G. K. Chesterton

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Si Serafín levantara la cabeza

Le he pedido a Pablo Velasco que nos comente la reciente sentencia sobre los derechos de autor de Chesterton. He aquí su comentario. Gracias, Pablo.

 

Este mismo blog se hacía eco de la noticia de que el pasado 13 de abril, la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo  había desestimado el recurso de casación que la editorial Valdemar había interpuesto tras haber obtenido sentencias desfavorables a sus intereses, por haber publicado sin autorización obras de G. K. Chesterton.

Hace unos días hemos podido acceder al texto completo de la sentencia. Se puede descargar pinchando aquí: Serafin_derechos_autor.

La editorial Valdemar fundamentó su actuación partiendo de la afirmación de que los derechos de explotación de las obras de Chesterton están en dominio público.

Sin embargo, los titulares de los derechos del autor inglés (The Royal Literary Fund) basan su legitimidad en que a Chesterton se le debe aplicar la ley española, que para los autores fallecidos antes de diciembre de 1987 se deben contar 80 años desde la fecha de la muerte para la vigencia de los derechos de explotación.

Para argumentar su postura, Valdemar defiende que Chesterton no registró sus obras en el registro de la propiedad intelectual española en su momento, y por tanto, y siguiendo la ley de 1879 española, no le sería de aplicación la legislación de nuestro país sino el Convenio de Berna, que da 50 años de vigencia a los derechos de explotación a contar desde el año siguiente a la muerte del autor.

El Tribunal Supremo no ha aceptado dicha interpretación y ha condenado a esta editorial a pagar las regalías debidas

El Tribunal Supremo está en lo cierto. La argumentación de Valdemar no se sustenta  principalmente por estos motivos:

–          No haber registrado una obra en el registro de la propiedad intelectual no puede suponer una carga para los intereses del autor.

–          Según el Convenio de Berna y su  principio de no discriminación a los autores extranjeros de un Estado parte en el convenio, se les debe tratar en España como autores españoles.

–          La anterior afirmación la defiende también el código civil, que en su artículo 10.4: Los derechos de propiedad intelectual e industrial se protegerán dentro del territorio español de acuerdo con la ley española, sin perjuicio de lo establecido por los convenios y tratados internacionales en los que España sea parte.

–          La la ley española mantiene 70 años desde la muerte del autor. Pero ojo, las leyes hay que leérselas enteritas, y no debemos olvidar la disposición transitoria en la que leemos que:  Los derechos de explotación de las obras creadas por autores fallecidos antes del 7 de diciembre de 1987 tendrán la duración prevista en la Ley de 10 de enero de 1879 sobre Propiedad Intelectual (es decir, 80 años)

–          G.K. Chesterton murió en 1936 y entrará en dominio público en España el 1 de enero de 2017, porque el cálculo se hace desde el 1 de enero del año siguiente al fallecimiento.

Ahora es momento de aclarar el título de este post. Alguno de ustedes habrá pensado ¿quién es Serafín? ¿qué pinta en todo esto? Pues eso mismo nos preguntamos nosotros al leer la sentencia del Tribunal Supremo, que en el resumen de antecedentes en los puntos 1 y 2 dice: Serafin, periodista y escritor inglés, falleció el 14 de junio de 1936. Escribió numerosos cuentos y novelas. Ninguno de ellos estuvo inscrito en el Registro español de propiedad intelectual. Los derechos de propiedad intelectual sobre sus obras, de estar todavía vigentes, corresponderían a The Royal Literary Fund.

The Royal Literary Fund interpuso una demanda contra Enokia, S.A. (Valdemar), que ha editado numerosas obras de Serafin sin su consentimiento, en la que ejercitaba las acciones de cesación, remoción de efectos e indemnización de daños y perjuicios. Estas pretensiones se fundaban en que los derechos sobre las obras de dicho autor se encuentran todavía en vigor en España, al no haber transcurrido el plazo de 80 años desde su muerte en 1936.

2. La sentencia de primera instancia estimó en parte la demanda. En primer lugar, reconoce a la demandante la titularidad de los derechos de explotación sobre las obras de Serafin.

¿No será quizá que el Tribunal Supremo ha llegado a la conclusión de que a Gilbert en ambientes íntimos se le llamaba Serafín?

Nos pica la curiosidad y habrá entonces que plantear un posible cambio de nombre de este club: El Club Serafin.

Pablo Velasco

@pavelaquin

Lostrespasos.blogspot.com

Categoría: Libros
  • PabloGC comentó:

    Yo, cuando leía la sentencia, pensaba en seguida en Serafín Latón, el personaje de Tintín

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