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Nuestras propuestas culturales para la primera semana de mayo

Aquí tenéis nuestra selección de eventos culturales para empezar mayo disfrutando de la oferta que tiene Madrid:

El nuevo MAN.

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Si todavía no has visitado el Museo Arqueológico Nacional, este fin de semana es una buena ocasión. El día 1 permanece cerrado, pero quedan tres días para visitarlo. Puedes ver un breve vídeo con el Making of:

 

Seminario: La generación del 14

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Organiza: Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala

Fecha: 5 de mayo de 2014.

Lugar:Sala Isidoro Martín.
Colegio Mayor Universitario de San Pablo.
C/ Isaac Peral, 58. 28040 Madrid

Toda la información en:

 http://www.angelayala.ceu.es/

 X Jornadas de España e Iberoamérica: una política de Estado. El protagonismo de la Corona

Lugar: Casa América

Fecha: 6 y 8 de mayo

Información y programa:

http://www.casamerica.es/politica/iberoamerica-una-politica-de-estado-el-protagonismo-de-la-corona

Cartel

 

La Generación del 14 y América. Una mirada a la Exposición en la Biblioteca Nacional

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María Saavedra Inaraja

  “porque coincide la situación moral del hombre medio europeo con la del americano ha acaecido que por primera vez el europeo entiende la vida americana que antes le era un enigma y un misterio” (J. Ortega y Gasset)

Aprovechando la tranquilidad de la Semana Santa visité la exposición que la Biblioteca Nacional alberga sobre la Generación del 14. No todo va a ser Gran Guerra en este año. Otros hitos conmemorativos, como el  Greco2014 y este primer centenario de una generación de científicos e intelectuales, enriquecen la variedad cultural de nuestro país.

La exposición es modesta en sus dimensiones, pero suficientemente bien preparada para despertar el interés por aquellas primeras décadas del siglo XX, en las que se entremezcló el alma atormentada de los noventayochistas con el deseo de progreso de todos aquellos que quisieron encarar el futuro para salir de la crisis moral en que veían a España.

La referencia a Europa es continua, no podía ser de otra manera. Omnipresente, Ortega y Gasset domina el panorama de las salas, como probablemente dominó el panorama intelectual de su tiempo. La obsesión por europeizar de aquellos científicos e intelectuales se hace presente en unas palabras de Ortega presentes en un panel: “regeneración es el deseo; europeización es el medio de satisfacerlo”

La república de los intelectuales

En varios momentos de la exposición, que presenta una cuidada selección de textos, fotografías, audios e instrumentos científicos, se habla de una generación que propició la modernización de España. Y la puesta en práctica de tal avance se había de plasmar en la proclamación de la II República, llamada “la república de los intelectuales”.

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Aunque aquella generación gozó de la oportunidad de llevar a la práctica  su proyecto, en 1936 el golpe de estado fracasado de una parte del ejército español, llevó al país a la Guerra Civil y devino, posteriormente, en una dura Dictadura militar que permanecería prácticamente 40 años. El proyecto de la Generación del 14, de alguna manera, volvería a emerger como gran desafío para los españoles que iban a construir la Transición a la Democracia en nuestro país tras la muerte de Franco”. Esta cita del folleto elaborado con motivo de la exposición debía ser matizada. Y así lo hace el Comisario de la muestra, Antonio López Vega, cuando en una entrevista señala que “bien es verdad que la política cotidiana se radicalizó, y acabó como acabó”. Para que ese matiz fuera completo, pienso que entre los textos seleccionados debería estar presente la famosa reflexión de Ortega “No era esto”, haciendo referencia a la decepción que muchos de aquellos intelectuales se llevaron tras la deriva de una república que se inclinaba peligrosamente a favor del régimen totalitario de Moscú.

La Generación del 14 y América

El final del recorrido deja un sabor americano que desde luego, es un acierto. Resulta imprescindible conocer la corriente de sintonía intelectual que tras el 98 se estableció entre ambas orillas del océano Atlántico para comprender a fondo la realidad de nuestros intelectuales.

