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Un rey iberoamericano. Don Juan Carlos y la Comunidad Iberoamericana de Naciones


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“El Rey … asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica” (Constitución española, art. nº 56) 

María Saavedra Inaraja

Estaba previsto comenzar la semana en este blog con una entrada sobre los estudios de historia, la prueba de acceso a la universidad, y la excelencia académica.

Pero a todos se nos han roto los esquemas esta mañana con la noticia resumida en una frase, que hemos visto escrita en todos los medios españoles apenas pasadas las 10.30 h: “he decidido poner fin a mi reinado y abdicar la Corona de España.” Don Juan Carlos I, igual que hiciera su abuelo, el rey Alfonso XIII, pone fin a su reinado. Las circunstancias -pese a lo que algunos se empeñen en hacernos creer- son infinitamente diferentes. Y, por tanto, muy distintas serán las consecuencias. Al frente del Estado vamos a tener a otro hombre preparado desde la infancia para guiar el timón de este barco llamado España, ahora algo maltrecho, pero que ha navegado aguas mucho más turbulentas y ha salido de ellas.

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Entre las muchas líneas que se van a escribir, no dudo que habrá incontables referencias a Iberoamérica.  Pero ese es el prisma desde el que voy a abordar estas reflexiones. Como historiadora y como americanista.

Hace apenas unos días, fui invitada a participar como ponente en unas Jornadas organizadas por la Fundación Institucional Española y la Universidad Complutense, celebradas en la Casa de América. El título no puede ser más oportuno: “España e Iberoamérica: una política de Estado. El protagonismo de la Corona“.

Mi ponencia tal como me propusieron los organizadores) se centraba  en  Los cinco principios de la política iberoamericana de España. Estos principios, que fueron definidos por el rey desde sus primeros momentos en en trono español eran los de interdependencia, credibilidad, continuidad, indiscriminación y comunidad.

No se trata ahora de extenderme en lo que fue media hora de exposición. Pero sí quiero resaltar algunas ideas que entonces se platearon.En primer lugar, el hecho de que la política iberoamericana del titular de la Corona viene señalado por nuestra Constitución, en su art. 56:

“El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica 

La Constitución se lo exige, pero ya el Monarca había hecho suya esa obligación, cuando realizó su primer viaje fuera de España como Jefe de Estado a República Dominicana. Y en un encuentro con representantes del Congreso venezolano, en Caracas, el 9 de septiembre de 1977, el rey ya mencionaba cuáles serían esos cinco principios sobre los que se iba a articular la política española con “las naciones de su comunidad histórica”.

Hace cien años, Miguel de Unamuno afirmaba que en España existía un gran desconocimiento de la realidad americana. Se lamentaba don Miguel en 1904: “La verdad es que aquí no nos interesamos gran cosa por lo que a América respecta, hasta tal punto, que la inmensa mayoría de los españoles que pasan por ilustrados ignoran los límites de Bolivia o hacia donde cae la República del Salvador, ni los americanos sienten ganas de venir acá.”

Hoy muchas cosas han cambiado. A lo largo del siglo XX las relaciones de España y las repúblicas americanas han sido complejas, como compleja ha sido la situación política a ambos lados del Atlántico. Con el regreso de la democracia a nuestro país, se retomó –con sosiego, con prudencia, evitando falsas hegemonías-, la idea de comunidad iberoamericana. Se articula en torno a esos cinco principios que, lejos de ser inmovilistas, han ido generando fórmulas diferentes, creativas, adaptadas al transcurrir del tiempo.

Los propios discursos de tema americanista de don Juan Carlos mantienen el espíritu, pero han variado  las formas desde aquellos momentos iniciales de su reinado.

Considero paradigmáticos de esta evolución  dos aniversarios que, de alguna manera, han generado especial interés por la realidad iberoamericana y que, a la vez, han desarrollado maneras diferentes de acercarse a la gestación de un espíritu de alianza.

Se trata de la conmemoración del Descubrimiento de América en 1992, y de la conmemoración de los Bicentenarios de las Independencias de la América continental, en la que nos encontramos inmersos desde 2009, y se mantendrá viva al menos hasta 2024, aniversario de la Batalla de Ayacucho. Los años transcurridos entre ambas conmemoraciones permiten apreciar la  evolución de la política española hacia Iberoamérica, igual que la respuesta de las naciones americanas ante esa política.

