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Preparando el 12 de octubre: dos libros del venezolano Juan Garrido

Dentro de pocos días conmemoramos el aniversario de aquel 12 de octubre de 1492, hace 521 años, en que alguien (el supuesto Rodrigo de Triana) desde una de las naves de la expedición de Cristóbal Colón grito la palabra esperada “tierra”.  Aquel grito supuso para el centenar de hombres que acompañaban a Colón un alivio frente a las penalidades pasadas durante semana. Pero para la Humanidad supuso el inicio de un cambio de era, un paso hacia la “globalización” del mundo.  El descubrimiento de la la Quarta Orbis Pars intuida por los clásicos.

Como este blog tiene una sección denominada “El sueño americano”, queremos dar importancia a esta conmemoración, y publicaremos varias entradas referidas a América.

Empezamos con el comentario a un acto que -como muchos de los sucesos importantes- pasó ayer casi oculto en Madrid. Se trataba de la presentación de dos libros del Dr. venezolano D. Juan Garrido Rovira, y la convocatoria del VI Foro Iberoamericano FIBED. Presidían el acto D. Alejandro Kawabata, como anfitrión de la institución, y D. Rafael Mateo Tarí, de la Fundación FIBED. Presentaba el libro el Catedrático de la Universidad CEU San Pablo, D. Alfonso Bullón de Mendoza.

 

El acto fue ameno, interesante, y tuvo lugar en una sede más que adecuada.  Porque la Secretaría General Ibero-Americana es el espacio idóneo para compartir ideas que tiendan puentes entre España y América. Y de eso se trataba. Los títulos de los libros del Dr. Rovira lo dicen todo: Razón y refrán en Sancho Panza y Una realidad llamada Iberoamérica. Son libros breves pero enjundiosos (para expresar grandes ideas no hacen falta muchas palabras: pero es preciso escogerlas bien). El cervantismo en América es una realidad presente desde la publicación de la primera edición del Quijote. Y es precisamente ese cervantismo -o quijotismo, que no siempre son nítidos los límites entre uno y otro- uno de los elementos que han configurado la cultura y el ser Iberoamericanos.

Otro día reseñaremos los libros. De momento, me conformo con comentar las ideas reflejadas por los cuatro ponentes. Se habló del “activo cultural iberoamericano”, como elemento a cultivar desde ambos lados del Atlántico. Se habló de construir a base de dejar de lado asuntos que puedan dañar la unión y que no sean esenciales (la famosa guerra de nombres: Hispanoamérica, Iberoamérica, Latinoamérica…). Y se habló de trabajar mucho y bien, desde diversos puntos de vista (académico, social, empresarial…) por fortalecer los lazos que nos unen con aquel nuevo mundo avistado en un 12 de octubre.

Como ayer decía uno de los ponentes, el error de Colón (creer que a Asia se llegaba navegando por el Atlántico) hoy es una verdad: el camino a Asia puede iniciarse en España, y a través de América llegar al Lejano Oriente.  En un momento de encrucijada como el que vivimos, España debería mirar más a su socio natural, América, y entender ese continente no como un obstáculo entre la Península y Asia, sino como un puente que le permitirá acercarse cada día más. Y ese puente lo construimos entre todos.

María Saavedra Inaraja

Tras los pasos de Carlos V (y IV) Gante

Mis impresiones flamencas vinculadas a Carlos V terminan precisamente en la ciudad en que todo comenzó, cuando en la madrugada del 24 de febrero de 1500 la princesa Juana de Castilla daba luz a su hijo Carlos, futuro Emperador de Alemania, rey de España y Señor de Países Bajos. La inmensa herencia que reunía en su persona el recién nacido se debía a sus cuatro abuelos: María de Borgoña, Maximiliano de Austria, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.

Quiso la suerte que en esta ciudad de Gante, capital de Flandes oriental, viera por primera vez la luz aquel niño que en su madurez, tras haber sido el mayor soberano de su tiempo, renunciara a sus posesiones y decidiera terminar sus días en un sobrio monasterio en Extremadura.

GANTE PEDRODEGANTE

Placa conmemorativa del nacimiento de Fray Pedro de gante, dominico evangelizador de la isla Española

La llegada a la estación de tren en Gante no anuncia en absoluto lo que luego se descubrirá en el centro de la ciudad. Habla de una ciudad moderna y tranquila, de calles amplias por las que circulan coches, tranvías, autobuses y bicicletas en un complejo juego de supervivencia.

