Estudiando historia y arte en Madrid

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Llamados a ser guardianes de la humanidad

nacho riendo Seamos gallardos, esta vez sí, para reconocer humildemente todos los valores que la universidad nos ha transmitido, como son la apertura y búsqueda de la verdad, siempre desde el respeto, la solidaridad y la cercanía, en una concepción integral del hombre, que busca la exigencia, para una excelencia en todas sus dimensiones personales. 

 

Con estas palabras, despedía el curso 2014-2015 Ignacio T. Bolívar Tejedo, representante de los estudiantes de Historia e Historia del Arte que recibieron sus diplomas de graduados en la Universidad San Pablo CEU el pasado 29 de mayo.

Un año más, profesores y estudiantes compartimos momentos emotivos. Atrás quedan cuatro intensos años, muchas horas de trabajo, muchas conversaciones… y sobre todo muchos buenos recuerdos. Los estudiantes se marchan de la Universidad habiendo hecho amigos para siempre. Y los profesores sabemos que nacen a nuestra profesión jóvenes preparados, con la buena ambición de cambiar -para mejor- el mundo que les toca vivir. Y por encima de todo, la ilusión por contar la Historia y la Historia del Arte con pasión.

los tres alumnos

De izquierda a derecha, Ignacio, Victoria y Adela, los tres representantes de alumnos antes de pronunciar sus discursos

Pero esta es su hora. Dejemos que sea Ignacio Bolívar quien hable de lo que todos ellos llevan impreso en sus corazones. Así fue el discurso dirigido a compañeros, familiares y profesores

 Queridas familias, estimados profesores, amigos todos compañeros en el bien, la belleza y la verdad. Tal día como hoy, un 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary alcanza la cima del monte Everest. Me encantaría decir, en nombre de mis compañeros, y con la misma gallardía del alpinista, que hemos hecho cima al fin, tras cuatro años de duro ascenso. Pero prefiero ser sincero, para deciros que apenas hemos subido un monte, desde el que contemplar las imponentes montañas que cada cual elegirá culminar.

No obstante Hillary no subió solo a la cima del mundo. Sherpas y montañeros lo ayudaron. Nosotros hemos tenido la inestimable ayuda de nuestros queridos profesores, quienes conocen las montañas y los vericuetos de la profesión, a quienes la experiencia ha prevenido de los peligros que hoy nos advierten, y a quienes hay que agradecer, desde la sinceridad de nuestros corazones su entero esfuerzo y dedicación por hacer de nosotros estudiantes de éxito, y sobre todo, hombres mejores. Esfuerzo y dedicación que no siempre ha sido correspondido, y mucho menos compensado; más bien, no en pocas ocasiones habéis sido mal pagados con nuestras faltas de trabajo y disciplina. Por todo ello, quisiera aprovechar esta ocasión, en nombre de todos, para pediros perdón, y animaros a estar orgullosos, porque como decía séneca, “la recompensa de una buena acción, es el haberla realizado”.

También un 29 de mayo, pero esta vez de 1453, los turcos tomaban la ciudad de Constantinopla. Fue un duro golpe para Occidente, que veía cómo la barbarie, tras mucho asedio e insistencia, derrumbaba siglos de tradición y cultura. También nuestros tiempos son turbulentos, y nuestros enemigos muchos… “un fantasma se cierne sobre Europa”, advertía Marx, y el que hoy nos amenaza, es la deshumanización. En un mundo donde para alcanzar al “superhombre” la humanidad misma ha de ser destruida, donde el trabajo es mercancía en vez de dignidad, y el ocio ha perdido su sentido romano de cultivo y perfeccionamiento personal, para convertirse precisamente en un “negocio” (neg-otium)… en ese mundo, hacen falta humanistas.

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Se nos ha dicho muchas veces “el futuro es vuestro”… ¡mentira! … el futuro hay que conquistarlo. Se acercan tiempos oscuros y nos enfrentaremos a un reto diferente del de nuestros padres, quizá más duro, y que requiera más trabajo, esmero y lucha… bueno, a decir verdad seguro que criarnos a nosotros ha sido mucho más duro; pero recordemos que estamos aquí por vocación, y nuestra llamada es a ser guardianes de la humanidad amenazada. El mundo necesita humanistas; y me dirijo a todos, para no caer en la “barbarie del especialismo” del que habla Ortega. Nos toca ser héroes, y como nos dijo uno de nuestros profesores una vez, los héroes lo son, porque son pocos.