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Cumbre Iberoamericana de Cádiz. 2012

Y el resultado, la formación y consolidación de un proyecto que podemos considerar fue una apuesta casi “personal” de nuestro monarca: la Comunidad Iberoamericana de Naciones. No se ha quedado en mera declaración de intenciones. Se ha plasmado en la celebración de las 23 Cumbres Iberoamericanas de jefes de Estado y de Gobierno, celebradas anualmente desde la primera, en Guadalajara (México) de 1991. En la Declaración Final de aquella primera Cumbre se afirmaba como propuesta a futuro:  “La celebración de estas reuniones permitirá avanzar en un proceso político, económico y cultural a partir del cual nuestros países podrán lograr juntos una mejor y más eficiente inserción en un contexto global en plena transformación.”

Así ha sido. Y el rey, como Jefe de Estado, ha tenido un papel protagónico, que ha mantenido la continuidad en entornos políticos cambiantes.

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Y esa continuidad es la que la institución monárquica asegura. Alguien dijo que, mientras un presidente de república de la noche a al mañana construye un parque, un rey planta la semilla de un bosque; el monarca no verá el fruto, pero la sombra de sus árboles servirá de refresco y solaz a  la generación de sus nietos. Don Felipe de Borbón cuidará y verá crecer la semilla sembrada por su padre en la política  con las naciones de nuestra comunidad histórica.

María Saavedra Inaraja es profesora de Historia de América en la Universidad CEU San Pablo

 

Mujeres en la historia: una princesa inca en España

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María Saavedra Inaraja. Profesora de Historia. Universidad CEU San Pablo

Recientemente se ha estrenado en una cadena de televisión  española una miniserie de temática histórica y, de nuevo, con mujeres como protagonistas. En este caso, se trata de un grupo de “colonizadoras” del siglo XVI que viajan a América para desposarse con los españoles establecidos allí durante las guerras de conquista.

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Fotograma de la serie “El corazón del Océano”. Tomado de www.formulatv.com

Algunos medios han ofrecido titulares como “feminismo y épica”, “una mujer enfrentada a prejuicios de la España del siglo XVI”… No me cabe la menor duda de que muchos verán la serie atraídos por estos titulares.

Yo no he visto el capítulo emitido, y por este motivo no voy a habar de ella.  Pero el hecho de que triunfen estas temáticas deja algo claro: la historia, y en concreto el papel de la mujer en la misma, tienen tirón en los medios.

No me gusta hablar de “historia de las mujeres”, y mucho menos de “historia de género”. Pero me parece interesante que se quiera rescatar a la mujer como protagonista de numerosos sucesos históricos. Y esto me lleva a retomar un tema que me interesó hace tiempo, y queiro compartir.
Se trata de una mujer. Del siglo XVI, y en absoluto convencional. Nada menos que la hija que el conquistador del Perú, Francisco Pizarro, tuvo con una mujer de la nobleza incaica y que, habiendo nacido en Perú, terminó sus días en Castilla. Disfruten recordándola.

El encuentro

Cuando en noviembre de 1532 Pizarro se encontró con Atahualpa en la ciudad andina de Cajamarca, el Imperio de los Incas se encontraba convulsionado por una guerra entre los dos hijos del último gran soberano, Huayna Capac. Y entre los regalos que Atahualpa, en su deseo de ganar para su causa a Pizarro, entrega al conquistador, se encuentra una joven de sangre real, hija del anterior soberano, llamada Quispesisa. Fue bautizada con el nombre de Inés Huaylas, y fruto de su unión con Pizarro nacerían dos ilustres mestizos, Francisca y Gonzalo. El niño murió pronto, pero la niña sobrevivió, y tras el asesinato de su padre, en un Perú que se desangraba por las disputas entre los conquistadores, fue enviada a España donde sería tratada como correspondía a una mujer de sangre real.

Llegada a Castilla y matrimonio con su tío

Palacio de la Conquista

Palacio de la Conquista, en Trujillo

Tras su desembarco en la Península, el propio Felipe II le escribía preguntándole dónde quería instalarse a vivir. Pero su tío Hernando, hermano de Francisco, tenía ya pensados planes para la joven de diecisiete años, que contaba con una inmensa fortuna. Así, tras una visita de la ilustre mestiza al castillo de la Mota, donde Hernando cumplía condena por el asesinato de  Diego de Almagro, se celebra el matrimonio de Francisca con su tío, ya cincuentón.

No tenemos noticias de que fuera desdichado este matrimonio, del que nacieron cinco hijos, muriendo todos ellos bastante jóvenes, salvo Francisco, el mayor, que contaría entre su progenie con el II Marqués de la Conquista.

