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Tetsuya Ishida: la generación perdida

Los personajes retratados por el artista son híbridos, una especie de cuerpos-máquinas que muestran la dominación de las tecnologías.

Trabajo, consumo y ocio. Esas tres palabras definen la exposición Autorretrato de otro del artista japonés Tetsuya Ishida, quien a través de pinturas, dibujos y cuadernos nos presenta la alienación del sujeto contemporáneo en el capitalismo avanzado. Los personajes retratados por el artista son híbridos, una especie de cuerpos-máquinas que muestran la dominación de las tecnologías.

A partir de 1991, Japón sufrió una gran crisis financiera e inmobiliaria. Los bancos más importantes comenzaron a quebrar y el país cayó en una gran depresión. En los cuadros de Tetsuya se aprecia ese estancamiento económico, a través de los tonos grises y los rostros idénticos y tristes de los consumidores, trabajadores y estudiantes japoneses.

Supermarket

Supermarket

Durante esta época, la economía japonesa experimentó una reestructuración y adaptación es sus industrias, intensificó la automatización robótica en las fábricas, la fuerza de trabajo se racionalizó mediante métodos industriales, el sector de los servicios desplazó al de las manufacturas, dejando así a miles de trabajadores sin empleo.

El artista formó parte de la denominada “generación perdida”, un grupo de jóvenes sin futuro y atrapados en dos formas de estar en este mundo avanzado e industrializado. Por un lado, están quienes no paran de trabajar y, por otro, quienes se la pasan encerrados en sus habitaciones y con sus ordenadores. Un ejemplo es la pintura Cochinilla durmiendo, que muestra a un joven dentro de una incubadora, alejado de toda interacción con el mundo real.

Cochinilla durmiendo

Las obras muestran la esencia y personalidad del pintor, quien vivió en carne propia esta cruda época. A través de un realismo escéptico, Ishida presenta personajes que se relacionan directamente con la tecnología, máquinas de coser en vez de brazos, hombres pegados a las fotocopiadoras de sus oficinas y así una serie de modificaciones en el cuerpo humano de una generación cansada y abrumada por el exceso de trabajo.

En uno de sus cuadernos de apuntes con fecha 1999 escribió, “Intenté reflejarme a mí mismo -mi fragilidad, mi tristeza, mi ansiedad- como una broma o algo divertido sobre lo que reír. Transformarme en objeto de risa, o de más tristeza. A veces era visto como una parodia o sátira de la gente contemporánea. Me expandí para incluir a los consumidores, especuladores, los trabajadores y los japoneses. Las figuras del cuadro se expandieron hacia gente que puedo sentir”.

La exposición, organizada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, se puede contemplar en el Palacio de Velázquez, en el Parque del Retiro. Es la primera vez que esta colección se exhibe fuera de Japón y estará disponible hasta el 8 de septiembre de 2019.

 

Florencia Ortiz Cartes

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