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En la Academia de San Fernando


  Me parece ver dos formas del arte de imitar… La primera que veo en ella es el arte de la reproducción. Ésta se da principalmente cuando alguien realiza la imitación según las proporciones del modelo en longitud, anchura y profundidad, dando además los colores apropiados a cada parte… Platón.

chusMaría Jesús Aparicio
El martes día 10 de marzo, los alumnos de primer curso de Historia e Historia del Arte visitaron El Taller de Vaciados y Reproducciones Artísticas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, situada en la calle de Alcalá nº 13.
En este espacio donde parece que el tiempo no discurre, se conservan los vaciados históricos realizados en yeso más significativos de la historia de la escultura clásica, y que en gran medida, han sido utilizados tanto en la Real Academia de Bellas Artes, como en otras escuelas de arte, como modelos para la formación de los artistas.

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El origen de estos talleres se remonta al interés del escultor Juan Domingo Olivieri (Carrara, 1706-Madrid, 1762) quien en abril de 1752 bajo el patrocinio de Fernando VI, se convertiría en el primer director general de Real Academia de Bellas Artes de Madrid.
Este magnífico escultor–pintor, quiso para la Academia lo mismo que se estaba haciendo en otras europeas, adquirir vaciados de las colecciones más emblemáticas italianas para ampliar el muestrario artístico de las Colecciones Reales. Para ello, confeccionó un listado de las principales obras que deberían traerse de Roma. La intención era obtener vaciados de obras del Vaticano, del Palacio Belvedere, cuyo jardín se decoró con esculturas, que posteriormente sirvieron de inspiración para obras de artistas del Cinquecento como Miguel Ángel Buonarrotti; del Museo Capitolino, y básicamente de los mejores colecciones privadas de la época, en particular: la Ludovisi, y Borghese, adineradas familias que por tradición habían atesorado significativas obras maestras para engalanar sus fastuosos palacios.
Además, habría que sumar a los yesos romanos, las colecciones de Felipe V e Isabel de Farnesio albergadas en el Palacio de la Granja de San Ildefonso y que pertenecieron al significativo repertorio del la reina Cristina de Suecia. Y no podemos dejar en el tintero, los vaciados que Diego Velázquez, -pintor de cámara del rey Felipe IV-, aposentador y decorador de las dependencias del Real Alcázar de Madrid, había adquirido durante su segundo viaje a Italia. Una serie de reproducciones,- mediante el procedimiento del vaciado- de obras emblemáticas que incrementarían la colección del monarca,- puesto que los originales eran muy difíciles de conseguir-. Sirva de ejemplo, el imponente Hércules Farnesio, copia de un original de bronce de Lisipo (s. IV a. C) que nos sorprende con su colosal presencia en la entrada del Museo y frente a el, la Flora Farnese, -figura que llamó la atención a varias de las alumnas-, ambas procedentes probablemente de Caracalla y que tuvieron la fortuna de no extinguirse como tantas otras, en el incendio que asoló el Alcázar en la Nochebuena de 1734.
Según bajábamos las escaleras del taller, descubríamos sobre estantes reproducciones de antiguos vestigios que los alumnos a su paso iban reconociendo: La Dama de Elche, la Bicha de Balazote, la Esquilina, El Retrato de Augusto de Prima Porta, que tanto gustó a Patricia, el Ángel Caído de Ricardo Bellver, (1845-1924) que casi sin pretenderlo, te trasladaban a otras épocas y lugares maravillosos. Y lo más sustancial, como su presencia testimonia la dimensión que tuvo el coleccionismo tanto durante el Renacimiento como en el Barroco en España. Patentizándose en las reproducciones de esculturas pompeyanas y de Herculano, donadas por el rey de Nápoles: Carlos III y que decoraban el Palacio del Buen Retiro.
Durante el siglo XIX, replicas de obras emblemáticas como los mármoles del Partenón trasladados desde Atenas a Londres por Lord Elgin, las esculturas de Olimpia y las de Delfos perteneciente a Francia, llegaron a Madrid, ampliando la colección de vaciados adquiridos por los diferentes museos del mundo. Fue un regalo poder apreciar a escasos centímetros el torso de la Victoria de Samotracia, un imposible, si tenemos en cuenta su ubicación en el Museo del Louvre o a la gran masa de turistas que se agolpa a su alrededor para hacerle fotos.

asf1Por fin, se pudo valorar ese procedimiento de relieve que se explica casi como un soniquete en las clases de arte griego: la técnica de “los paños mojados”, de precedentes severos e instaurados por el gran Fidias. O los casi inapreciables bajorrelieves asirios, especialmente, el de la delicada Leona herida, -que llamó la atención de María Elena-, perteneciente al palacio de Asurbanipal en Nínive. Los retratos de emperadores romanos, como el de Marco Aurelio, o la réplica de la colosal cabeza de un Felipe IV y de su caballo, – del Monumento de Felipe IV ubicado en la Plaza de Oriente de Madrid-, del original realizado por el escultor Pietro Tacca, quien utilizó el diseño de Velázquez y los conocimientos científicos de Galileo Galilei para ratificar el equilibrio de la compleja postura en corbeta del caballo.

También, en estos talleres se han reproducido obras de carácter arquitectónico: columnas, o capiteles como los que se apoyaban encima de uno de los mostradores, de un significativo valor documental.
Todas estar reproducciones han sido el sustento de la enseñanza de las Bellas Artes en Madrid, de La Academia de San Carlos de Valencia, Santa Isabel Academia de Bellas Artes de Sevilla y todas las Escuelas de Bellas Artes y Escuelas de Artes y Oficios creadas durante el siglo XIX y XX en España.

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Por estos talleres han pasado grandes maestros y artesanos que desde mediados del siglo XVIII, han sido los artíficex y continuadores de esta práctica. Heredada hoy en día, por jóvenes operarios formados en la Escuela Oficial de Restauración de Madrid, como Ángel, quien nos hizo la visita guiada, nos ilustró en todos los procesos de vaciado y pátinas de las piezas, y que tuvo la explicación oportuna a la pregunta de uno de nuestros alumnos, quien se había fijado en el detalle anecdótico de que hubiera una patata cruda encima de una de las mesas de trabajo.
Maestros del modelado que trabajan en estos talleres manteniendo esa tradición de reproducir estas obras combinando los procedimientos tradicionales, tal como se hacía desde los inicios de primeros años de fundación de la Academia cuando su sede era la Real Casa de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid, y los contemporáneos. Tal como pudimos apreciar en una de las simuladas demostraciones para la obtención de una reproducción de un busto femenino con moldes de cincuenta años de antigüedad u otros realizados con resinas sintéticas y poliésteres…
Reproducciones de las esculturas más emblemáticas de la historia del arte universal, que definitivamente han sido utilizadas por generaciones de artistas, para aprender el arte del dibujo, la pintura y la escultura. Y que hoy en día, también pueden hacer la delicia de algunos decoradores o simplemente de amantes del arte a los que les gusta rodearse de objetos artísticos que les hagan soñar. O como en el caso de nuestros estudiantes: conocer desde dentro el proceso de elaboración de una escultura, su reproducción, su valor instrumental y patrimonial como refuerzo para comprender la Historia y las diversas formas de expresión artística de los individuos que configuraron esa Historia.

María Jesús Aparicio es Profesora de Historia del Arte en la Universidad CEU San Pablo.

 

Categoría: Actividades

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