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Cuando Hernando pudo abandonar el Castillo de la Mota, se traslada el matrimonio a Trujillo. Allí mandan construir el Palacio de la Conquista, magnífico exponente de la arquitectura española del siglo XVI. En el soberbio balcón que hoy asoma a la plaza mayor aún se pueden ver las figuras de los padres de Francisca, y del propio matrimonio formado por Francisca y Hernando. La estatua levantada en honor a Francisco Pizarro contempla hoy desde el centro de la Plaza Mayor las construcciones que enriquecieron la villa de Trujillo a la vuelta de tantas expediciones conquistadoras.

La independencia

Doña Francisca enviudó en 1578, con 44 años y, frente a lo que sería habitual, no se recoge en un convento, sino que vuelve a contraer matrimonio, con un hombre mucho más joven que ella, don Pedro Arias Puertocarrero, hijo del Conde de Puñoenrostro. Se trasladaron a  vivir a la Corte, donde el nuevo marido saldaría muchas de sus deudas gracias a la fortuna de su esposa.

La vida de la primera mestiza del Perú se apagó en Madrid el 30 de mayo de 1598, cuando contaba con 63 años de edad. Una vida intensa, en la que no faltaron amores, dolores,  riqueza, guerra, y sobre todo la conciencia de formar parte como protagonista de una nueva etapa de la historia que se iniciaba precisamente cuando los pueblos europeos y americanos se fundían para crear un mundo mestizo.

 

Hispanoamérica, estímulo para España

Escribía en el año 1926 Américo Castro unas reflexiones sobre las relaciones entre España e Hispanoamérica, que viene muy bien recordar en los momentos que atravesamos. Publicado en La Revista de las Españas, su artículo llevaba por título “Hispanoamérica como estímulo”.

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Decía así el maestro: “Venimos siempre a este resultado: el americanismo es para nosotros una forma más de hispanismo. En el proceso reconstructivo que parece iniciarse en España, uno de los más eficaces estímulos que pueden influir en la vida nacional es América. Hemos de dar a aquel continente lo que podamos, en cada caso, en la medida que a los americanos les interese aceptar nuestros valores de todo orden; hacerlo, no sólo es cuestión de honor, sino vital. La percepción clara y tenaz de esa exigencia ha de obligar a España a subir el nivel de su cultura y de su eficiencia humana. Y si un día llegara en que el fondo común hispano lograra desarrollos nuevos y excelsos, el respeto, el interés y la comprensión mutuos labrarían por sí mismos el perímetro de la unidad ideal en que hubiésemos de movernos. Ese día, el ánimo separatista de algunos catalanes se esfumará como aspiración absurda, propia de un enfermizo provincianismo.”

Este párrafo era la continuación de una frase lapidaria:  “O nuestros productores se hacen más cultos y más enérgicos, o perderán en absoluto los mercados de América.

Por tanto, una buena dosis de sentido práctico venía a avalar un planteamiento teórico: el de la grandeza y fortaleza de la unión.

Actualmente, España se encuentra en una encrucijada parecida a la descrita por Castro. Podemos mirar -con complejos y sacando pecho artificialmente- a Europa, o podemos reanudar nuestro diálogo económico y cultural con América. Una América que, como escuché recientemente, está confirmando la errónea teoría de Colón: navegando hacia el poniente se llega a Asia.COLON

Y es que ahora América mira mucho más hacia Asia que hacia la quebrantada Europa. ¿Por qué no aprovechar el activo de un pasado y una cultura con muchos elementos comunes, para tender lazos que pasando por América lleguen al Oriente?

La Cumbre de Panamá podría marcar un punto de inflexión en la dirección de nuestras miradas.  Y contar con el empuje de América para  romper ese encorsetamiento europeo que nos asfixia. Y no abogo por abandonar la integración europea. Se trata de aprovechar la oportunidad que tenemos de ampliar nuestros horizontes, y a nuestra tradición histórica de proyección europea en el Nuevo Mundo

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Al final, ¿tendría razón Colón? El tiempo, y las acciones puestas en marcha tanto por las instituciones públicas como por iniciativas privadas, responderán a esta pregunta.

María Saavedra Inaraja

Quinto Centenario del Descubrimiento del Océano Pacífico

Vivan los muy altos e poderosos señores reyes don Fernando e doña Juana, Reyes de Castilla e de León, e de Aragón, etc. en cuyo nombre e por la corona real de Castilla tomo e aprehendo la posesión real e corporal e actualmente destas mares e tierras, e costas, e puertos, e islas australes…(1)

Vasco Núñez de Balboa (Jerez de los Caballeros, 1475 – Acla, 1519)

Con estas palabras, recogidas por el escribano de la expedición, Vasco Núñez de Balboa tomaba posesión del Océano Pacífico en nombre de los reyes de Castilla, el 29 de septiembre, entonces fiesta de San Miguel Arcángel, de 1513.