En la caminata hasta el centro, durante media hora, me encuentro una agradable sorpresa: una placa conmemora el nacimiento de Fray Pedro de Gante. El olvidado monje dominico a quien tanto deben los indios americanos .Uno de los primeros misioneros franciscanos españoles en México, autor de un Catecismo pictográfico que se conserva en la Biblioteca Nacional de España. Su nombre debía estar escrito en letras de oro en cualquier libro de historia de América. Al menos Gante ha sabido reconocer a uno de sus más importantes hijos dedicándole este recuerdo.

GANTE DESDE PUENTE

Vista desde el Puente de San Miguel

Tras esta primera sorpresa, recorremos los metros que nos llevan al centro histórico. Y entonces, como por ensalmo, aparece la encantadora ciudad medieval y renacentista que fue. Desde el puente de San Miguel, sobre el río Leie, la vista de los edificios más emblemáticos de la ciudad es espectacular: la iglesia de San Nicolás, el Ayuntamiento, el antiguo mercado de tejidos, y la Catedral de San Bavón.

Entramos en la Catedral, grandioso edificio gótico iniciado en el siglo XIII, son muchas las obras de arte que pude admirar, entre otras un cuadro de Rubens que representa al santo patrón. Pero todos dirigimos nuestros pasos a una pequeña capilla –antiguo baptisterio- que encierra lo que los ciudadanos consideran la joya más importante de su ciudad: el políptico del Cordero Místico, pintado por los hermanos Van Eyck en 1432 y que ha pasado por todo tipo de avatares hasta terminar con casi todas sus tablas –a excepción de una que sigue perdida- en el conjunto de esta capilla. Realmente es un gozo para la contemplación, acompañada de una explicación extensa sobre cada una de las escenas que aparecen representadas.

GANTE CASAS RIO

Casas junto al río Leie

La visita a la Catedral lleva bastante tiempo, y al salir hacemos un pequeño descanso. Continúa nuestro paseo en dirección al río, que atravesamos por el puente de San Miguel. En ambas orillas se suceden las típicas casas gantianas, alegres y decoradas con flores.

GANTE CASTILLO

Castillo condal, iniciado en el siglo IX, por el Conde de Flandes Balduino Brazo de Hierro

Continúa mi búsqueda de la señal del paso de Carlos V por la que fue su ciudad natal. Mientras con el plano trato de situar el lugar donde estuvo la Casa del Príncipe, que le vio nacer, veo cómo se levanta sobre el río, grandiosa, la magnífica mole del castillo condal, Het Gravensteen, cuya construcción se inició en el siglo IX. Impresiona la solidez de sus muros grisáceos, que se asoman a la plaza de Sin Veerleplein, encantador rincón rodeado de casas de los siglos XVI y XVII, y la imponente fachada barroca del mercado de pescados. En el centro de la plaza, una columna de justicia del siglo XV, la picota, donde se llevaban a cabo las ejecuciones.

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Estatua en honor al Emperador Carlos

Y yo sigo, tenaz, a la busca de un reconocimiento por parte de la ciudad del que ha sido su ciudadano más importante, el Emperador Carlos. Y por fin, casi saliendo del centro histórico, en lo que llaman Prisenhof, encuentro la llamada Puerta Oscura, un arco doble que acoge una bóveda de entrada, y es el único resto que queda del palacio donde nació Carlos V.   Junto a la puerta hay una escultura de metal que no se distingue bien, y al interpretar la placa, veo que es un homenaje a los nobles de Gante que se negaron a financiar las campañas de su Señor Natural. Algo más alejada, por fin, una estatua del Kaiser Karol, en un pequeño parque, que pasa casi desapercibida.  Esto es todo lo que encuentro del que fue señor de dos mundos, Emperador y Rey, defensor de la cristiandad contra el turco y del catolicismo contra la reforma.

Gante se gloría de su actual condición de ciudad universitaria, de su capitalidad de Flandes oriental, pero apenas recuerda que fue cuna del hombre más grande de la primera mitad del siglo XVI.

En cualquier caso, el paseo continúa, las casas junto al río siguen teniendo su encanto, y la amabilidad de los ganteses compensan en cierta medida su falta de memoria histórica…

María Saavedra

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