Estudiando historia y arte en Madrid

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Sorolla en París

Museo Sorolla comp

Sorolla está de plena actualidad. En menos de quince días (23 de noviembre) se inaugurará una gran exposición (Sorolla en París) en su casa-museo. Pero previamente a esa fecha los alumnos de 4º Historia e Historia del Arte han visitado la colección permanente. Algunas de sus pinturas más conocidas, como Paseo a orillas del mar o Caballo blanco se pueden contemplar en su magnífico taller.  En su despacho se observan otros retratos que hizo de los miembros de su familia, que se convirtieron en los principales modelos para el artista. Finalmente hay que destacar también la importancia que adquieren en este lugar el jardín o el patio andaluz, donde destaca el gusto popular.

 

María Ruiz de Loizaga

240 años del Real Gabinete de Historia Natural

foto saavedra “Esta es la historia de un hombre, Pedro Franco Dávila, un criollo nacido en Guayaquil, apasionado coleccionista y gran estudioso de la historia natural” (Del Catálogo “Una colección, un criollo erudito y un rey. Un gabinete para una monarquía ilustrada)

María Saavedra

El Museo Nacional de Ciencias Naturales conmemora con una exposición y un ciclo de conferencias en torno a la figura de Carlos III, el 240º aniversario de la apertura del Real Gabinete de Historia Natural.

Se suma así a las numerosas acciones conmemorativas del III Centenario del nacimiento Carlos III. Y, sin embargo, al menos para el gran público, esta exposición podría quedar ensombrecida pro otras, y eso no debe ocurrir.

El Real Gabinete de Historia Natural está vinculado a una figura que es relativamente poco conocida, don Pedro Franco Dávila, nacido en Ecuador en los tiempos del Virreinato, gran coleccionista y apasionado de la historia natural. Se trasladó a España con su colección, que se convirtió en la primera piedra del Real Gabinete, que se iría enriqueciendo con el tiempo.

Una parte de aquella colección se conserva en el Museo de Ciencias, y la exposición ha sido enriquecida con piezas prestadas por otros museos, como el Naval, el de América, el MAN, o la Pinacoteca del Prado.

Como señala la página web del Museo,

“Hace más de dos siglos, el  4 de noviembre de 1776,  abrió sus puertas por primera vez al público el Real Gabinete de Historia Natural de Carlos III. Un museo muy querido por el pueblo de Madrid, que tuvo desde el principio un carácter popular, abierto a todos y sin distinción de estamentos, algo muy raro en la época. 

Nosotros, el Museo Nacional de Ciencias Naturales, procedemos de ese Gabinete y queremos celebrar esta fecha tan especial a través de una exposición que rinda un pequeño homenaje a las personas que posibilitaron la creación del Real Gabinete de Historia Natural, cuyo impulso a la Ciencia en España fue tan importante.

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Una visitante contempla la recreación de trajes de época. Detrás, el Director del Museo, D. Santiago Merino

Un criollo erudito, su increíble colección de arte e historia natural, un rey fascinado por la naturaleza y un paseo por un Madrid ilustrado entre “tesoros”,  elefantes y osos hormigueros son algunos de los ingredientes que tiene esta muestra que, además, contará con diversos recursos escenográficos que harán más ameno el recorrido.”

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Un figurante recrea las dudas y decisión final de Carlos III ante la oferta de venta de la colección Franco. Al fondo, Javier Sánchez, Carmen Vela y el Almirante Zumalacárregui (al que un inesperado juego de luces hace parecer portador de una espada láser…)

La exposición se inauguró el pasado 4 de noviembre. Tuve la suerte de acceder a un pase semiprivado guiado por el comisario de la Exposición, Javier Sánchez Almazán, y verdaderamente es una oportunidad de conocer de cerca las inquietudes y curiosidad intelectual de algunos ilustrados de la Corte de Carlos III, muy especialmente la del criollo Pedro Franco Dávila.

