Estudiando historia y arte en Madrid

Otro sitio más de USPCEU – BLOGS

Estudiando historia y arte en Madrid - Otro sitio más de USPCEU – BLOGS

Cuando hablan los maestros. Lecciones desde Argentina

Layout 1Hace casi un año, gracias al buen hacer de un amigo común, conocí al Profesor Miguel Ángel de Marco. Meses antes, cuando entré en contacto con él dirigía el Instituto de Historia de la Universidad Católica de Argentina. Por aquel entonces preparaba yo mi viaje a aquellas tierras, y él me facilitó los trámites necesarios para entrar en contacto con la UCA. Al poco tiempo me enteré de que había sido nombrado presidente de la Academia Argentina de la Historia. Con su amabilidad de argentino, rosarino y maestro de historiadores, puso a mi disposición la Biblioteca de la Academia para las consultas que necesitara realizar. Una vez en Buenos Aires, mantuvimos charlas amigables en torno a un café, me presentó a miembros de la Academia… En fin, como tantos argentinos, hizo que me sintiera en casa durante los meses que allí pasé.

Acaba de publicar un libro sobre el General San Martín, que lleva por subtítulo “General victorioso, padre de naciones“. Será un libro imprescindible para los que nos dedicamos a la historia de América, y para cualquier amante de las biografías y la historia.

Recientemente, con motivo de la presentación de su libro en Rosario, se publicó una entrevista al profesor De Marco, que merece la pena reproducir, por marcar de alguna manera lo que significa la verdadera tarea de los historiadores, alejada tanto de visiones maniqueas como de utilización -y manipulación- con fines políticos. De eso saben mucho los argentinos… y sabemos mucho los españoles.

María Saavedra

Miguel Angel De Marco: “Cambiar los pedestales no es el modo de hacer historia”

Perspectiva. “No atreverse a afirmar lo falso y a negar lo verdadero”, dice De Marco.

 Por Osvaldo Aguirre / La Capital (oaguirre@lacapital.com.ar)

  de marco    Miguel Angel De Marco fue uno de los autores convocados por Rosario Libro y Lectura, la feria que se realizó en el Espacio Cultural Universitario. En ese marco presentó su último libro, San Martín, general victorioso, padre de naciones, una biografía escrita “sin otra pretensión que ponerla al alcance del gran público”, como una forma de “destacar los rasgos principales de una de las personalidades más nobles de la historia argentina y sudamericana”. Fue también la ocasión de reencontrarse con la ciudad donde nació y donde se desempeñó durante mucho tiempo en el periodismo, la enseñanza universitaria y la investigación histórica, antes de radicarse en Buenos Aires.

—En el prólogo del libro advierte sobre las versiones maniqueas de la Historia.

—La postura maniquea nos llevó a una cosa bastante triste: a remover estatuas, avenidas, aun sepulcros. En el fondo los países adultos aceptan la historia no con una especie de beneficio de inventario, sino tal como fue. Los hombres de hoy no podemos modificar lo que ocurrió, y eso es lo que se ha intentado siempre en Argentina. En las épocas posteriores a la batalla de Caseros, una generación proscripta escribió la historia con vencedores y vencidos. A posteriori los revisionistas hacen una contra historia, por la cual derriban a los que estaban en los pedestales y ponen a otros en su lugar, como si unos y otros no hubieran sido parte, aun enfrentados, de un mismo proceso. Hoy se sigue empleando esa postura por lo menos en determinados círculos, porque aparecen algunos organismos que se atribuyen patente de revisión. El historiador revisa siempre.

—¿Se refiere al Instituto de Revisionismo Histórico que creó el gobierno nacional?

—Sí, yo respeto mucho a algunos de sus integrantes, pero creo que parten de una base falsa. Cambiar los pedestales no es el modo de hacer historia. Pero bueno, todo se decanta y todos los aportes son respetables. Una de las peores cosas que se puede hacer es denostar al que no piensa como uno.

—¿Hay aspectos todavía desconocidos en la historia de San Martín?

—En lo esencial, San Martín deja pocos resquicios para descubrir hechos nuevos. Sí da lugar a reinterpretaciones, y siguen apareciendo muchos papeles. Cuando Mitre escribió su historia, contó con los documentos que le entregó Balcarce, el yerno de San Martín, y con otros papeles contemporáneos, además de los testimonios de personas vivas que habían conocido mucho a San Martín, por ejemplo Zapiola, que le da a conocer cómo era la Logia Lautaro. Ya desde entonces hubo una gran masa de conocimiento acerca de San Martín. Después hubo muchísimos títulos, pero faltaban conocer la parte del exilio y otras cuestiones. Entonces aparece la obra, muy importante también, de José Pacífico Otero (Historia de San Martín). Además hay enfoques muy buenos, por ejemplo de Patricia Pasquali, que ofreció interpretaciones y documentos nuevos. Y hace poco John Lynch, uno de los grandes historiadores ingleses dedicados a Iberoamérica, devela una documentación que se encuentra en los archivos ingleses. Ahora el Instituto Nacional Sanmartiniano está publicando documentos que se encuentran en otros archivos argentinos.

