Estudiando historia y arte en Madrid

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¿Qué esperar de la Universidad?

 La universidad contemporánea está tan preocupada por informar que se ha olvidado que su misión prioritaria es formar.

Hablando de su experiencia como profesor universitario en Helsinki, un profesor de liderazgo hacía unas reflexiones que me permiten plantear algunas cuestiones acerca del modelo de universidad que queremos, y si estamos dando a nuestros estudiantes todo aquello que esperan de unbuen profesor universitario.

El autor de las palabras  que me limito a transcribir es Alexander Havard. Nunca antes había leído nada de él, y me ha parecido enriquecedor compartir sus planteamientos. El tiempo y nuestrosestudiantes dirán si hemos dado todo lo que podíamos en las aulas universitarias.

downloadfile“Pienso que no basta con transmitir a los jóvenes unos determinados conocimientos:hay que ayudarles en muchos otros aspectos, como el fortalecimiento del carácter o la consolidación de una serie de hábitos, tento en el ámbito del intelecto como en el de la voluntad. La universidad contemporánea está tan preocupada por informar que se ha olvidado que su misión prioritaria es formar. Y contemplamos a diario las consecuencias: de las aulas universitarias – en las que se pone el énfasis en la erudición más que en la sabiduría- salen muchos gestores, pero pocos líderes”.

(Nada que añadir…)

Alexandre Havard es el creador del Sistema del Liderazgo Virtuoso™. Nació en París, es graduado de la Universidad René Descartes, una de las escuelas de derecho más importantes de Francia. Ha ejercido el derecho en Francia y en varios países europeos. Ahora vive y trabaja en Moscú. Sus libros “Liderazgo Virtuoso™” (Nueva York, 2007) y “Creados para la Grandeza: El Poder de la Magnanimidad” (Nueva York, 2011) han sido traducidos a 20 idiomas.

Polonesas (II) Nombres que NO se lleva el viento

Pero los polacos, conscientes de que su historia es pilar de su identidad, han querido poner nombres a aquellos miles de muertos

Polonia lleva  su nombre y su historia escritos en sangre. La de tantos héroes que se han esforzado a lo largo de la historia en mantener viva la nacionalidad forjada contra viento y marea.

Recuerdo la primera vez que visité Polonia, en el verano de 1990. Apenas despegaba el país de las décadas en que se había visto encadenada al régimen soviético. Por aquel entonces, en muchas parroquias podían verse recortes de prensa y fotografías del Padre Jerzy Popieluszko, aquel joven sacerdote torturado y asesinado en 1984. Era muy reciente. A nosotros, estudiantes universitarios venidos de España, nos resultaba difícil creer que aquel “telón de acero” bautizado así por Churchill hubiera sido un velo a los ojos de Occidente, desde 1945 hasta 1989, y que no se supo o no se quiso actuar.

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Monumento al Soldado Desconocido, Plaza del Mariscal Józef Pilsudski (Varsovia)

Ahora, al regresar a Polonia después de tantos años, he podido comprobar cómo los polacos se han esforzado en no rememorar héroes anónimos, sino personas con un nombre concreto, con identidad histórica. Existe en Varsovia, como en la mayoría de las capitales del mundo, un monumento al “Soldado desconocido”, junto a la que hacen guardia permanentemente dos militares.

Pero además, por toda la geografía polaca se pueden leer los nombres de centenares de personas que dieron su vida por defender la dignidad y libertad de su Patria. Los bosques, los caminos, las carreteras, hasta las aldeas más pequeñas, cuentan con placas en las que queda registro de los nombres de soldados, civiles, religiosos, párrocos, fallecidos de manera violenta a lo largo de los siglos y, de manera muy especial, a partir de 1939.

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Monumentos levantados en homenaje a civiles y sacerdotes en el distrito de Siennica

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En la iglesia de la Santa Cruz, en Varsovia, una capilla se dedica a rezar por las víctimas de Katyn. Cargada de simbolismo, destaca el retorcido metal en forma de verja, que recuerda los campos de concentración y de exterminio.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay un hecho especialmente presente en la memoria histórica polaca: Katyn, la masacre de más de 20.000 polacos, entre los que se encontraban soldados, oficiales y civiles. Hasta 1990 Rusia no reconoció la responsabilidad de la URSS en los asesinatos, y en 1992 el presidente Boris Yeltsin entregaba a Polonia papeles desclasificados entre los que se encontraba la orden firmada por Stalin que condenaba a muerte a aquellos prisioneros retenidos en el bosque de Katyn, en Smolensk.

Pero los polacos, conscientes de que su historia es pilar de su identidad, han querido poner nombres a aquellos miles de muertos. En la catedral castrense de Varsovia, una capilla está ornamentada con miles de pequeñas placas en las que se han impreso los nombres de las víctimas de Katyn.

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Placas conmemorativas con los nombres de polacos masacrados en Katyn en 1940

Además, desde 2010, Katyn se une a otra tragedia de la historia polaca. el 10 de abril, un avión que se dirigía a conmemorar el 70º aniversario de las muertes de Katyn, y homenajear a sus muertos, se estrellaba en el cuarto intento fallido de tomar tierra. El vuelo iba repleto de personalidades y de familiares de oficiales polacos fusilados que acudían a Smolensk, pero además viajaba el presidente Lech Kaczynski con su mujer,  casi todo su gabinete presidencial y los principales jefes del Ejército del país. Muchas dudas surgieron entonces acerca de los motivos del accidente. Hoy, muchos afirman que fue un cúmulo de negligencias el que provocó el desastre. Katyn es un nombre de sangre, llanto y orfandad.

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Monumento homenaje a los muertos en el accidente aéreo de 2010. A la izquierda puede leerse en nombre de Ryszard Kaczorowski, el último presidente polaco antes de la Segunda Guerra Mundial, que también falleció en el accidente, lo mismo que el entonces presidente Kaczynski

Acto de Graduación 2015-2016: enhorabuena a las nuevas promociones USPCEU

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Un grupo de graduados de Historia e Historia del Arte 2015-2016 acompañados de algunos de sus profesores. De izda. a dcha: Pablo Gª Sánchez, José Luis Orella, Javier Ibáñez, Emilio Poveda, María Saavedra, Juan González, Rocío Aldama, Aída Martínez, Hipólito Sanchiz, Concha Escrig, Luis Togores, Mar Gabaldón

 Miremos al futuro y vivamos una vida al servicio de los demás, al servicio de la verdad, del bien y del amor. Vivamos para mirar adelante, para luchar por los que vendrán, para honrar a los que se han ido. Luchemos para que, cuando esto acabe para nosotros, el mundo sea un lugar mejor para todos. Disfrutemos de nuestra Odisea.

(Cristina Sendra Ramos, Graduada en Humanidades

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Cristina Sendra y Guillermo Fernández hablaron en nombre de sus compañeros de promoción. En primera fila, de espaldas, los estudiantes de la 4ª promoción de Historia e Historia del Arte

Un años más, la Facultad de Humanidades en un emotivo acto entrega las becas y diplomas a todos sus graduados del curso 2015-2016. Y entre ellos, queremos destacar a nuestros estudiantes de Humanidades, Historia e Historia del Arte.

No encuentro mejor manera de rendirles homenaje, y de compartir la experiencia de ese día, y de estos cuatro años, que citando el discurso pronunciado por Cris Sendra, estudiante de Humanidades y periodismo, en representación de sus compañeros. El lector, a medida que vaya viendo las líneas que siguen, estará de acuerdo conmigo en que no hay nada que añadir…

“Hay una ley universal que a todos se nos impone, tarde o temprano: todo tiene un final. La última noche de vacaciones, la última página de un libro, el último día con una persona que has querido y que ya no está a tu lado. Esos días tienen el don de permanecer para siempre en la memoria, y de removernos por dentro. Hoy es uno de esos días para nosotros, se acaba el capítulo y tenemos que pasar página para ver qué nos depara el siguiente. Una profesora de primero nos advirtió de lo rápido que se pasarían estos años, y nos leyó un poema. En ese poema nos enseñaba que, al igual que Ulises en La Odisea, debíamos disfrutar del viaje que finalmente nos llevara a Ítaca, nuestro destino final.
Empezaba así:

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.

Nuestros caminos se cruzaron hace cuatro años y, por duro que nos pueda parecer ahora, hoy se separan. Espero que aún recuerdes a ese crío nervioso que intentaba hacer amigos en el curso cero, esos amigos que hoy, 4 años después, están aquí sentados a tu lado. Juntos hemos crecido, aprendido, disfrutado y madurado (o al menos esa era la idea).

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No sabíamos lo que nos esperaba, una senda empedrada con miles de sonrisas y de lágrimas. También de noches terminando el trabajo del día siguiente, de amistades, de discusiones, de murmullos y risas en la biblioteca en épocas de exámenes, quién sabe si de algún amor. Cuando llegamos nos esperaba un viaje increíble, una aventura con malos y buenos tragos, llena de experiencias, que hoy acaba. Pero nuestro viaje continúa enriquecido, porque no nos vamos de aquí con las manos vacías.
En esta universidad nos han dado los medios para construir nuestra futura vida. Y no estoy hablando solo de las asignaturas o los programas de ordenador, sino y sobre todo de los amigos, de las experiencias, de los saberes y de una guía para recorrer el camino de la vida. La Universidad nos ha enseñado algo que debe ser primordial en nuestra vida: la importancia de la búsqueda de la verdad. Como decía Antonio Machado: “Tu verdad no; la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.”
Si alguna vez habéis leído un libro policiaco seréis conscientes de lo difícil que se vuelve esclarecer qué ha pasado en realidad y determinar los hechos tal y como ocurrieron. Esa enrevesada búsqueda es precisamente a la que nuestras profesiones están llamadas con más fuerza: las humanidades, la historia, el arte, el periodismo, la publicidad, la comunicación audiovisual, el mundo digital y el magisterio tienen como objetivo construir a la persona en todas sus dimensiones, hacerlas grandes y conocedoras de la verdad. Y no manipularlas con mentiras o verdades a medias, supeditadas a presiones o intereses siempre inferiores a la realidad y siempre dañinos. Hablan de que somos el cuarto poder… Y no es mentira. Tanta responsabilidad, que está en nuestras manos, no deja de ser una oportunidad increíble para dedicarnos al servicio y no al abuso de los demás, para ser íntegros y unos excelentes detectives.
También nuestra vida necesita esa búsqueda incansable, encontrar el sentido de nuestra existencia, ese que será el hilo conductor de nuestro libro. En este camino es fundamental el asombro, aquel que nos lleva a admirar la belleza, y el amor. Dostoievski decía que la belleza salvaría al mundo, porque tiene la capacidad de hacernos sentir pequeños en un mundo muy grande, contemplar el deseo de eternidad y agradecer el regalo de la vida. De ella nacen las humanidades, es decir, la historia, el arte, la filosofía y la literatura, que responden al afán humano de encontrar respuestas. “Lo que permanece”, afirmaba Hölderlin, “lo fundan los poetas”.
Estas disciplinas tienen una enorme importancia a la hora de forjar nuestro
pensamiento y de protegernos de las mentiras. Ellas nos muestran que somos algo más que consumidores, que creernos superiores que otros por razas, sexos o categorías sociales es una farsa, que el dinero, o la fama no dan la felicidad como se nos promete.
Un esclavo acompañaba al César cuando este se paseaba triunfante por las avenidas romanas tras la victoria militar, y le susurraba continuamente: Recuerda, César, que eres mortal”. Esta es la misión de los estudios humanísticos: nos recuerdan que somos mortales, que tenemos límites, y que de imprescindibles están los cementerios llenos.
Hoy las Humanidades se intentan eliminar, se cuestiona su valor frente a los estudios científicos y los avances tecnológicos y se las tacha de poco útiles. Pero eliminarlas significa eliminar nuestra procedencia, nuestra esencia. Supone quedarnos a oscuras, sin luz en el camino, sin una guía que evite que nos dejemos encandilar por falacias, repetir los errores del pasado o vernos inmersos en la cultura de la indiferencia y la muerte.
Porque aquella persona que no busca el sentido de la existencia está muerta en vida, aunque tenga una casa enorme, muchos likes en Instagram o viva en la ciudad más tecnológica del planeta. No os dejéis engañar por el relativismo y la dictadura de lo políticamente correcto, sed críticos y apoyad vuestra vida en algo sólido que nadie pueda destruir o manipular. Que vuestra libertad sea lo último que puedan quitaros, y no lo primero.

EStudiantes de Humanidades, Historia e Historia del Arte, escuchando las palabras del Decano

Estudiantes de Humanidades, Historia e Historia del Arte, escuchando las palabras del Decano

No seáis mediocres, mantened los ojos abiertos. Chesterton decía que “la mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta”. No deis las cosas por supuestas, es indudable que estos cuatro años que hemos pasado juntos han sido un regalo, igual que la compañía que aquí nos contempla. Nuestros padres, hermanos, abuelos, parejas y amigos nos observan expectantes, tan emocionados como nosotros, tras haber luchado y triunfado. A vosotros os debemos el estar hoy aquí, sonrientes y con la piel de gallina, porque habéis soportado nuestros peores momentos y nos habéis acompañado y aplaudido en los mejores. Espero que lo sigáis haciendo.
Entre nosotros están nuestros profesores, maestros de vida, aquellos que se han
esmerado, con todo su empeño, dedicación y ganas en formarnos, no sólo como
profesionales, sino como personas. Vuestra cercanía, experiencias, sabiduría, paciencia o incluso enfados, nos han hecho crecer y aprender. Ya formáis parte de nosotros, os guardamos en el corazón y os estaremos siempre agradecidos por vuestro legado.
Hoy continúa nuestro camino, abrimos un nuevo capítulo. Sé que el futuro da miedo, que el fracaso aterra. Seguiremos luchando contra gigantes, contra molinos. Tendremos momentos en los que lo pasaremos mal, en los que cuestionarán nuestro valor. Pero también tendremos muchos otros en los que disfrutaremos como nadie de las profesiones que hemos elegido. Cada día nos levantaremos y sabremos que no estamos solos. Siempre nos acompañará una llamita, una luz cálida; una sonrisa que resume cuatro años muy cortos, cuatro años juntos que nos han unido y que me permiten decir que ya no somos compañeros, sino hermanos.
El protagonista de Gladiator decía que aquello que se hace en la vida tiene su eco en la eternidad. El día que llegue el ocaso de nuestra existencia, cada uno de nosotros tendrá un Coliseo lleno de gente, de todas aquellas personas a las que hemos llegado a través de nuestros escritos, vídeos, carteles o clases magistrales. De todas aquellas personas a las que hemos ayudado, o no, en su búsqueda de la verdad. Trabajad lo máximo, dad lo mejor de vosotros mismos para que ese día todos ellos os aplaudan de pie.
Miremos al futuro y vivamos una vida al servicio de los demás, al servicio de la verdad, del bien y del amor. Vivamos para mirar adelante, para luchar por los que vendrán, para honrar a los que se han ido. Luchemos para que, cuando esto acabe para nosotros, el mundo sea un lugar mejor para todos. Disfrutemos de nuestra Odisea. Las piedras en el camino nos ayudarán a conocernos a nosotros mismos, a comprobar nuestra fortaleza; y nos harán alzar nuestra mirada al cielo. El viaje estará lleno de sirenas, de cíclopes y de lestrigones, pero si os apoyáis firmemente en aquellos que os quieren, si os mantenéis íntegros, venga la tormenta que venga, vuestro barco jamás se hundirá. Al final siempre espera Ítaca.
Muchas gracias.”

Llamados a ser guardianes de la humanidad

nacho riendo Seamos gallardos, esta vez sí, para reconocer humildemente todos los valores que la universidad nos ha transmitido, como son la apertura y búsqueda de la verdad, siempre desde el respeto, la solidaridad y la cercanía, en una concepción integral del hombre, que busca la exigencia, para una excelencia en todas sus dimensiones personales. 

 

Con estas palabras, despedía el curso 2014-2015 Ignacio T. Bolívar Tejedo, representante de los estudiantes de Historia e Historia del Arte que recibieron sus diplomas de graduados en la Universidad San Pablo CEU el pasado 29 de mayo.

Un año más, profesores y estudiantes compartimos momentos emotivos. Atrás quedan cuatro intensos años, muchas horas de trabajo, muchas conversaciones… y sobre todo muchos buenos recuerdos. Los estudiantes se marchan de la Universidad habiendo hecho amigos para siempre. Y los profesores sabemos que nacen a nuestra profesión jóvenes preparados, con la buena ambición de cambiar -para mejor- el mundo que les toca vivir. Y por encima de todo, la ilusión por contar la Historia y la Historia del Arte con pasión.

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De izquierda a derecha, Ignacio, Victoria y Adela, los tres representantes de alumnos antes de pronunciar sus discursos

Pero esta es su hora. Dejemos que sea Ignacio Bolívar quien hable de lo que todos ellos llevan impreso en sus corazones. Así fue el discurso dirigido a compañeros, familiares y profesores

 Queridas familias, estimados profesores, amigos todos compañeros en el bien, la belleza y la verdad. Tal día como hoy, un 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary alcanza la cima del monte Everest. Me encantaría decir, en nombre de mis compañeros, y con la misma gallardía del alpinista, que hemos hecho cima al fin, tras cuatro años de duro ascenso. Pero prefiero ser sincero, para deciros que apenas hemos subido un monte, desde el que contemplar las imponentes montañas que cada cual elegirá culminar.

No obstante Hillary no subió solo a la cima del mundo. Sherpas y montañeros lo ayudaron. Nosotros hemos tenido la inestimable ayuda de nuestros queridos profesores, quienes conocen las montañas y los vericuetos de la profesión, a quienes la experiencia ha prevenido de los peligros que hoy nos advierten, y a quienes hay que agradecer, desde la sinceridad de nuestros corazones su entero esfuerzo y dedicación por hacer de nosotros estudiantes de éxito, y sobre todo, hombres mejores. Esfuerzo y dedicación que no siempre ha sido correspondido, y mucho menos compensado; más bien, no en pocas ocasiones habéis sido mal pagados con nuestras faltas de trabajo y disciplina. Por todo ello, quisiera aprovechar esta ocasión, en nombre de todos, para pediros perdón, y animaros a estar orgullosos, porque como decía séneca, “la recompensa de una buena acción, es el haberla realizado”.

También un 29 de mayo, pero esta vez de 1453, los turcos tomaban la ciudad de Constantinopla. Fue un duro golpe para Occidente, que veía cómo la barbarie, tras mucho asedio e insistencia, derrumbaba siglos de tradición y cultura. También nuestros tiempos son turbulentos, y nuestros enemigos muchos… “un fantasma se cierne sobre Europa”, advertía Marx, y el que hoy nos amenaza, es la deshumanización. En un mundo donde para alcanzar al “superhombre” la humanidad misma ha de ser destruida, donde el trabajo es mercancía en vez de dignidad, y el ocio ha perdido su sentido romano de cultivo y perfeccionamiento personal, para convertirse precisamente en un “negocio” (neg-otium)… en ese mundo, hacen falta humanistas.

