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Zollinger, asombro y milagro

Seguimos hablando ahora de Pablo D’Ors, que será nuestro próximo escritor invitado.

Las andanzas del impresor Zollinger es un libro verdaderamente delicioso. Y mira que esta palabra, “delicioso”, aplicada a libro o película, siempre me ha parecido muy cursi. Pablo D’Ors cuenta este libro entre sus obras más “luminosas”. Este término me convence más, es menos cursi. Zollinger es, por decirlo de otro modo, de estas novelas que puedes recomendar a cualquier persona, porque tiene tanto bueno que te puede gustar por un motivo o por otro, y carece de aquellos elementos que pueden echar para atrás a muchos lectores.

A mí me han gustado muchas cosas. Solo quiero recordar aquí dos. Me ha encantado la historia de amor (si así puede llamarse) entre los ferroviarios (ferroviario él y ferroviario ella). Pero me encanta, sobre todo, la concepción sacramental que subyace en la obra: las cosas más sencillas se describen como el milagro, la maravilla, el asombro…

Es un modo de mirar la realidad y de encontrar valor en las cosas: da igual que nos refiramos a las cosas meramente materiales o a los pensamientos, ideas… La concepción sacramental de la realidad es la antítesis del materialismo. Es la visión, a la que puede uno volver una y otra vez, del capítulo IV de Ortodoxia, capítulo que podría estar escrito en el frontispicio imaginario del siglo XX, como un faro, un oráculo. Ese materialismo chabacano, ramplón, seguro de sí mismo, al que Chesterton destrozaba literariamente (allá por 1909 y antes), saltó por los aires con los descubrimientos de Einstein y de Heisenberg. La realidad, definitivamente, se nos había escapado de las manos. Ya no la entendíamos. Chesterton ya negaba que pudiera explicarse meramente a través de leyes. Y tanto Einstein, como Heisenberg pusieron sobre la mesa nuevas leyes para explicar la realidad, leyes válidas, cada una en su campo, pero incompatibles entre sí. Para mayor inri, Heisenberg formula en ley la imposibilidad del total conocimiento de la materia. Por eso Einstein se negaba a admitir que “el buen Dios jugase a los dados”. Y en esas seguimos, tratando de saber si lo que se ha encontrado hace dos años es el bosón de Higgs, y si con eso los físicos podrán decir si ya sabemos porqué unas partículas tiene materia y otras no.

El reverso de este materialismo no es un oscuro ocultismo, una visión pesimista de una realidad caótica, informe, terrorífica, al estilo Lovecraft, Derleth o Machen. Es una visión que podríamos sintetizar, en palabras de Christian Bobin (autor que he conocido por uno de mis prescriptores literarios de cabecera, Pablo Velasco): “Las cosas nunca son solo cosas. Estas, por ejemplo, unos tulipanes, hacen que resuene en la casa una nota alegre, fraterna”.

Categoría: Libros, Sacramentalidad
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