Antes de la visita tuvo lugar el acto protocolario correspondiente, con intervenciones del Director del Museo, la Secretaria de Estado de Investigación, un representante de la Embajada de Ecuador, y el comisario de la exposición, entre otros.

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Al terminar la visita, un concierto de cámara amenizó el vino español que cerraba la inauguración. Intérpretesde la Sociedad Musical Joaquín Turina

Recomiendo muy vivamente dedicar una rato (breve, porque la exposición es pequeña a pesar de su valía) a sumergirse en el mundo de la cultura científica del siglo XVIII.

Un valor añadido es el folleto que el Museo ha preparado sobre la figura y la actividad científica de Franco Dávila, que servirán para dar a conocer mejor a este criollo ilustrado.

María Saavedra es Coordinadora de los Grados de Historia e Historia del Arte en la Universidad CEU San Pablo.

Toda la información sobre la exposición:

http://www.mncn.csic.es/Menu/Exposiciones/Temporales/seccion=1183&idioma=es_ES.do

 

Mary Beard, premio Princesa de Asturias

Merece la pena reflexionar al hilo de las palabras de la historiadora que ha recibido el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en su edición de 2016

MARY BEARD

  No ser capaz de pensar de forma histórica hace que seamos todos ciudadanos empobrecidos.

Majestades
Queridos premiados
Señoras y señores,
Amigos:

Debo comenzar diciendo que es un honor abrumador recibir un Premio Princesa de Asturias. Estoy realmente encantada de recibirlo no solo en mi propio nombre, sino también en nombre de todos los profesores, académicos y escritores que trabajan duro para hacer que nuestra conversación con el mundo antiguo sea tan viva, cautivadora y gratificante. Hay personas excelentes aquí, en Asturias, haciendo exactamente eso, a algunos de los cuales he tenido el privilegio y el placer de conocer en los últimos días.

También me gusta pensar que parte de este honor es para aquella antigua raza –a pesar de lo brutales, imperialistas y misóginos que eran, sin duda– cuya literatura todavía nos desafía, cuyas leyes y política informan las nuestras, cuyos hábitos extraños aún nos intrigan y cuyos rastros se encuentran, literalmente, debajo de nuestros pies. Hablo, por supuesto, de los romanos. Y debo añadir que lo he pasado bárbaro buscándolos justo debajo de la superficie de la tierra de Asturias, cuando visité este martes la villa de Veranes.

Esa visita fue parte del programa cultural de esta semana, que para mí ha sido un claro ejemplo de la mejor forma de concebir la historia (tanto antigua como moderna). La historia no es simplemente un tema reservado a unos pocos profesores solitarios encerrados en sus bibliotecas. Se trata de una actividad ciudadana, comunal y compartida en la que espero que todo el mundo pueda participar, desde los niños pequeños a sus abuelos, desde los ávidos lectores de libros a los que encienden los televisores desde sus sofás. No ser capaz de pensar de forma histórica hace que seamos todos ciudadanos empobrecidos.

Eso es porque la historia no es simplemente sobre el pasado. Como conversación entre el presente y el pasado, tiene tanto que ver con nosotros. Ahora bien, no quiero decir con esto que podemos aprender lecciones directamente de la historia (la historia no es un libro de respuestas a los problemas actuales). Pero sí nos enseña acerca de nosotros mismos, desafiando nuestras certidumbres culturales y abriendo nuestros ojos a distintas perspectivas. Y alienta una cierta humildad cultural. Por supuesto, ha habido ‘progreso’ (a pesar de todo el trabajo sobre los derechos de las mujeres que aún queda por hacer en todo el mundo, no hay ninguna mujer en el planeta que elegiría volver a la antigua Roma, a menos que estuviera segura de tener un billete de vuelta). Sin embargo, aún tenemos esclavos (aunque no los llamamos así), y no hay best seller en el mundo occidental que haya tenido más lectores que La Eneida de Virgilio.

