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Lepanto, el poema épico de Chesterton, con Luis Alberto de Cuenca

Ayer inaugurcuencaamos el Club Chesterton, con la anunciada sesión de recitado y comentario del poema Lepanto.

Con la concisión habitual en él, Luis Alberto de Cuenca fue desgranando la historia y épica inserta en sus versos. Para él, no dejará de ser curioso que el poema épico más grande sobre la batalla de Lepanto fuera el compuesto por un católico inglés, Chesterton, en 1911. “Lepanto” fue además, el poema cumbre de Chesterton y podría estar, por derecho propio, entre los poemas más bellos de la épica universal.

Siguió afirmando que, sin embargo, no ha sido el único gran poema sobre la trascendental batalla. Fernando de Herrera, que vivió en el tiempo de los hechos, también dedicó un poema épico a la gesta, incluido en varias versiones de las 100 mejores poesías castellanas. La gran diferencia entre ambos poetas será quizá el diferente acento que los autores ponen en cuanto al protagonista de la victoria. Mientras Herrera buscará en Dios al artífice de la victoria, Chesterton coronará de laureles a Don Juan de Austria y a San Pío V, a quienes admira entre una panoplia de gobernantes europeos, divididos, cismáticos, fríos y despreocupados ante la tragedia que amenazaba a la entera Cristiandad.

Luis Alberto de Cuenca comenzó hablando de las diversas traducciones al castellano del poema: Borges, Santiago Magariños, Luys Santa Marina y la suya, la del propio Luis Alberto de Cuenca con Julio Martínez Mesanza.

Leyendo el poema y glosándolo durante algo más de media hora, Luis Alberto de Cuenca nos introdujo en las concepciones poéticas e ideológicas de Chesterton. Del lado turco, el inglés configura un Oriente lleno de deidades  impersonales, frías, negadoras de la libertad, fatalistas, crueles; del lado cristiano, la defensa del libre albedrío, pero constatando, a la vez, la existencia de un Occidente dividido, confuso, desangrado por matanzas y guerras de religión entre católicos y protestantes.

La conclusión del poema es un rendido homenaje a Cervantes, testigo y protagonista de aquella gloriosa jornada, y el más universal de los literatos españoles.

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