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Se nos ha dicho muchas veces “el futuro es vuestro”… ¡mentira! … el futuro hay que conquistarlo. Se acercan tiempos oscuros y nos enfrentaremos a un reto diferente del de nuestros padres, quizá más duro, y que requiera más trabajo, esmero y lucha… bueno, a decir verdad seguro que criarnos a nosotros ha sido mucho más duro; pero recordemos que estamos aquí por vocación, y nuestra llamada es a ser guardianes de la humanidad amenazada. El mundo necesita humanistas; y me dirijo a todos, para no caer en la “barbarie del especialismo” del que habla Ortega. Nos toca ser héroes, y como nos dijo uno de nuestros profesores una vez, los héroes lo son, porque son pocos.

La lucha, en efecto es desigual, pero vamos bien armados. “nuestros barcos son sólidos” decía nuestro compañero Javier desde aquí el año pasado… Como nos ha recordado mi antes mi compañera Victoria, hace cuarto años se nos animó a no pasar por la universidad, sino a que la universidad pasara por nosotros. Especialmente hoy, es momento de que cada uno reflexione qué ha significado el CEU para nosotros. La crítica es muy fácil, e incluso cobarde. Seamos gallardos, esta vez sí, para reconocer humildemente todos los valores que la universidad nos ha transmitido, como son la apertura y búsqueda de la verdad, siempre desde el respeto, la solidaridad y la cercanía, en una concepción integral del hombre, que busca la exigencia, para una excelencia en todas sus dimensiones personales. Valores que el humanismo cristiano ha defendido durante siglos, con Cristo como modelo de “perfecto hombre”; valores que ahora se ven atenazados, y que requieren de hombres de verdad, humanistas que los defiendan.

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Graduados de Historia e Historia del Arte con algunos de sus profesores tras la entrega de diplomas. Foto: Robledano

¡Compañeros en el bien, la belleza y la verdad,  es hora de ser valientes, de conquistar el futuro! No será un camino fácil, pero sí necesario. Quizá la historia nos dé la gloria de recordarnos como la generación que se salvó, o quizá no, de nosotros depende. No dejéis de cultivar el saber, las letras, y las artes con verdadera pasión, pues decía Santa Teresa, cuyo centenario celebramos, que “si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor”. Ánimo a todos, y muchas gracias a vosotros y gracias a Dios.

“UN HORIZONTE INFINITO”: Segunda promoción de Graduados CEU Historia e Historia del Arte

Nosotros hoy, de igual forma, afrontamos el futuro, que como la Capilla Sixtina hace 506 años, se encuentra en blanco a la espera de que dibujemos en él todos nuestros proyectos, de que plasmemos todo nuestro talento,  en definitiva, de que imprimamos el legado de nuestra obra para el futuro. 

El pasado 10 de mayo, fue un día especial para estudiantes y profesores de los Grados de Historia e Historia del Arte de la Universidad CEU San Pablo. Se celebró el acto de Graduación de los estudiantes de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo 2013-2014

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Todos los recién graduados de Historia e Historia del Arte, recibiendo sus diplomas y sus becas. De izda. a dcha: Ana L. , Álvaro , Carlos, Javier G., Guiomar, Javier A., Irene, Juanra, Almudena, Natalia, Gloria

La intervención de Javier Amate, durante el acto de graduación, en representación de todos sus compañeros  de Historia, Historia del Arte y Humanidades, es la mejor muestra de la excelente preparación de un grupo de estudiantes que  en unas semanas se habrán convertido en grandes profesionales.

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Noelia Fernández y Javier Amate representaron con brillantes discursos a sus compañeros de promoción

“Queridas familias, estimados profesores, amigos todos que nos acompañáis en este momento tan significativo de nuestra vida. Un día 10 de mayo como el de hoy, el inmortal Miguel Ángel Buonarrotti comenzaba a pintar los frescos de la Capilla Sixtina. Pese a toda su genialidad, el pintor no imaginaba que acababa de empezar una de las obras cumbres del arte universal. Confiaba en su talento, en la minuciosa preparación que había hecho elaborando con sumo cuidado cada uno de los dibujos, de las composiciones, de los colores, en definitiva, de todo lo que iba a ser su trabajo.