—¿Son cartas?

—Sí, son los más importantes. Como decía Lucio V. Mansilla: “Si no hubiese cartas íntimas no habría historia verdadera”. El documento oficial no refleja al gobernante, ni al dirigente ni al conductor. El documento oficial puede ser un decreto, una proclama, un parte de batalla; está escrito para determinado momento o para asentar una decisión administrativa. Pero las cartas íntimas nos reflejan un mundo generalmente mucho más rico y entrañable, donde el individuo se presenta tal cual es. En el caso de San Martín, él tuvo cuatro o cinco corresponsales con los que se escribía mucho; en mi libro cito básicamente las cartas con el general Tomás Guido, con Pueyrredón, con O’Higgins. A través de esta correspondencia uno se da cuenta de lo que significó el esfuerzo emancipador de San Martín: de la nada construir un ejército, lleva ra una sociedad como la mendocina a un esfuerzo como el cruce de los Andes.

—¿Los relatos de la historia cambian según el momento en que son realizados?

—Algunos se permiten perpetrar cualquier texto. Los historiadores nos movemos en un terreno bastante resbaladizo. El pasado se nos presenta muy esquivo, lo vemos a través de un pedacito, el resto que nos permiten contemplar los documentos. Hablamos de documentos en un sentido amplio, no sólo el papel, sino también los cuadros, las fotografías. Pero siempre nos quedamos con las ganas, porque de la vida de los personajes, grandes y pequeños, sabemos poco. Pese a ello, en el caso de San Martín, hay documentación suficiente como para emitir una opinión equilibrada, siempre ubicándonos en su época. Cuando pretendemos utilizar la Historia para discutir cuestiones del presente hacemos un flaco favor a la memoria y a nuestra propia facultad para proyectarnos en el porvenir. Uno está contemplando instancias que no le ha tocado vivir, y tampoco puede contar con la máquina del tiempo. Nos manejamos con pocos elementos y entonces tenemos que ser cautelosos. Vitam impendere vero, decían los latinos, consagrar la vida a la verdad. Y está aquella otra frase de Cicerón: “No atreverse a afirmar lo falso y a negar lo verdadero”. Esto es lo malo, muchas veces se afirma lo falso y se niega lo verdadero para sostener determinada posición, sobre todo de índole actual.

—¿Pasa eso en los relatos de la historia?

—Hay muchas afirmaciones sin respaldo, conjeturas a las que se les da jerarquía de cosa juzgada y como los argentinos solemos ser proclives a lo fantasioso, a lo escandaloso, siempre es mejor buscar alguna cosa escabrosa que decir “esto no lo puedo afirmar”. Respecto de San Martín en mi libro yo no entro en dos cuestiones porque honestamente no tengo fundamento alguno para aceptarlas. Una es la supuesta condición indígena de la madre de San Martín y del hecho de que San Martín, algo que sale de una señora, pariente de Alvear, que fue declarada insana. Todo eso no solo no está probado sino que hay muchos documentos que muestran que Gregoria Matorras fue la madre de San Martín. La otra son los amores extramatrimoniales de San Martín. En sus Tradiciones peruanas, Ricardo Palma dice al pasar que a San Martín lo criticaron mucho porque entregó a Rosa Campusano la orden del Sol del Perú y que algunas mujeres de la sociedad reaccionaron duramente ante esa distinción. Eso no prueba que haya sido la amante; San Martín le entregó la condecoración por la tarea de espionaje que realizó entre los generales españoles. La grandeza de estos personajes fue que emprendieron obras colosales en las peores condiciones. Belgrano, enfermo, se muere en la más extrema pobreza, y el propio San Martín soportó mil privaciones para llevar adelante un ideal. Esos son los mensajes que trascienden en el tiempo. Esta gente que fue capaz de darlo todo porque estuvieron convencidos de lo que hacían. Ojalá hoy podamos actuar de esa manera.

Categoría: Sin categoría

Tu dirección de correo no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*


− cinco = 2

Follow

Get every new post on this blog delivered to your Inbox.

Join other followers: