Estudiando historia y arte en Madrid

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La expresión del puntillismo a través de la pincelada de Paul Signac

Así, las composiciones aparecen con un dominio de orden, claridad y una cuidosa planificación. Además, la pincelada es lo más importante: permite dividir los tonos y recuerda a los mosaicos.

La ruta hasta Gennevilliers Signac

Paul Signac nació en París en 1863 y falleció en 1935. Antes de iniciar el camino de la pintura, siguió unas clases de arquitectura, que abandonó a los 18 años, para dedicarse al arte pictórico. El primer cuadro suyo que conservamos data de 1881. De formación casi autodidacta, frecuentaba exposiciones, galerías y estudiaba las obras de Manet, Monet y de otros impresionistas. En 1882, entra en la Escuela de las Bellas Artes de París. En 1884 conoce a Monet y Seurat. Queda fascinado por la pintura de Seurat, especialmente por su concepción de los colores. La mayor parte de sus pinturas reflejan la costa francesa. En la técnica utilizada sobresale la gran cantidad de pinceladas, en las que destaca el uso de colores vivos, intensos y una pintura un poco pastosa. Calificaba el estilo puntillista como “el de los colores del prisma”. Las formas se conciben como una geometría de masas donde se subraya la luz y el color. Así, las composiciones aparecen con un dominio de orden, claridad y una cuidosa planificación. Además, la pincelada es lo más importante: permite dividir los tonos y recuerda a los mosaicos.

puerto de saint tropez signac-red

Aunque sus obras suelen ser espontáneas, realizó algunas composiciones más estudiadas como La Route de Gennevilliers (1883). Navegó en las costas de Europa pintando los paisajes, sobre todo de Francia. Al final de su vida, realizó pinturas urbanas francesas.

En 1892, se casó con Berthe Robles. Adquirió en 1897 una casa en Saint-Tropez llamada “La Hune” donde tenía un gran taller. Pertenece al movimiento neoimpresionista, y desarrolló el puntillismo junto con Seurat. Signac escribió muchas obras de teoría del arte. La más importante es De Eugène Delacroix al Neo-Impresionismo (1899).

La obra El puerto de la Rochelle, realizada en 1915, desapareció del Museo de Bellas Artes de Nancy, el pasado 24 de mayo de 2018. Casi un año después ha reaparecido, en abril de este año, en Kiev, Ucrania. El puerto de la Rochelle había sido cortado. La operación tuvo lugar fuera de las cámaras de seguridad y, según el fiscal que habló sobre el incidente, fue un robo perpetrado por “criminales endurecidos y particularmente bien organizados”.

El lienzo de Paul Signac representa la entrada del puerto de La Rochelle. Formaba parte de un conjunto de 117 obras donadas al museo de Nancy. Su valor se estima en unos  1,5 millones de euros. El artista puntillista, ejecutó esta obra durante el año en que fue nombrado Pintor Oficial de la Marina de Francia. Cuando nos alejamos de la pintura destacan los colores fríos, con un predominio del azul, especialmente en la zona del centro hacia arriba, y de verde en la parte inferior. Cuando nos acercamos descubrimos colores pasteles, rosa, amarillo y muchas pinceladas blancas. Esta obra, con el tema representado, refleja el amor del pintor por la navegación.

 

Marianne Pissondes

Tetsuya Ishida: la generación perdida

Los personajes retratados por el artista son híbridos, una especie de cuerpos-máquinas que muestran la dominación de las tecnologías.

Trabajo, consumo y ocio. Esas tres palabras definen la exposición Autorretrato de otro del artista japonés Tetsuya Ishida, quien a través de pinturas, dibujos y cuadernos nos presenta la alienación del sujeto contemporáneo en el capitalismo avanzado. Los personajes retratados por el artista son híbridos, una especie de cuerpos-máquinas que muestran la dominación de las tecnologías.

A partir de 1991, Japón sufrió una gran crisis financiera e inmobiliaria. Los bancos más importantes comenzaron a quebrar y el país cayó en una gran depresión. En los cuadros de Tetsuya se aprecia ese estancamiento económico, a través de los tonos grises y los rostros idénticos y tristes de los consumidores, trabajadores y estudiantes japoneses.

Supermarket

Supermarket

Durante esta época, la economía japonesa experimentó una reestructuración y adaptación es sus industrias, intensificó la automatización robótica en las fábricas, la fuerza de trabajo se racionalizó mediante métodos industriales, el sector de los servicios desplazó al de las manufacturas, dejando así a miles de trabajadores sin empleo.

El artista formó parte de la denominada “generación perdida”, un grupo de jóvenes sin futuro y atrapados en dos formas de estar en este mundo avanzado e industrializado. Por un lado, están quienes no paran de trabajar y, por otro, quienes se la pasan encerrados en sus habitaciones y con sus ordenadores. Un ejemplo es la pintura Cochinilla durmiendo, que muestra a un joven dentro de una incubadora, alejado de toda interacción con el mundo real.

