G. K. Chesterton

Otro sitio más de USPCEU – BLOGS

G. K. Chesterton - Otro sitio más de USPCEU – BLOGS

The woman who was Chesterton

ColorFrances-noise-reduction-660x350Tenemos ya, publicada en los USA, la primera biografía de la persona que más influyó en la vida de Gilbert Keith Chesterton: su mujer, Frances. (The woman who was Chesterton. Nancy Carpentier Brown, ACS Books, 2015)

De ella llegaría a escribir el propio Gilbert: “(…) my wife, whose life has been in many ways a very heroic tragedy…” Casi nada. Pone así en el mapa, bajo unas coordenadas, para mí, antes insospechadas, la vida de esta mujer que podemos calificar de extraordinaria, no solo por estar casada con un hombre extraordinario, sino por méritos propios, los de una vida que no fue nada fácil, pero que vivió con gran valentía y coraje.

Nancy Carpenter Brown ha escrito una excelente biografía, de las que, sin merma del rigor, no se pierde en la frialdad de los detalles, de los datos, sino que se aventura y se arriesga a “comprender” al personaje. Por eso ofrece juicios ponderados, pero valientes. Frances fue como Juan el Bautista: “Él tiene que crecer y yo disminuir” (Jn 3, 30); y que pudo ser la tabla de salvación (literal) que evitó que Chesterton muriera de la grave enfermedad que le afectó alrededor de 1915; de haber sido así, hubiéramos perdido “El hombre eterno”, “San Francisco de Asís”, “Santo Tomás”, “Los límites de la cordura”, varios relatos del Padre Brown y centenares de artículos.

Sin ella, la llegada de Chesterton a la fe hubiera sido más problemática o quien sabe si alguna vez se hubiera producido; sin ella, Chesterton, caótico por naturaleza, hubiera incumplido muchos de sus compromisos como articulista y conferenciante, sus plazos, sus deudas. Sin ella, el Chesterton que conocemos, sencillamente, no hubiera sido.

Pero Frances fue mucho más: una mujer fuerte que sufrió y sobrellevó cristianamente serias enfermedades y graves dolores durante la mayor parte de su vida; que fue testigo de la muerte temprana de dos de sus hermanos; que llevó la cruz de no poder tener los hijos que ansiaba; pero que participó siempre en obras de caridad, que recibía constantemente amigos y niños de sus parientes cercanos; que escribió y publicó numerosos poemas y canciones; y obras de teatro que se representaban una y otra vez en Navidad. Aún hoy, una letra suya, “Here is the little door”, con melodía de Herbert Howells tiene, según la autora, nada menos que 37 versiones en Itunes, aunque no aparezca ella en los créditos.

Un aspecto importante que, gracias también a Aidan Mackey, a Ian Kerr, va quedando despejado, es la sospecha amarillista de que el matrimonio Chesterton vivía una vida de forzada castidad, explicación que debe su origen a la cuñada de Chesterton, la extraordinaria y compleja Ada Chesterton. Periodista que se desenvolvía en Fleet Street como el más duro de los hombres, era autora también de libros (biografía de Santa Teresa incluida) y artículos de denuncia de la terrible situación de misera en la que vivían algunas mujeres. De su innegable preocupación social será testigo una obra a la que Gilbert y Frances dedicarían tiempo y dinero, las Cecil Houses (Inc.) for Homeless woman.

En definitiva, una importante obra, necesaria más que nunca para reafirmar un feminismo diferente al feminismo de la rivalidad y a la ideología de género, ideología deconstructivista de tremendas consecuencias descivilizadoras. Cuando Chesterton (Gilbert) escribía sobre el matrimonio, en Lo que está mal en el mundo, daba en el clavo cuando decía que marido y mujer podrán reñir, pero lo importante es que sea una “riña de enamorados”. Su matrimonio pudo tener algo de riña (o de cruz) pero nunca dejó de ser lo segundo.

 

Follow

Get every new post on this blog delivered to your Inbox.

Join other followers: