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El nacionalismo catalán visto por un uruguayo hace cien años

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Me contestan: El nacionalismo catalán es un movimiento recientísimo, es un hecho de ayer. En lo que tiene de renacimiento espiritual, de reintegración de una cultura, alcanzan sus orígenes a la primera mitad del siglo XIX. Pero, en lo que tiene de tendencia, de reivindicación política, apenas hay señales de él sino de treinta años a esta parte

(J.E. Rodó, “El nacionalismo catalán”. 1916)

 María Saavedra Inaraja

Hace casi un siglo, José Enrique Rodó, intelectual uruguayo, cansado del vacío que empezaba a cernirse sobre él en su país por su independencia política, decide viajar a Europa. Y lo hace en plena Guerra Mundial, precisamente para cubrir la contienda al servicio de un periódico argentino.

El resultado de aquel viaje (en el que la muerte lo encontró al sur de Italia), es una serie de artículos recopilados de manera póstuma bajo el título El Camino de Paros.

camino de paros

En vísperas de un 11 de septiembre que parece tener resonancias especiales, me parece interesante traer a cuento las reflexiones de Rodó en torno a Cataluña. Los orígenes catalanes del escritor -“he aquí que descubro mi apellido en la muestra de una casa de comercio, y por vez primera aprendo a pronunciarlo bien… “- le hacen mirar con especial cariño esta tierra, en la que busca algo de sus raíces.

Se entusiasma con la parte antigua de la ciudad, con el orgullo de sus habitantes, con el sentido del trabajo… y hace un esfuerzo por comprender el problema del nacionalismo, que trató de plasmar en dos artículos enviados a Buenos Aires en 1916, que llevaban por título “El Nacionalismo catalán

Decía entonces Rodó: “Toda esa suma de energías que el ambiente pone ante los ojos se concentra y resuelve en una idea, en un sentimiento inspirador: la idea de que Cataluña es la patria, la patria verdadera y gloriosa, y el orgullo de pertenecerle. Civis romanas sum.” Conversa con los hombres de la calle, con intelectuales, lee proclamas políticas, e intenta hacerse una idea de cuál es el fondo de ese sentir catalán, y hacia dónde se dirige:

“Cualquiera que haya de ser el final resultado de esta inquietud espiritual, nadie puede desconocer que un sentimiento colectivo de intensidad semejante, es una fuerza, y una fuerza que no es probable que acabe en el vacío. Las trascendencias políticas de tal exaltación de amor patrio son, necesariamente, muy hondas. Hasta ayer se hablaba de «regionalismo». Hoy se habla a boca llena de «naciónalidad». Justo es agregar que, en los más reflexivos y sensatos, esto se interpreta de modo que no importa propósitos de separación absoluta. ¿Y no hay ya quien ha lanzado a los vientos la idea del «imperialismo catalán»; del imperialismo en el sentido de la penetración y la dominación pacífica de España por el espíritu director de una Cataluña que asumiese la férula del magisterio y el timón de la hegemonía?

Casi cien años desde entonces, y aún parecen actuales las palabras finales del estudio de Rodó, dirigidas a las partes implicadas en un problema que el uruguayo se esforzó por penetrar:

¡Hombres de Cataluña! Equilibrad vuestro entusiasmo con una reflexiva abnegación. Mantened, amad la patria chica, pero amadla dentro de la grande. Pensad cuan dudoso es todavía que el sentido moral de la humanidad asegure suficientemente la suerte de los Estados pequeños. No os alucinéis con el recuerdo de las repúblicas de Grecia y de las repúblicas de Italia. Considerad que no en vano han pasado los siglos, y que hoy son necesarias las capacidades de los fuertes para influir de veras en la obra de civilización.

José Enrique Rodó

José Enrique Rodó

 ¡Hombres de Castilla! Atended a lo que pasa en Cataluña. Encauzad ese río que se desborda, dad respiro a ese vapor que gime en las calderas. No os obstinéis en vuestro férreo centralismo. No dejéis reproducirse el duro ejemplo de Cuba; no esperéis a que cuando ofrezcáis la autonomía se os conteste que es demasiado tarde… Mirad que esa fuerza que hoy amaga con la rebelión, puede ser para vosotros, pacificada y concillada, una gran potencia de trabajo, de adelanto y de orden. Mirad que en su misma altiva aspiración de predominio hay un fondo de razón y justicia, porque pocas como ella ayudarían tan eficazmente a infundir, para las auroras del futuro, hierro en la sangre y fósforo en los sesos de España.

Reflexiones interesantes que, sin duda, veremos reproducidas estos días en las conmemoraciones en torno al 11 de septiembre de 1714.

 

María Saavedra Inaraja es profesora de Historia de América en la Universidad CEU San Pablo

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