quien agradecemos el esfuerzo y la gentileza.

A los frikis de Chesterton, entre los que me encuentro, nos interesa conocer la procedencia de cada artículo y texto chestertoniano, no sé si por fetichismo o qué, pero en esa desmesurada o desenfrenada pasión de conocimiento vivimos. Una vez recibido el enlace que nos envió Gerard, me sonaba el texto y he visto que otra traducción del mismo se publicó en un libro de ensayos: La cólera de las rosas, (Editorial Eneida, Madrid 2015, traducción Lur Sotuela). Este libro, en el que no hay indicación alguna de la procedencia de cada artículo, precedió en unos meses a la publicación de Alarmas y digresiones, (Acantilado, 2015, traducción de Miguel Temprano García), libro del que hicimos la reseña aquí. Con las indicaciones de Gerard vamos poco a poco conociendo los orígenes de tantos artículos y ensayos de Chesterton que andan por ahí desperdigados.

¡Gracias, Gerard!

Las virtudes “desquiciadas”, una delicatessen de Miguel Temprano

ortodoxiaUna de las frases más brillantes de Chesterton, más citadas y todo un compendio de Historia de las ideas, es aquella que dice:

“The modern world is full of the old Christian virtues gone mad. The virtues have gone mad because they have been isolated from each other and are wandering alone”.

Literalmente, las virtudes “se han vuelto locas”. Pero entonces, encontramos, en la traducción de Ortodoxia de Miguel Temprano para Acantilado, que “el mundo moderno está repleto de antiguas virtudes cristianas desquiciadas“, traducción que, apartándose de la literalidad, expresa, mejor aún si cabe, la idea que Chesterton quiere transmitir y sobre la que gira todo este segundo capítulo.

¡Bravo, maestro!

 

 

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