En torno al V Centenario, se están desarrollando distintas actividades, de carácter oficial y privado, académico y de divulgación. Afortunadamente, frente a los sucesos de otro Quinto Centenario, el de 1492, la ideología y la visceralidad deja paso al buen hacer histórico.

Resultan significativas (por opuestas a muchas intervenciones políticas en 1992) estas palabras del Presidente de la Junta de Extremadura, haciendo referencia a los eventos programados para esta conmemoración: Porque nuestro ADN es el de grandes conquistadores y  hoy recordamos a Vasco Núñez de Balboa, que dejó su hacienda, dejó una cómoda vida, para convertirse en unos de los descubridores españoles más importante en América del Sur. Su ADN es también el de los miles de extremeños que marcharon a otras comunidades para hacerlas grandes con sus manos.”

Volvamos a septiembre de 1513. El momento solemne arriba descrito, culminaba toda una fase de las exploraciones españolas hacia el occidente del Atlántico. Aquello que Colón nunca quiso reconocer, pues le parecía que entre Europa y Asia sólo había un océano, fue definitivamente confirmado por la expedición de Balboa.

El viaje, como tantos otros protagonizados por los españoles de su tiempo, estuvo plagado de luces y sombras, pero destacó el arrojo y valor de un puñado de hombres, con  Balboa a la cabeza, que vencieron todo tipo de infortunios, y consiguieron atravesar a pie el istmo de Centroamérica, desde la recién fundada ciudad de Santa María la Antigua del Darién. Fueron 190 los españoles que, acompañados por algunos guías indígenas, iniciaron la expedición, con una jauría de perros de guerra, que puso el punto oscuro de aquella gran hazaña. Finalmente, el 25 de septiembre de 1513 solo cerca de sesenta hombres acompañaban a Balboa cuando desde lo alto de una cordillera logró avistar el anhelado mar que bañaba las costas occidentales de América.

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Monumento a Vasco Núñez de Balboa en Panamá

En solo unos días, el 29 de septiembre, y con un pequeño grupo de 26 hombres que le acompañaba, el extremeño, aderezado con sus pertrechos guerreros, se introdujo en el agua hasta las rodillas, y llevando en una mano la espada desnuda y en la otra un estandarte de la Virgen María, tomo posesión de la Mar del Sur en nombre de doña Juana de Castilla, y su hijo el regente don Carlos.

El descubrimiento estaba hecho. Pocos años más tarde el nombre del Océano sería cambiado por un navegante portugués al servicio de España, Hernando de Magallanes. En la expedición que fue la primera vuelta al mundo. Salir de la complicada navegación por el Estrecho que hoy lleva el nombre del portugués y desembocar en un océano de aguas aparentemente tranquilas, les hizo “rebautizar” al Océano Pacífico con su nombre definitivo.

Quiero terminar con una reflexión acerca de la importancia de cualquier actuación o conmemoración  que nos acerque más a  América. Vuelvo a citar al Presidente extremeño en lo que considero una reflexión más que acertada:  “Jamás cerraremos nuestro corazón a la otra orilla del Atlántico, en la que nos miramos como en un espejo todavía hoy con la esperanza del que descubre que no hay una España, sino todas las Españas que caben en América. Porque España, además de más Europa, necesita, sin duda, más América. Nos tenemos a más de 8.000 Km pero juntos podemos hacer grandes cosas.”

Y lo auténticamente bello, es la absoluta sintonía que encontramos con los planteamientos al otro lado del Océano. También Panamá ha creado su Comisión para la conmemoración del V Centenario, y esto afirman sus organizadores: “Con el descubrimiento de un mar más allá del Atlántico, Europa comenzó a ver el mundo con nuevos ojos, e inicia el intercambio con los pueblos de América y el mundo… EL GRAN OCÉANO PACÍFICO. (…) Hoy Panamá se prepara para celebrar esta hazaña del espíritu humano, creando una comisión de notables que trabaja incansablemente para que los 500 años del descubrimiento del Océano Pacífico sea una celebración global.”

Qué lejos quedan aquellos discursos trasnochados que, en torno al debate sobre el Quinto Centenario del Descubrimiento, solo quisieron ver oportunidad para abrir heridas, y romper los puentes que ahora se reconstruyen.

María Saavedra Inaraja

(1)texto extraido de http://www.mcnbiografias.com

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