Una vez desaparecidos los restos de presencia política española en América, tras la guerra cubana, surgen con fuerza los lazos intelectuales que manifiestan una tradición de elementos comunes y múltiples a la vez. Muestra de ello son las palabras de Ortega que aparecen en la muestra: “porque coincide la situación moral del hombre medio europeo con la del americano ha acaecido que por primera vez el europeo entiende la vida americana que antes le era un enigma y un misterio”. Pero esta afirmación, del año 1928, tiene antecedentes. Y uno de ellos, que se encuentra también en la sala, me ha gustado especialmente: en una vitrina, un álbum con el título “Recuerdos de Montevideo” está abierto por una postal que muestra el retrato del gran uruguayo José Enrique Rodó. Este hombre, que falleció prematuramente a los 45 años, en Palermo, mientras cubría para la prensa argentina la Primera Guerra Mundial, había iniciado en el año 1895 una corriente que ya no se interrumpió, de intercambio de ideas entre escritores y publicistas de lengua española. Las cartas de Rodó a los escritores españoles de su tiempo se cuentan por decenas. Y en esa correspondencia (también en las respuestas de los españoles al uruguayo), encontramos mucho de ese entendimiento que señaló Ortega años más tarde. Las líneas escritas por Rodó en carta destinada a Pompeyo Gener escrita en 1901, resumen ese sentir que muchos españoles compartieron:

“¿no piensa Ud. que el porvenir intelectual de la raza española está, en gran parte, en este lado del Océano? Eso bastaría para que nos afanásemos en establecer y estrechar lazos de confraternidad espiritual, que tienen que ser fecundos de cualquier punto de vista que se les mire.”

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Ciertamente, la generación del 14 miró a Europa buscando un referente de modernidad. Pero los escritores de este tiempo también supieron descubrir el tesoro que la lengua española suponía para millones de personas que se enorgullecían de poder expresarse en la lengua de Cervantes, en España y en el Nuevo Mundo.

María Saavedra es profesora de Historia de América en la USP CEU

GENERACION DEL 14. CIENCIA Y MODERNIDAD. BIBLIOTECA NACIONAL. Sala Recoletos. Del 14 de marzo al 1 de junio de 2014

Información: http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/exposiciones2014/generacion14.html

Museo de América: Pachamana, los apus y los “dioses de los blancos”

El ciclo festivo anual de Perú se reproduce en el Museo de América a través de 9 exposiciones temporales dedicadas a las principales fiestas tradicionales del Perú, coincidiendo con las fechas de celebración de las mismas.

PUQLLAY – La Fiesta de la carne (18 de febrero – 20 de abril 2014). En los rituales del Puqllay, a través de danzas de parejas y de rituales con animales, se suplica a las divinidades para que proporcionen el bienestar, especialmente al rebaño. Durante la danza de fertilidad, los Ch’uku realizan un baile de cortejo y luchan hasta que uno de los dos tumba a su pareja, venciendo simbólicamente al otro sexo. La exposición fotográfica podrá visitarse hasta el 20 de abril.

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 Ignacio Bolívar Tejedo

A lo largo de todo el siglo XVI, los conquistadores españoles fueron descubriendo un mundo asombroso y totalmente diferente a la Europa de la que procedían. Lo que hallaron fue una amalgama de pueblos variados y culturas paganas. El caso de los Andes y su reciente Imperio Inca no fue una excepción.

Cuando Pizarro llega en 1532 a Perú el panorama no es muy distinto. Tras la conquista, y como ya era natural, se procedió también en el imperio incaico al envío de misioneros con el fin de llevar la fe católica a sus habitantes. Sin embargo, la dificultad del terreno, el aislamiento, la antigua tradición pagana y la falta de misioneros suficientes provocó que durante mucho tiempo el sincretismo religioso fuera la tónica general. Así, se encontraban casos en los que se consideraba a Dios como el mayor de todo el panteón, conservando la creencia en los dioses antiguos. También era frecuente hallar celebraciones litúrgicas mixtas, en las que se hacían ritos al Dios cristiano y a los paganos simultáneamente. Se confundía a los santos con otros dioses (los “dioses de los blancos”) e incluso se seguían realizando rituales puramente paganos en poblaciones ya cristianizadas. A lo largo de los siglos, la creciente presencia española, la mejor organización, el envío constante de misioneros y el desarrollo urbano, comercial y administrativo de la zona ha ido menguando este sincretismo en pro de la fe católica y eliminando paulatinamente los cultos paganos.

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Foto: Museo de América

Sin embargo, aún hoy quedan muchos restos de este sincretismo en toda Hispanoamérica, cuanto más en las zonas más aisladas donde la cultura y el estilo de vida apenas han cambiado desde el siglo XVI. La exposición se centra así en este mundo pseudo-cristiano que aún conserva fuertes retazos de paganismo. En la profunda asepsia de las montañas andinas existen hoy comunidades de ganaderos que habitan poblados a una altura no inferior de 3500 metros sobre el nivel del mar, llegando incluso a los 5000 metros. Esta condición de aislamiento ha frenado en gran medida la acción misionera, que si bien no ha sido escasa, no ha llegado a ser lo suficiente como para que en nuestro presente aún encontremos situaciones parecidas a las que se daban en los siglos XVI y XVII. El museo recoge en esta exposición una serie fotográfica que ilustra este sincretismo a través de las nueve grandes celebraciones que estos pueblos reparten a lo largo del año. Así pues, encontramos fiestas que acogiendo la base y el fundamente cristiano, aún perseveran en tradiciones y cultos paganos como son La Virgen del Carmen y la “Guerrilla”, Santiago Mataindios, San salvador y Todos los Santos. A su vez, también se siguen celebrando festividades puramente paganas como son la Batalla de Chiaraje, el Puqllay, Qoyllurit’i o la fiesta de Yawar.

calendario festivo angela

Foto: Museo de América

La resistencia de estos cultos al paso del tiempo y a las influencias exógenas permiten hoy a historiadores y antropólogos comprender mejor la sociedad y cultura andina anterior a la Conquista por el método del paralelismo etnográfico. La riqueza en elementos conservados es suficiente para realizar estudios serios. En primer lugar, en el habla cotidiana se han perpetuado muchos términos de lengua incaica que denominan tanto el nombre de las fiestas como la multitud de objetos “litúrgicos” que en ellos se emplean o los nombres de los diferentes rituales. Así pues, muchas de estas festividades paganas o pseudo-cristianas celebran la regeneración del ciclo vital al final del año, ritos de paso o los solsticios estacionales. También a través de ellas se conserva un culto a Pachamana (Madre Tierra) y a los Apus (dioses de las montañas).

En estos festejos se emplea una gran cantidad de objetos tradicionales que proceden directamente de la cultura andina precolombina. El uso del vestuario es muy destacado. Basta conocida es la importancia simbólica y ritual que los textiles tenían en la cultura inca. Aún hoy se emplean ropajes similares, manufacturados con artesanía y heredados con devoción generación tras generación. Tintados naturalmente y tejidos predominantemente con lana de alpaca, ganado tradicional de las montañas. También se emplean instrumentos musicales antiguos alrededor de los cuales pervive un halo de misticismo (fláutas que sólo los hombres pueden tocar por ejemplo).

Perviven ritos y tradiciones muy particulares de culturas andinas. Así, por ejemplo, durante la fiesta del Puqllay se bendicen los ganados para el año venidero purificándolos con agua y perfumes y celebrando un simbólico matrimonio entre reses. Posteriormente se depositan ofrendas sobre un altar de piel y se procede a quemar todo el conjunto. También se ofician ritos de paso como peregrinaciones a las cumbres o luchas entre hombres y mujeres en las que cualquiera de los dos sexos puede resultar vencedor. En estos rituales, se realizan a su vez danzas tradicionales que según algunos antropólogos se inspiran en el cortejo de las alpacas. También se reza a los “cerros” y a los cuatro puntos cardinales.

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Dependiendo de la fiesta y del nivel de cristianización que haya en ella, el lugar de culto varía. Las que tengan un cariz más católico suelen incluir una peregrinación a Cuzco u otra ciudad, si bien una vez allí se practican tradiciones de claro origen pagano sincretizadas con los ritos cristianos. Los festejos más puramente paganos y antiguos quedan reservados a las alturas de las montañas, celebradas a menudo en pleno campo.

En definitiva la exposición cumple su objetivo de acercarnos a un mundo que a pesar de los cuatro siglos de presencia y referencia europea, aún conserva abundantes elementos de exotismo. Retazos culturales que han quedado fosilizados en un mundo rural marcado por el aislamiento y la hostilidad del entorno. Consideramos de justicia a su vez elogiar el espíritu estrictamente científico de la exposición, eludiendo cualquier tipo de reivindicación indigenista que tanto gusta en el país donde se ha desarrollado el estudio. Es por tanto que la exposición, aún siendo escueta tanto en número de piezas como en textos explicativos, resulta útil al que sepa interpretar los datos que dicho estudio aporta con un carácter puramente descriptivo, y a nuestro entender, acertado, pues deja al espectador la labor de interpretación.

Ignacio Bolívar estudia 3º de Historia e Historia del Arte en la USP CEU

Réquiem In Memoriam El Greco

nachobolivar1   Ignacio Tomás Bolívar Tejedo

Rito, arte y fervor se unieron en un acto que reflejó entre otras cosas, la inmensa grandeza de nuestra cultura

El lunes 7 de abril de 1614 fallece en Toledo Doméniko Teothokópuli, más conocido como “El Greco”. Mucho le debe el pintor a la urbe que lo acogió en 1577 y le permitió desarrollar la plenitud de su estilo hasta su muerte. El idílico paisaje, la importancia como sede primada de España, los muchos conventos y la prosperidad de la nobleza contribuyeron a ello. Así, Toledo y El Greco comulgaron de tal forma que ambos nombres se han hecho inseparables. Toledo alberga a El Greco en su esencia, y por ello, hace unos días la urbe se reunió para rendirle un solemne homenaje. El cretense contribuyó con su arte a la devoción y santificación de los toledanos. Por ello, nada más adecuado que una Misa de réquiem in memoriam de Doménico para la salvación de su alma como agradecimiento. El propio arzobispo de Toledo, Monseñor Braulio Rodríguez Plaza, ofició la celebración con abrumadora solemnidad.

Misarequiem arzobispo

Momento de la celebración. (Foto: abc.es)

La hermosura de la catedral, la atmósfera creada por la música, el ánimo de los fieles, la solemnidad de la liturgia y el mimo por los detalles dotaron a la celebración de una grandeza digna de la importancia del pintor. Rito, arte y fervor se unieron en un acto que reflejó entre otras cosas, la inmensa grandeza de nuestra cultura. Más de mil doscientas personas nos congregamos en torno al altar mayor. Cobijados por las bóvedas de crucería y amparados por las potentes pilastras uno podía encontrar allí a personalidades políticas, eclesiales, académicas y sobre todo gente sencilla, naturales de Toledo, España y todo el mundo, rezando por el descanso eterno de un griego, que ya en su época elogiaron nobles, tratadistas, clérigos y cualquier fiel que contemplase su pintura.

Réquiem aetérnam dona eis, Dómine; et lux perpetua lúceat eis (“Dales, Señor, el descanso eterno; brille para ellos la luz perpetua”). Así comenzaba el introito de esta misa de difuntos ofrecida a El Greco. Sin duda, rezar por un alma llamada por el Padre te acerca con intimidad a esa persona, por mucho que muriese en el siglo XVII. Seguramente, el propio Greco asistiera en vida a una solemnidad semejante en la catedral toledana, y digo semejante a conciencia, pues todos los elementos nos remitían a su época.