La lucha, en efecto es desigual, pero vamos bien armados. “nuestros barcos son sólidos” decía nuestro compañero Javier desde aquí el año pasado… Como nos ha recordado mi antes mi compañera Victoria, hace cuarto años se nos animó a no pasar por la universidad, sino a que la universidad pasara por nosotros. Especialmente hoy, es momento de que cada uno reflexione qué ha significado el CEU para nosotros. La crítica es muy fácil, e incluso cobarde. Seamos gallardos, esta vez sí, para reconocer humildemente todos los valores que la universidad nos ha transmitido, como son la apertura y búsqueda de la verdad, siempre desde el respeto, la solidaridad y la cercanía, en una concepción integral del hombre, que busca la exigencia, para una excelencia en todas sus dimensiones personales. Valores que el humanismo cristiano ha defendido durante siglos, con Cristo como modelo de “perfecto hombre”; valores que ahora se ven atenazados, y que requieren de hombres de verdad, humanistas que los defiendan.

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Graduados de Historia e Historia del Arte con algunos de sus profesores tras la entrega de diplomas. Foto: Robledano

¡Compañeros en el bien, la belleza y la verdad,  es hora de ser valientes, de conquistar el futuro! No será un camino fácil, pero sí necesario. Quizá la historia nos dé la gloria de recordarnos como la generación que se salvó, o quizá no, de nosotros depende. No dejéis de cultivar el saber, las letras, y las artes con verdadera pasión, pues decía Santa Teresa, cuyo centenario celebramos, que “si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor”. Ánimo a todos, y muchas gracias a vosotros y gracias a Dios.

Fue una decisión arriesgada… y totalmente acertada. Hablan los antiguos alumnos

pilarblanco

…lo que descubrí fue personas entusiasmadas, ilusionadas, comprometidas con nuestras formación y que luchaban en primera persona porque aquello fuera para adelante 

 

Si alguien me pregunta qué significó el CEU para mí y por qué hice la carrera ahí, me faltarían los dedos de las manos para explicarme.
Había estudiado bachillerato en el Colegio CEU de Claudio Coello y pensé que, dada la buena experiencia que había supuesto, estaría bien seguir ligada a la misma institución. En su momento me pareció una decisión arriesgada, teniendo en cuenta que íbamos a ser nosotros quienes inauguráramos los dobles grados y que, aunque existía una larga tradición con la Licenciatura de Humanidades, con Historia e Historia del Arte íbamos a caminar por tierra virgen. ¡Bendito riesgo el que adopté entonces!

No sólo encontré unos profesionales sobradamente capacitados, con amplia experiencia docente e investigadora, que es lo que uno espera encontrarse en una universidad; no sólo encontré buenas personas dispuestas a ayudar en lo que pudieran; no encontré simplemente maestros que me dieron la oportunidad de publicar con ellos… Quizá precisamente debido a la falta de rodamiento de ambos grados, lo que descubrí fue personas entusiasmadas, ilusionadas, comprometidas con nuestras formación y que luchaban en primera persona porque aquello fuera para adelante. Creo que esa motivación fue lo que hizo que aprendiéramos y disfrutáramos tanto como lo hicimos y que, a día de hoy, dos años después de haber terminado, todavía nos sintamos parte de un grupo unido.

Gracias a la Universidad y a todos los que hicieron posible que los cuatro años que duraron ambos grados fueran tan enriquecedores”

Pilar Blanco Navarro es Graduada en Historia y en Historia del Arte de la primera promoción (2012-2013)

 

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Salgo de esta Universidad sabiendo que quiero saber

 

Reconozco que la experiencia que he tenido en el CEU se va a quedar conmigo toda la vida, y es que los cuatro años que he podido compartir junto a compañeros y profesores, hoy todos amigos, han marcado tanto mi vida, que se han convertido precisamente en eso, en vida.

Sé que por mucho tiempo que pase, siempre que me venga a la mente mi paso por la Universidad del CEU, aparecerá en mi cara una sonrisa. Cuando comencé los grados de Historia e Historia del Arte, nunca pensé que se convertirían en mucho más que un título. En un momento en el que todo parece pasar tan deprisa que no nos da tiempo a asimilar las experiencias; ésta que he podido tener en el CEU no sólo ha conseguido quedarse conmigo, sino que también se ha convertido en una guía para mi forma de vivir el día a día.

Es cierto que en cuatro años no he podido aprender todo lo que los grados de Historia e Historia del Arte requieren, porque si somos sinceros, por muchos años que pasen nunca se podrá saber todo. Mientras acudíamos a nuestra graduación me sentía culpable al pensar que seguramente no poseía ni el 1% del conocimiento posible, aunque del mismo modo, sé que nunca llegaré a saber más del 5%. Es así como rápidamente me di cuenta que el CEU no me había simplemente transmitido los datos y calificado por su retención, sino que había plantado en mi la semilla por el conocimiento. Salgo de esta Universidad sabiendo que quiero saber. Y más aún, que la experiencia universitaria es una experiencia muy humana que me acompañará siempre.

Ana Hernández Pugh es Graduada en Historia e Historia del Arte

Plantear las grandes cuestiones. Hablan antiguos alumnos

almucortadaNo podemos resistirnos a esa sed que ha despertado en nosotros la Universidad, y que ha desatado nuestro espíritu humanista, nuestro coraje para plantear las grandes preguntas y nuestro gusto por el puro conocimiento.

 

Estudiar un máster fuera de España y en una institución líder a nivel internacional, como estoy haciendo este año, es un auténtico reto. El nivel de exigencia tan alto con el que me he encontrado ha puesto a prueba mis conocimientos y habilidades, y me ha hecho valorar de veras la formación que recibí en la Universidad San Pablo CEU. Es más, creo que me ha dado ciertas ventajas con respecto a mis compañeros.

Por una parte, el CEU me dio un conocimiento profundo de cada época, desde la Edad Antigua hasta la Edad Contemporánea, que eran consideradas igualmente importantes y dignas de estudio. Cada año me imbuí por completo en un periodo distinto, entendiendo no sólo la historia política sino también la evolución del pensamiento y el arte, viendo cómo poco a poco se construía el mundo que hoy conocemos. Un programa así de completo no es frecuente en Europa, donde los estudiantes de Historia suelen especializarse desde el principio, y donde la mayor parte de los programas se centran en el final de la época Moderna y la Historia Contemporánea. Cuento ahora, por tanto, con una perspectiva mucho más amplia de lo común.

Por otra, he aprendido a analizar la Historia de una forma que cada vez es menos frecuente: desde una perspectiva humanística. Empieza a ser común ver la Historia como parte de las Ciencias Sociales, como una serie de acontecimientos políticos que explican la situación del mundo actual. Es decir, se tiende a hacer de la Historia algo “práctico”. El CEU, sin embargo, se resiste, y eso es impagable. Lo que yo estudié allí no fue Historia, fue al Hombre a través de la Historia: su evolución, su pensamiento, sus luchas, sus conflictos internos y externos, su esencia… Mis profesores no tenían miedo a ir más allá de los meros hechos históricos y plantear las grandes preguntas como qué es el hombre, por qué se comporta como lo hace y por qué parece que no aprendemos de nuestros actos. Además, y esta es una de las cosas que más valoro, tampoco tenían pereza en seguir comentando todas estas ideas tomando un café en la cafetería o fumando en el patio, provocando unas conversaciones tan profundas y tan interesantes que jamás las olvidaré.

Estudiar Historia en el CEU fue vivir cuatro años en una pequeña comunidad que trata de revivir la Universidad en sus orígenes, aquella a la que acudían hombres de toda Europa con un único objetivo: saciar su sed de conocimiento. Esta es la marca de la casa que tanto valoro y que hace que los historiadores del CEU seamos diferentes. No somos meros “ratones de biblioteca”, meros analistas, sencillamente porque no podemos. No podemos resistirnos a esa sed que ha despertado en nosotros la Universidad, y que ha desatado nuestro espíritu humanista, nuestro coraje para plantear las grandes preguntas y nuestro gusto por el puro conocimiento.

Almudena Portal González es Graduada en historia de la segunda promoción (2013-14). Actualmente cursa estudios de Máster en The London School of Economics and Political Science – LSE. Recientemente ha publicado Los muertos del régimen de Franco entre 1952 y 1975 (Aportes, 2014)

La pasión por el saber. Hablan los antiguos alumnos

ireneinfanteEchando la vista atrás soy consciente de que he aprendido muchas cosas en estos años, pero para mí lo fundamental ha sido conocer al hombre a lo largo de la historia, sus manifestaciones artísticas, sus aspiraciones, sus anhelos, sus tristezas…

A día de hoy, un año después de finalizar la carrera, puedo decir que estudiar el doble grado de Historia e Historia del Arte en el CEU ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Reconozco que al empezar no sabía muy bien qué me iba a encontrar, cómo iban a ser las asignaturas ni cómo serían mis compañeros, y por supuesto no tenía ni idea de lo que me iban a ayudar mis estudios en mi madurez y mi forma de comprender la realidad.

