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Anotaciones de una experiencia en la Biblioteca Nacional

“No somos conscientes de la suerte que es tener en nuestra ciudad y de forma tan accesible el archivo de tanto material antiguo como moderno, que muchísima gente está trabajando para facilitarnos el acceso a él y la conservación del mismo.”

 

Irene, alumna de 3º de Historia e Historia del Arte en la Universidad CEU San Pablo, comparte su experiencia de unas semanas de colaboración en la Biblioteca Nacional de España

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Desde el pasado mes de junio un par de estudiantes de Historia e Historia del Arte de nuestra universidad han estado realizando sus prácticas curriculares en la Biblioteca Nacional, en la sede situada en el Paseo de Recoletos.

Durante sus casi dos meses de trabajo nuestros compañeros se han dedicado a ordenar, catalogar e investigar con el material del departamento de Dibujos y Grabados, en cuya sala principal, -la Sala Goya-, pasaban la mayor parte del tiempo. No obstante, muchas veces debían acudir a distintas salas de consulta y préstamo donde recogían material de apoyo para su trabajo. Ésto les ha permitido conocer bien el funcionamiento y la distribución de la biblioteca, que los primeros días parecía un lugar algo laberíntico.

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Cuando un nuevo usuario llega a la Biblioteca lo primero que tiene que hacer es solicitar un carné, ya sea de lector o de investigador, (ambos pueden solicitarse por internet) y pasar el control de seguridad. Una vez dentro, la biblioteca dispone de multitud de recursos. Las salas de consulta están repartidas por las diferentes salas: el Salón General y la Sala Cervantes están en el segundo piso, donde se guardan la mayoría de “libros”: los más modernos, a partir del XVI en el primero, y los manuscritos e impresos antiguos, junto con los trabajos relativos a Cervantes, en el segundo. En la planta más alta, la cuarta, está la Sala Barbieri, donde se guardan los fondos relacionados con la música. En la planta baja, hay una sala de exposiciones que forma parte de la parte del Museo de la Biblioteca, donde están continuamente innovando y montando nuevas exhibiciones. Además de fondos especiales para prensa y revistas, bibliografía y documentación de archivos, hay una gran cantidad de espacios que facilitan el trabajo y la estancia de los usuarios, por lo que para los investigadores es posible no salir del edificio en todo si lo necesitan para aprovechar la jornada completa de estudio: la biblioteca cuenta con una cafetería bien equipada, salas de trabajo en grupo y zonas de descanso. En general, hay una gran cantidad de detalles que suelen pasar desapercibidos: en cada sala hay siempre mínimo un bibliotecario dedicado exclusivamente a la atención al público, así como un servicio de limpieza, seguridad y atención al usuario excelente y muy simpático.

No hay que olvidar tampoco la gran belleza que guarda el edificio en sí mismo. En su interior algunos pasillos cuentan con vitrinas con diferentes objetos y libros expuestos, así como los retratos de los ganadores del Premio Cervantes, repartidos por las diferentes plantas. El edificio por el exterior conserva de forma evidente su esplendor, no es necesario añadir argumentaciones sobre estética para el que lo contempla, pues se trata de un precioso palacio de la segunda mitad del XIX.

La Sala Goya, donde han estado trabajando nuestros compañeros, guarda multitud de materiales: dibujos, grabados, ephemera (propaganda y publicidad), carteles, fotografías, (etc), tanto del fondo moderno como el antiguo, así como gran cantidad de libros sobre arte y otros asociados a diferentes colecciones allí guardadas. Los recursos que se guardan allí son incontables, de hecho se llevan varios registros e inventarios, además del catálogo que aparece en la página web, que no deja de actualizarse.

El origen de esta Sala se remonta a 1868, cuando el Estado adquiere la famosa colección Carderera y la destina a Biblioteca Nacional, donde se crea la Sala de Estampas. A lo largo de 250 años la colección ha evolucionado y crecido, cambiando el nombre a Bellas Artes, gracias a personas tan importantes como Ángel M. de Barcia, quien realiza en 1906 el primer catálogo científico de la colección, que todavía hoy se utiliza. La cantidad de trabajo que hay en Bellas Artes es ingente, no sólo porque se necesita reorganizar, estudiar y completar, la colección ya catalogada sino que continuamente siguen llegando a la biblioteca nuevos fondos, que son adquiridos por distintos medios.

 

No somos conscientes de la suerte que es tener en nuestra ciudad y de forma tan accesible el archivo de tanto material antiguo como moderno, que muchísima gente está trabajando para facilitarnos el acceso a él y la conservación del mismo.

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