Nuestra historia también cruza nuestras fronteras modernas. Hay un famoso poema inglés escrito por un poeta del siglo XVI, John Donne, que comienza “Ningún hombre es una isla / algo completo en sí mismo / cada hombre es un fragmento del continente”. Me temo que mis compatriotas olvidan su mensaje, pero ha estado rodando por mi cabeza esta semana: en los eventos que hemos disfrutado juntos, me he sentido parte de una historia compartida y de un continente compartido.

Y por todo eso me siento muy afortunada, por cierto. Gracias.

Polonesas (II) Nombres que NO se lleva el viento

Pero los polacos, conscientes de que su historia es pilar de su identidad, han querido poner nombres a aquellos miles de muertos

Polonia lleva  su nombre y su historia escritos en sangre. La de tantos héroes que se han esforzado a lo largo de la historia en mantener viva la nacionalidad forjada contra viento y marea.

Recuerdo la primera vez que visité Polonia, en el verano de 1990. Apenas despegaba el país de las décadas en que se había visto encadenada al régimen soviético. Por aquel entonces, en muchas parroquias podían verse recortes de prensa y fotografías del Padre Jerzy Popieluszko, aquel joven sacerdote torturado y asesinado en 1984. Era muy reciente. A nosotros, estudiantes universitarios venidos de España, nos resultaba difícil creer que aquel “telón de acero” bautizado así por Churchill hubiera sido un velo a los ojos de Occidente, desde 1945 hasta 1989, y que no se supo o no se quiso actuar.

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Monumento al Soldado Desconocido, Plaza del Mariscal Józef Pilsudski (Varsovia)

Ahora, al regresar a Polonia después de tantos años, he podido comprobar cómo los polacos se han esforzado en no rememorar héroes anónimos, sino personas con un nombre concreto, con identidad histórica. Existe en Varsovia, como en la mayoría de las capitales del mundo, un monumento al “Soldado desconocido”, junto a la que hacen guardia permanentemente dos militares.

Pero además, por toda la geografía polaca se pueden leer los nombres de centenares de personas que dieron su vida por defender la dignidad y libertad de su Patria. Los bosques, los caminos, las carreteras, hasta las aldeas más pequeñas, cuentan con placas en las que queda registro de los nombres de soldados, civiles, religiosos, párrocos, fallecidos de manera violenta a lo largo de los siglos y, de manera muy especial, a partir de 1939.

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Monumentos levantados en homenaje a civiles y sacerdotes en el distrito de Siennica

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En la iglesia de la Santa Cruz, en Varsovia, una capilla se dedica a rezar por las víctimas de Katyn. Cargada de simbolismo, destaca el retorcido metal en forma de verja, que recuerda los campos de concentración y de exterminio.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay un hecho especialmente presente en la memoria histórica polaca: Katyn, la masacre de más de 20.000 polacos, entre los que se encontraban soldados, oficiales y civiles. Hasta 1990 Rusia no reconoció la responsabilidad de la URSS en los asesinatos, y en 1992 el presidente Boris Yeltsin entregaba a Polonia papeles desclasificados entre los que se encontraba la orden firmada por Stalin que condenaba a muerte a aquellos prisioneros retenidos en el bosque de Katyn, en Smolensk.

Pero los polacos, conscientes de que su historia es pilar de su identidad, han querido poner nombres a aquellos miles de muertos. En la catedral castrense de Varsovia, una capilla está ornamentada con miles de pequeñas placas en las que se han impreso los nombres de las víctimas de Katyn.

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Placas conmemorativas con los nombres de polacos masacrados en Katyn en 1940

Además, desde 2010, Katyn se une a otra tragedia de la historia polaca. el 10 de abril, un avión que se dirigía a conmemorar el 70º aniversario de las muertes de Katyn, y homenajear a sus muertos, se estrellaba en el cuarto intento fallido de tomar tierra. El vuelo iba repleto de personalidades y de familiares de oficiales polacos fusilados que acudían a Smolensk, pero además viajaba el presidente Lech Kaczynski con su mujer,  casi todo su gabinete presidencial y los principales jefes del Ejército del país. Muchas dudas surgieron entonces acerca de los motivos del accidente. Hoy, muchos afirman que fue un cúmulo de negligencias el que provocó el desastre. Katyn es un nombre de sangre, llanto y orfandad.