Cochinilla durmiendo

Las obras muestran la esencia y personalidad del pintor, quien vivió en carne propia esta cruda época. A través de un realismo escéptico, Ishida presenta personajes que se relacionan directamente con la tecnología, máquinas de coser en vez de brazos, hombres pegados a las fotocopiadoras de sus oficinas y así una serie de modificaciones en el cuerpo humano de una generación cansada y abrumada por el exceso de trabajo.

En uno de sus cuadernos de apuntes con fecha 1999 escribió, “Intenté reflejarme a mí mismo -mi fragilidad, mi tristeza, mi ansiedad- como una broma o algo divertido sobre lo que reír. Transformarme en objeto de risa, o de más tristeza. A veces era visto como una parodia o sátira de la gente contemporánea. Me expandí para incluir a los consumidores, especuladores, los trabajadores y los japoneses. Las figuras del cuadro se expandieron hacia gente que puedo sentir”.

La exposición, organizada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, se puede contemplar en el Palacio de Velázquez, en el Parque del Retiro. Es la primera vez que esta colección se exhibe fuera de Japón y estará disponible hasta el 8 de septiembre de 2019.

 

Florencia Ortiz Cartes

Morirte de frío: una reflexión sobre el arte contemproáneo

La verdad es que no sabemos lo que es el arte, pero lo reconocemos cuando lo vemos. La admiración ante la belleza es algo intrínseco a nuestro ADN. 

Cuando observamos una obra de arte, nos gusta comprender el mensaje o los mensajes que transmite. Creo que el arte ha tenido momentos de una muy difícil comprensión por parte del público, pero que aun así ha sido capaz de valorar la dificultad técnica de la obra. Esto sigue ocurriendo, pero considero que en general es algo totalmente minoritario y que pasa desapercibido.

Solo hace falta abrir el catálogo de ARCO Madrid de este año. El arte abarca muchos estilos, corrientes, normas… porque ¿qué es el arte? Respondan ustedes. En cualquier caso, aunque nuestra permisividad a la hora de ver una obra de arte (porque hemos decidido que es una obra de arte) es prácticamente infinita, no puedo parar de pensar que en el fondo no lo es, que simplemente está expuesta y se ha convertido en ello. Ahora es cuando yo, como espectador, me pongo en una situación compleja, pues quizás no esté preparado para ver el resto de obras que me acompañan en la feria.

Ha sido una sorpresa reencontrarme esta semana con Suso Fandiño, un docente de arte bastante escéptico con el arte contemporáneo. Él cree que el arte contemporáneo es deficiente. Lo trata como un sistema donde fallan los cimientos. Y es que los cimientos somos nosotros, el público. No somos capaces de comprender lo que nos están enseñando, porque no hemos aprendido a comprender (en términos generales). ¿Qué ocurre entonces? El artista, al ver que el espectador se aleja de su obra, se acerca a él, a sus círculos de comprensión. Es entonces cuando vemos que cinco de cada seis obras son totalmente comprensibles.

Es esencial que haya comprensión para que haya calidad. Paradójicamente, ha sido el mejor año de ARCO Madrid, y me alegra mucho saberlo. Pero no creo que la solución sea el mensaje fácil-demagógico-destroyer (y me estoy refiriendo al ninot del Rey… que no se vendió). Creo que falta recoger lo que sembramos como mínimo desde el Renacimiento Italiano y saber poner delante el talento, la calidad y el trabajo. Si no, todo se homogeneizará y cada exposición y galería recordará al jardín de El rey burgués de Rubén Darío.

La homogeneización, sin embargo, creo que provocará una ola de revolución artística en aras de la calidad. Si algo está claro es que tenemos los medios y el talento para crear y juzgar lo que nos rodea. La verdad es que no sabemos lo que es el arte, pero lo reconocemos cuando lo vemos. La admiración ante la belleza es algo intrínseco a nuestro ADN. Es, así, un proceso recíproco. Por lo tanto, si tenemos las herramientas, construyamos los cimientos.

 

Alejandro Echevarría Gómez estudia 4º de Humanidades y Periodismo en la Universidad CEU San Pablo

NASCA: BUSCANDO HUELLAS EN EL DESIERTO

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Si nos adentramos en la tercera planta de la fundación telefónica, nos remontaremos a un lejano pasado en la Cuenca del Río Grande (Perú), aproximadamente entre los años 200 a.C. y 650 d.C. Es ese mismo lugar en el que asentó una de las culturas más enigmáticas de la historia de los Andes prehispánicos, la cultura Nasca. En esta exposición seremos capaces de descubrir su historia a través de una selección de cerámicas y tejidos, junto con otras piezas, que en su contexto nos dejarán entrever lo que esconden tras ellas. nasca4El pueblo de Nazca es famoso por su colorida cerámica y tejidos, y por supuesto, por sus geoglifos. Estos se encuentran plasmados en la inmensidad de la pampa, y una de sus interesantes interpretaciones es que serían caminos para procesiones rituales. Los geoglifos más tardíos suelen ser figuras del reino animal, por ejemplo, un mono o una araña, pero también encontramos otro tipo de representaciones más antiguas, como por ejemplo los geoglifos de Palpa en los que podemos apreciar figuras más antropomorfas. Aunque se trata de uno de los lugares más áridos del planeta, junto a estos geoglifos se han encontrado evidencias de actividad humana, como, por ejemplo, algunas de las piezas que podemos observar en la exposición. Para la contextualización, explicación y ubicación, la exposición cuenta con unos videos proyectados sobre mesas con relieve de montañas y pantallas de grandes dimensiones, de un carácter más divulgativo, pero igualmente interesante.nasca5

Por los restos conservados, poco podemos saber sobre la vida cotidiana de los habitantes de esta cultura. Sin embargo, aspectos más importantes de su psicología de vida se nos desvelan a través de las cerámicas encontradas en los enterramientos, y la propia manera de realizarlos. Las representaciones de las cerámicas nos adentran en su cosmogonía, en su religiosidad, en su forma de entender el universo que les rodea.

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No quiero desvelar mucho más sobre el mundo Nazca y la exposición de Fundación Telefónica. Me parece el plan perfecto para llenar esta semana de una cultura diferente y lejana, que no deja de sorprender hasta el final del recorrido.

¡Espero que la disfrutéis tanto como yo lo he hecho!

Clara M.ª González. Estudiante de 3.º de Historia y Periodismo en la Universidad San Pablo CEU de Madrid. 

Una mirada femenina sobre la Revolución Francesa: Madame Elisabeth

Vivió pues, la Revolución en primera persona y acompañó a Luis XVI y María Antonieta hasta el último momento, pues prefirió permanecer junto a su familia en lugar de  abandonar Francia, como habían hecho muchos monárquicos franceses.

Por fin llega a nosotros una obra prácticamente desconocida para los lectores de habla  española, pues ha sido traducida al castellano recientemente por la editorial San Román (2018). El Sacrificio de la tarde, escrita por el afamado historiador francés Juan de Viguerie, especialista del siglo XVIII y gran conocedor de la Revolución francesa, narra la apasionante historia de Madame Elisabeth (1764-1794), hermana menor de Luis XVI.

madame elisabeth

Madame Elisabeth, bautizada como Elisabeth Felipa María Elena, nació el 3 de Mayo de 1764 en Versalles, fruto del matrimonio entre el Delfín de Francia, Luis Fernando y de María Josefa de Sajonia. Era por tanto nieta de Luis XV. Muy pequeña, a la edad de cuatro años quedó huérfana de padres, por lo que fue criada e instruida en las peculiaridades  de la corte francesa por distintas institutrices, al igual que su hermana mayor Clotilde. A los veinticinco años Madame Elisabeth alcanza la mayoría de edad y decide consagrar su vida al servicio de Dios y de su familia, renunciando al matrimonio. Aunque no renunció a la vida en sociedad, se aleja  de las frivolidades propias de los salones de Versalles, practicando la moderación, y dedicándose a las obras de caridad y a la educación de sus sobrinos.

Prácticamente desde el  advenimiento de la Revolución, Madame Elisabeth es consciente de la gravedad del momento, por lo que advierte en sucesivas ocasiones a su hermano de los peligros que padecería Francia si el rey se doblegaba a los interese revolucionarios, como sucedió con la aprobación de la Constitución Civil del Clero. Vivió pues, la Revolución en primera persona y acompañó a Luis XVI y María Antonieta hasta el último momento, pues prefirió permanecer junto a su familia en lugar de  abandonar Francia, como habían hecho muchos monárquicos franceses.

Poco antes de morir, ya en la prisión del Temple, compuso una breve oración que se hizo popular entre las tropas francesas durante la Primera Guerra Mundial, dice así: “No sé lo que me va a ocurrir hoy, Dios mío lo ignoro. Pero sé que todo lo que me suceda ha sido previsto desde toda la eternidad por Vos. Me sobra con este Dios mío para quedarme tranquila. Adoro vuestros designios eternos y me someto a ellos de todo corazón.”

En definitiva se trata de una obra de gran interés, que nos permite conocer un poco mejor la historia de Francia y de forma amena, pues su lectura fresca y ágil, unida al dramatismo del relato, nos mantiene enganchados desde el principio hasta el final.

Carlos Mª García de Polavieja de Cárdenas estudia 3º de Historia en la Universidad CEU San Pablo

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