Es complicado definir en unas pocas líneas lo que ha supuesto en mí el paso por la universidad. Desde el principio los profesores no solo han sido grandes maestros, sino también grandes personas, y esto ha repercutido a su vez en el buen ambiente que se creaba en clase entre nosotros. Las interminables preguntas de nuestro grupo a los profesores en todas las materias reflejaban lo que ellos mismos nos transmitían: la pasión por el saber.

Aún recuerdo la paciencia y el cariño con la que nos recibían en primero, cuando muchos de nosotros éramos unos renacuajos que acabábamos de salir del colegio, que se completó con un segundo curso en el que “no parábamos de estudiar y estábamos todos agobiados”, que visto con perspectiva no era tanto, ¡éramos un poco exagerados! En tercero algunos tuvimos la suerte de irnos de Erasmus, e incluso allí yo echaba de menos a mis compañeros y profesores,  especialmente el trato tan cercano que teníamos entre nosotros.

Por último, en cuarto –fue mi año favorito, todo hay que decirlo– las apasionantes clases sobre la caída del muro de Berlín, los expresionistas abstractos americanos y la Guerra Civil española se completaron con prácticas, el trabajo de fin de grado… y realmente fue un curso muy intenso. Y a la vez fantástico. Aquellas sesiones de horas y horas en la biblioteca con mis compañeras (que hoy son grandes amigas), los fines de semana de estudio, las llamadas por teléfono el día antes de un examen… Gracias a todo esto soy la persona que soy ahora; me siento afortunada porque he llenado mi cabeza no solo de conocimientos, sino también de seriedad y constancia.

Echando la vista atrás soy consciente de que he aprendido muchas cosas en estos años, pero para mí lo fundamental ha sido conocer al hombre a lo largo de la historia, sus manifestaciones artísticas, sus aspiraciones, sus anhelos, sus tristezas… Esto me ha ayudado a crecer como persona, y a comprender mejor el mundo que me rodea.

Para terminar, debo decir que estoy contenta porque he descubierto un lugar en el que sé que siempre me recibirán con los brazos abiertos. Muchas gracias a todos, profesores, compañeros, amigos, porque me habéis ayudado a crecer y me habéis acompañado en el camino, y habéis hecho del CEU mi segunda casa.

Irene Infante Ríos es graduada en Historia y en Historia del Arte de la segunda promoción (2013-14). Actualmente cursa el Máster en relaciones Internacionales de la USP CEU

Seguir aprendiendo cada día un poco más. Hablan antiguos alumnos

carlossimon En el CEU he sentido otro hogar y si no hubiera estudiado allí no sería el mismo

 

Estudié el doble grado de Historia e Historia del Arte entre los cursos 2009 y 2013. Llevaba en Madrid un año estudiando la licenciatura de Historia en una universidad pública, pero por distintos motivos elegí la universidad San Pablo CEU justo cuando iba a comenzar su primera promoción en estos grados. En ella finalicé mis estudios de grado y máster. No me arrepiento de ello y si volviera a tener 18 años repetiría la experiencia, con toda certeza.

Puedo decir que para un joven que va a estudiar lejos de su casa, la universidad en que vive se convierte en su mundo, su razón de ser. En ese mundo se desarrolla como parte de la cultura universitaria. Para este joven la transmisión de conocimientos no lo es todo, también importa esa cultura. Yo he crecido en esta universidad y me siento afortunado, privilegiado, profundamente agradecido. En el CEU he sentido otro hogar y si no hubiera estudiado allí no sería el mismo.

Carlos Simón es graduado de la primera promoción de Historia e Historia del Arte (2012-13), y Máster en Educación Secundaria por la Universidad CEU San Pablo (2013-14)

 

carlosgallegoMi paso por la carrera de Historia ha estado marcado por un magnífico equipo de profesores, mejor dicho, de auténticos maestros que sin duda alguna, gracias a su devoción por su asignatura y a un verdadero y apasionado deseo de enseñar, han sabido transmitirme su amor por el conocimiento. Espero, con su ejemplo, no perder nunca mi deseo de seguir aprendiendo cada día un poco más.

Carlos Gallego es Graduado en Historia de la segunda promoción (2013-14)

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