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José E. Rodó y Victor Hugo.

PRÓSPERO Y ENJOLRÁS

Rodó

Es conocido por todos los estudiosos de José Enrique Rodó la admiración que el escritor uruguayo sentía por Víctor Hugo. Y era una admiración no solo fundada en el estilo literario, sino en su pensamiento, en su idealismo que personaliza a través de algunos de los personajes de sus obras.

Uno de sus corresponsales españoles, Miguel de Unamuno, con quien por vía epistolar compartió tantas ideas y sentimientos, le acusaba de ser demasiado afrancesado en sus escritos. Y Rodó insistía en tener un estilo propio, el de la gran patria hispanoamericana, pero que, efectivamente, tenía una gran deuda con escritores franceses, entre los que sobresale sin duda Victor Hugo.

Hace poco tuve varios días sobre mi mesa las últimas palabras de Ariel, la obra más conocida y difundida de Rodó. El contexto final del libro es recreado con gran idealismo: los alumnos que han asistido a la última clase del maestro Próspero, salen a la calle, donde la noche estrellada poco a poco les va poniendo en contacto con la multitud que les rodea, y que poco tiene que ver con la sublimidad del discurso de Próspero.

“Y fue entonces, tras el prolongado silencio, cuando el más joven del grupo, a quien llamaban «Enjolrás» por su ensimismamiento reflexivo, dijo señalando sucesivamente la perezosa  ondulación del rebaño humano y la radiante hermosura de la noche:

—Mientras la muchedumbre pasa, yo observo que, aunque ella no mira el cielo, el cielo la mira. Sobre su masa indiferente y oscura, como tierra del surco, algo desciende de lo alto. La vibración de las estrellas se parece al movimiento de unas manos de sembrador.”

En la obra de Rodó, Enjolrás es el discípulo aventajado de Próspero, es el idealista, el que es capaz de sobreponerse a lo inmediato y material para atisbar algo del brillo del discurso por encima de a multitud. Y ve un mañana. Ese mañana que Rodó quiso ver y predecir en sus obras. Un mañana en que el Ideal triunfaría sobre lo material. Un mañana en que los “ismos”, las diferentes ideologías, la barbarie, el utilitarismo, serían vencidos por el Ideal.

¿Por qué el nombre de Enjolrás? Quien haya visto recientemente la película “Los Miserables. El musical”,  recordará que Enjolrás es el líder de los universitarios rebeldes que entona la épica canción “Do you heard the people sing…?” en un momento de especial carga emotiva. Y si, mejor aún, vamos a la novela de Hugo, encontraremos una descripción de este personaje que nos lleva a comprender por qué Rodó acude a él para tener un continuador de la obra de Próspero.

En la novela, Enjolrás es descrito como un joven de belleza melancólica, idealista, embebido muchas veces en sus pensamientos. En la escena de las barricadas de 1832, el autor crea un clímax muy especial para incorporar el discurso de este joven universitario:

Enjolras estaba de pie en la escalera de adoquines, con un codo apoyado en el cañón de su carabina. Meditaba, y de vez en cuando se estremecía, como si sintiese pasar un hálito misterioso… En los parajes que visita la muerte suele notarse estos efectos de los antiguos trípodes. De sus pupilas, que reflejaban la mirada interior, salían como especie de llamas comprimidas. De repente levantó la cabeza; sus cabellos rubios cayeron hacia atrás como los del ángel sobre el carro sombrío de estrellas, y semejantes a la melena de león, erizada en forma de aureola resplandeciente. Enjolras habló así:

-Ciudadanos: ¿os representais el porvenir? Las calles de las ciudades inundadas de luz, ramas verdes en los umbrales, las naciones hermanas, los hombres justos, los ancianos bendiciendo a los niños, lo pasado amando a lo presente, los pensadores en completa libertad, los creyentes iguales entre sí; por religión el cielo, por sacerdote a Dios; la conciencia humana convertida en altar, extinguiendo el odio; la fraternidad del taller y de la escuela; por penalidad y por recompensa, la notoriedad; el trabajo, el derecho, la paz para todos; no mas sangre vertida no mas sangre vertida, no más guerras, ¡las madres dichosas! El primer paso es sojuzgar la materia; el segundo, realizar el ideal.”

…¡Ciudadanos! El siglo XIX es grande; pero el siglo XX será dichoso

Entonces no habrá nada que se parezca a la antigua historia; no habrá que temer, como hoy, una conquista, una invasión, una usurpación, una rivalidad de naciones a mano armada,…

Cuán identificado se debió sentir Rodó con el personaje creado por Hugo, para confiar a este nombre la misión de prolongar en el tiempo el mensaje del viejo maestro Próspero.

María Saavedra Inaraja

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