Nosotros hoy, de igual forma, afrontamos el futuro, que como la Capilla Sixtina hace 506 años, se encuentra en blanco a la espera de que dibujemos en él todos nuestros proyectos, de que plasmemos todo nuestro talento,  en definitiva, de que imprimamos el legado de nuestra obra para el futuro.

Ante nosotros se abre un horizonte infinito, lleno de posibilidades y puntos de encuentro que somos incapaces de imaginar. Es verdad que tanta inmensidad suscita de forma inevitable el miedo a la incertidumbre, al qué será de nosotros, y más en una situación tan difícil como la que hoy toca vivir a tantos y tantos jóvenes. No obstante ¿Debemos de pararnos por eso? ¿Qué hemos de temer?  Aquel que nos ha dado a nuestras familias y todas las cosas buenas, el que nos ha colocado en esta universidad estos años ¿se va a olvidar acaso de nosotros y de nuestro futuro sonada la hora de zarpar? Tengamos confianza porque el futuro es nuestro y cada instante nos es regalado para cumplir la vocación a la que somos llamados.

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Nuestros flamantes graduados …

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… y las graduadas de la II Promoción

Al igual que nuestros antepasados, hoy nos aventuramos en lo desconocido. Pero estamos tranquilos, nuestros barcos son sólidos. Estos años en la Universidad han sido de preparación intensa. Mis compañeros y yo hemos llenado nuestras mentes de conocimientos, hemos hecho experiencia en la búsqueda del saber y hemos dado rienda suelta a nuestras inquietudes acompañados de muchos profesores.Hemos encontrando en el camino grandes maestros, referentes cuyo consejo y estela han de guiarnos de alguna forma toda la vida. 

Pero sin duda, lo más grande que nos llevamos de estos años es que vosotros, maestros y familias que hoy nos acompañáis, habéis soplado a nuestras velas el viento que como humanistas nos mueve: el verdadero interés por el hombre. A lo largo de estos años hemos estudiado historia, literatura, arte, filosofía, pensamiento político… pero todo nos habla de lo mismo: del hombre. Y si hay algo fundamental que aquí hemos aprendido es que la comprensión del ser humano no se limita al estudio de las circunstancias en que vivió o a las obras que dejó, sino que nace del interés real por las personas concretas. El interés por aquellos que nos precedieron y por aquellos que van apareciendo en nuestras vidas. Como decía Terencio: soy hombre, nada de lo que es humano me es indiferente.

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NAtalia, Guiomar, Almudena e Irene. ¡Felices!

Y es que nada hay más satisfactorio para un humanista, para un hombre, que descubrir y reconocer que el corazón del otro está hecho para lo mismo que el mío, que busca y desea lo mismo que el mío. Cuando esto se pierde de vista, es cuando el hombre se convierte en un verdadero lobo para el hombre, cuando el estudio de las humanidades se pervierte y sólo responde a intereses vanos y personales. El dejar de reconocer en el otro a un verdadero semejante nos lleva a situaciones tan desastrosas como la I Guerra Mundial cuyo centenario conmemoramos este año.

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El “photocall” montado por onceu fue el momento para disfrutar divertidos momentos después de la ceremonia

Por tanto, sólo desde este punto de partida cobran verdadero sentido nuestros estudios de humanidades, y sólo partiendo de este punto podremos construir juntos el futuro. Tomemos conciencia igual que Miguel Ángel antes de empezar su obra, y salgamos de aquí pidiendo vivir nuestra vocación con esta tensión. Pidamos también vivir confiados en la victoria, ya que nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo, y nosotros, igual que San Pablo queremos caminar confiados en que todo lo podremos en Aquel que nos conforta.”

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Javier Amate Expósito estudia 4º curso de Historia y de Historia del Arte en la Universidad CEU San Pablo

Todo el acto fue cubierto por los alumnos de onceu, que hicieron un magnífico trabajo. Puedes ver un resumen en el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=S4pTbO8AmQU

 

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