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Monumento homenaje a los muertos en el accidente aéreo de 2010. A la izquierda puede leerse en nombre de Ryszard Kaczorowski, el último presidente polaco antes de la Segunda Guerra Mundial, que también falleció en el accidente, lo mismo que el entonces presidente Kaczynski

Polonesas (I) Los bosques polacos, testigos mudos de la Historia

Polonesa es, según nuestro Diccionario, una composición musical que imita cierto aire de danza y canto polacos. La mayoría estaremos de acuerdo en que más allá de las fronteras polacas ha sido el genial Chopin quien en mayor medida ha contribuido a su conocimiento y difusión.

Iniciamos una serie de entradas sobre Polonia y las hemos  titulado polonesas, aunque pretendemos que sean composiciones sin acabar. El lector, al hilo de imágenes, textos y relatos con “cierto aire polaco”, compondrá  su propia pieza musical partiendo de retazos de la historia y costumbres polacas que aquí irán apareciendo.

 

LOS BOSQUES POLACOS, MUDOS TESTIGOS DE LA HISTORIA

Adentrarse en cualquiera de los múltiples bosques que recorren el territorio polaco es una experiencia que tiene algo de místico, algo casi sagrado, o, al menos, una impronta de lo trascendente. Caminar por esa arena cenicienta, mirando –y saboreando- a los lados moras, arándanos, manzanas…mientras el sol apenas puede abrirse camino entre altísimos árboles que compiten en su carrera hacia el cielo, es algo que no se olvida fácilmente.

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La naturaleza se hace aquí a la vez imponente y acogedora. Los múltiples tonos de verde invitan a adentrarse, a curiosear en busca de esa fauna que varía desde los cérvidos hasta las frágiles mariposas de infinitos colores, pasando por lobos, zorros… pero el caminante curioso encuentra no solo la belleza callada de animales y plantas. En algunos claros, al igual que en toda Polonia, aparece la huella del ser humano en forma de cruz. Porque la cruz debería ser uno de los símbolos de un pueblo que pocas veces en su historia ha gozado de la paz, y que a duras penas en los últimos siglos ha logrado sobrevivir a la voracidad de sus vecinos. Un pueblo que puede enorgullecerse de haber “resucitado”como nación a pesar de perder las fronteras que lo materializaban en Estado.

trescrucesEn la Reserva Natural de Jedlyna, en el distrito de Minsk (Mazowieckie), hay un pequeño claro, visible solo para el ojo atento, en el que se levantan tres cruces con una pequeña lápida. Un cartel explica que se levantó aquel discreto monumento como homenaje a los héroes del levantamiento de 1830. Si, además, uno tiene la suerte de llegar hasta allí con un polaco, éste te contará que años más tarde, a este monumento se añadió tierra del bosque de Katyn, con el deseo de ampliar ese homenaje a los oficiales polacos masacrados por los soviéticos en el bosque cuyo nombre, de triste memoria, es omnipresente en el territorio polaco. Los polacos aman y cultivan su historia, como parte de esa identidad quebrantada pero nunca del todo robada.

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Al final del texto en polaco que acompaña ese pequeño espacio de contemplación y homenaje, se encuentran unas palabras sobrecogedoras cuyo sentido en castellano  sería algo así:

Los bosques polacos están llenos de cruces que conmemoran todos los levantamientos y guerras sufridos, y ocultan las cenizas de tantos patriotas polacos. Por este motivo merecen nuestro respeto.”

 

Ante este texto solo cabe callar, contemplar… y si quien camina es creyente, rezar una oración por tantas vidas arrancadas violentamente de la tierra polaca.

María Saavedra. Boza Wola, agosto 2016

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