El Misterio Eucarístico, se llevó a cabo en el altar mayor, bajo su imponente retablo. Elaborado entre 1498 y 1504, fue diseñado por los famosos arquitectos Enrique Egas y Pedro Gumiel, que también trabajaron para los Reyes Católicos. La preciosa factura de las tallas, en la que participó un grande de España, Felipe Vigarny, entre otros, muestra todo el ciclo de la salvación desde la Anunciación hasta la Resurrección incluyendo el Juicio Final y la Asunción de María. Un precioso compendio de escenas lleno de luz y viveza gracias al estofado y pintura de los magnos Juan de Borgoña y Francisco de Amberes. Un retablo grandioso que muestra cómo un Dios se hizo hombre, padeció en la cruz y resucitó para que todos los hombres, incluido nuestro hermano Doménico, vivieran eternamente. Resurrección a la que se refirió el arzobispo en su homilía al recordar el himno griego “Christos anesti, alithos anesti” (“Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado”) que tantas veces rezaría El Greco en su Creta natal.

retablo (foto ABC digital)

Foto: abc.es

Toda la liturgia fue un canto a la misericordia de Dios y una ofrenda por el alma del pintor. Los muchos sacerdotes que asistieron a la celebración, contemplando el sublime lienzo de El Expolio, pintado por El Greco y situado en la sacristía de la catedral, se despojaron también de sus vestiduras para revestirse con unas fabulosas casullas y dalmáticas del mismo siglo XVII. Un precioso arte conservado con esmero hasta hoy que se desplegaba en todo su esplendor como antaño. Refulgentes bordones de oro brillaban sobre el fondo de seda negro jugando en unos delicados motivos vegetales.

Rito cuidado en detalle, oficiado completamente en latín, como en la época del pintor. Las oraciones se elevaban a lo alto hacia la plenitud del cielo de la mano de Cristóbal de Morales, magnánimo músico español de la generación precedente a El Greco y que también trabajó en Toledo. Tan original como El Greco lo fue en el uso del color y la pincelada, lo fue Morales en su estilo polifónico. Todos vibramos con su missa pro difuntis interpretada por la orquesta y los coros de “Ensemble Plus Ultra” y “Schola Antiqua” desde los sitiales labrados de Vigarny y Berruguete. Haciendo las bases con las voces agudas, Morales eleva las oraciones al cielo, donde parecen ser los ángeles los que interpretan los característicos rizos melódicos del compositor. Con gran solemnidad, música y liturgia se compenetraron llenándonos a los presentes de emoción. Desde las compungidas y serenas súplicas a Dios saltábamos con energía a la vez que suavidad a los cantos de gloria transmitiendo la grandeza de Dios, que simultáneamente produce profunda paz. La misma paz que pedíamos para nuestro hermano Doménico en presencia de Dios. Igual que El Greco supo plasmar la contemplación de Dios en su pintura, Morales logró lo mismo con sus notas.

Fue en definitiva una solemne misa y un gran homenaje a una de las más grandes figuras del arte español. Allí, con un rito que el propio Greco pudo celebrar, en una catedral que el propio Greco pudo contemplar, con una música con la que el propio Greco pudo rezar, allí, estábamos todos reunidos en comunión para pedir a Dios el descanso eterno de nuestro hermano Doméniko Teothokópuli. Aprovecho para mostrar mi profundo agradecimiento al profesor D. Pablo González Pola que me permitió la asistencia al evento. Tal como hicimos en la celebración, me despido con esta antífona a fin de continuar con las oraciones por El Greco: Ne recordéris peccata mea, Dómine, dum véneris judicáre saéculum per ignem. (“No recuerdes mis pecados, Señor, cuando vengas a juzgar al mundo con el fuego”).

Ignacio T. Bolívar Tejedo estudia 3º de Historia e Historia del Arte en la USP CEU

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