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El español “motor de desarrollo inteligente” según Wert

cervantesEn la clausura de la Reunión anual de Directores del Instituto Cervantes, el Ministro Wert, hizo varias alusiones -no podía ser de otra manera en ese contexto- a la importancia del español como fuerza que unifica a una gran comunidad lingüística.
Más ambicioso aún se mostraba el Ministro: no sólo somos una gran comunidad lingüística, sino que debemos seguir trabajando para llegar a constituir una gran comunidad cultural. Coincido plenamente con el Ministro en este punto. Él llegó a decir que “el español supone el 11% de nuestro PIB”.
Pero sin entrar en cifras o estadísticas, lo cierto es que los hispanohablantes repartidos por el mundo podemos construir una fuerza cultural cuya riqueza varía precisamente en la pluralidad. Una lengua nos une, multitud de construcciones culturales nos enriquecen.
ES-Cadiz-Cumbre-IberoamericanaHace unas semanas se ponía en marcha una de las iniciativas propuestas en la última Conferencia Iberoamericana de Cultura (Salamanca, 2012): el Observatorio para la Cultura Iberoamericana, fruto de la Cumbre de Cádiz. Para los que creen que las Cumbres Iberoamericanas están llamadas a desaparecer, Cádiz supuso un aliento, un empujón obligado reinventarse, tanto las Cumbres como la propia Comunidad de Estados Iberoamericanos.
Fue Buenos Aires el escenario de la primera reunión del Observatorio. En el encuentro, celebrado los días 27 y 28 de mayo, participaron representantes de 19 países iberoamericanos, y tres organismos internacionales como observadores.
habló el Secretario de la OEI, Álvaro Marchesi, sobre iniciativas culturales, y justificó la creación del Observatorio señalando que “en los últimos tiempos ha habido un interés creciente, que incluye a la propia OEI, por encontrar formas integradoras. La razón fundamental para ello es que nos hemos dado cuenta de que vivimos una paradoja: por un lado, la cultura aporta una buena parte del desarrollo económico y social de nuestros países, pero por otro lado, el apoyo de los poderes públicos y los recursos no está en sintonía con esta fuerza. Es por eso que hemos buscado la manera de visibilizar la fuerza de la cultura y mejorar nuestra estadísticas”.
RodóHace exactamente 100 años, el uruguayo José Enrique Rodó, uno de mis escritores de cabecera, editaba un magnífico libro, que recogía muchos de sus artículos: El Mirador de Próspero. En uno de ellos, titulado significativamente Magna Patria, hablaba de la necesidad de reunir a todos los iberoamericanos bajo una bandera cultural. Era un iberoamericanista convencido. Y lo era hasta tal punto, que en su correspondencia con autores españoles de la generación del 98, que aún se lamían las heridas causadas por el desastre de Cuba, consiguió generar ese mismo sentimiento iberoamericanista. Altamira, Unamuno, Juan Ramón… se cartearon con el uruguayo, y me atrevería a afirmar que a través de su pensamiento y sus escritos intuyeron que la regeneración de España pasaba por recuperar los elementos compartidos con América.
En un breve artículo publicado en 1915, decía Rodó que el pasado “implicaba un carácter, un abolengo histórico, un organismo de cultura, y para concretarlo todo en su máxima expresión: un idioma.”
El reciente encuentro en Buenos Aires tiene ciertas resonancias rodonianas. También las tenían las palabras de Mario Vargas Llosa al referirse al Premio Nobel de Literatura con que se le distinguió en 2010, y decir que lo consideraba un galardón al idioma español. Con Vargas Llosa, todos nos sentimos un poco más españoles y un poco más americanos.

El Papa, Mujica, Methol Ferré y la Unidad Iberoamericana

Recientemente, el Papa Francisco y el Presidente de Uruguay “Pepe” Mujica, han mantenido una encuentro como jefes de dos Estados bien diferentes. La foto del cálido abrazo entre los dos rioplatenses dice tanto como la frase con que el propio Mujica describió la entrevista:”Es como hablar con un amigo del barrio“.
¿Qué une a estos dos personajes, un agnóstico antiguo montonero, y la Cabeza visible de la Iglesia Católica? Ya señaló Mujica que su origen rioplatense facilita la relación. Pero eso no basta. También coinciden en ser dos personas enormemente sencillas y espontáneas. Ambos preocupados por la cuestión social, aunque uno eligió el camino de la confrontación -ya abandonado- y el otro busca la unión, base de la Caridad cristiana.
Por encima de semejanzas o diferencias, quisiera resaltar algo que manifestaron tener en común: un amigo. Ese amigo, fallecido en 2009, es Alberto Methol Ferré. A los españoles quizá nos resulta poco conocido, a pesar de que es un español, Javier Restán, el autor de uno de los libros que analizan la vida y pensamiento de Methol. Alberto Metho fue un cristiano, laico comprometido, que puso gran empeño por conciliar los intereses de todos los sectores de América Latina con la Iglesia Católica. Dos realidades a las que amaba con pasión. Methol sabía que la Iglesia puede dar razón de esperanza a aquel grande y prometedor continente, tan castigado por las diferencias sociales, el terrorismo, la corrupción, y tantas otras cosas. Pero la población americana, como Ave Fénix, resurge siempre, sabe levantarse, y va descubriendo que el camino pasa por el diálogo, y, como ha demostrado Uruguay, por el perdón y el olvido, mirando hacia adelante.
Methol Ferré fue maestro de generaciones de estudiantes que encontraron en él el amigo que acompaña en la búsqueda de la verdad, a través del diálogo, nunca de la imposición de ideas.
Entre sus muchos logros, quisiera resaltar uno que me resulta especialmente significativo. Fue un estudioso de José Enrique Rodó, y en gran medida impulsor de la Sociedad Rodoniana (http://sociedadrodoniana.wordpress.com/), dedicada a dar a conocer la vida y escritos de aquel gran uruguayo que vivió el cambio del siglo XIX al XX. Porque Rodó fue grande. Y su grandeza radica, a mi juicio, en la búsqueda de la unidad: buscó unir a todos los americanos que compartían una lengua, una cultura común. y en ese empeño, buscó también los lazos que ataban al mundo Iberoamericano con España. Su amplia correpondencia con los escritores españoles de principio de siglo (Unamuno, Juan Ramón, entre otros) condujo a aquella España hundida tras el Desastre del 98 a mirar hacia América. Y ya no era una mirada colonizadora; era la mirada de hermanos, que habiendo sufrido muchos conflictos, se reencuentran en un pasado común, del que no pueden ni quieren desprenderse.
Franciso es el Papa que consigue que la mirada de Occidente se pose sobre América, el Continente de la Esperanza. Ojalá los españoles estemos a la altura de este tiempo, y sepamos comprender que es mucho lo que nos une a Iberoamérica, y quizá ha llegado el momento de retomar esos puentes que se construyeron hace precisamente un siglo.
María Saavedra Inaraja
Profesora de Historia de América en la Universidad CEU San Pablo

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