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«Los grandes valores dan una forma superior de libertad» Ante la emergencia educativa: entrevista al profesor López Quintás

No basta con transmitir conocimientos. Para superar la emergencia educativa, el filósofo don Alfonso López Quintás está convencido de que es preciso enseñar a los jóvenes a pensar. Su célebre teoría de los niveles -«el núcleo que ordena e impulsa todo mi método», dice- ofrece una serie de claves para superar hoy no pocos callejones sin salida ¿Qué es, para usted, la emergencia educativa que tanto preocupa a Benedicto XVI?

Creo que debemos distinguir dos modos de emergencia: la cuantitativa y la cualitativa. La primera alude al hecho de que, en ciertos países, los alumnos carecen de los conocimientos académicos básicos. Tal fallo puede superarse si se aumenta el nivel de exigencia y se concede la necesaria autoridad al profesor. El segundo tipo de emergencia -la más grave- se refiere a una quiebra radical de la forma de pensar. Cuando un alumno me dice que «no hay que buscar la verdad, porque cada uno tiene la suya», desquicia la clase, porque el quicio o eje del proceso formativo es la búsqueda en común de la verdad, es decir, de la realidad tal como se nos patentiza cuando la contemplamos con apertura de espíritu. Si ese desquiciamiento se hace general, surge una situación de emergencia educativa.

Usted insiste en la importancia del método de pensar, más allá de los contenidos.

Es importante aprender a pensar con precisión. Este arte lo practico en los tres cursos on line que estoy impartiendo y que otorgan el título de Experto universitario en creatividad y valores. Su propósito es superar una serie de malentendidos y prejuicios que bloquean intelectualmente a multitud de personas, sobre todo niños y jóvenes. Es necesario conseguir que éstos se liberen de esos malentendidos por propia experiencia. De ahí que mi método no se dirija sólo a enseñar contenidos, sino a ayudar a descubrir el profundo valor que encierran.

¿Cuál es el papel del maestro en ese proceso de aprendizaje?

A los educadores y profesores les exige conocer bien los temas, para transmitirlos con vivacidad, como algo que está uno creando al exponerlo. Justo lo que hacen los buenos intérpretes cuando dan vida a una obra musical. Por eso me resultó tan sugestivo que el Papa recomiende vivamente a los jóvenes -en el prólogo al Youcat- que se esfuercen por conocerlo «como un buen músico conoce su obra musical». La conoce por dentro, en su génesis, y con tal energía que es capaz de crearla de nuevo. Si, como educador, conozco así la vida ética y la religiosa, sabré sumergir a los alumnos en ese mundo de forma entusiasmante. Qué aplicación práctica tienen en todo esto los famosos niveles de realidad que ha teorizado usted?

Hagamos una rápida experiencia. Imaginemos que tengo un fajo de papel. Puedo hacer con él lo que quiera. Es un objeto, y soy libre para usarlo como un medio para mis fines, o canjearlo por otro. A este plano de los objetos, y de la consiguiente actitud de dominio y manejo, vamos a llamarle nivel 1.

Ahora bien. Si escribo en el papel una obra musical, lo transformo en partitura. La partitura es una realidad superior al papel, ya que tiene la capacidad de revelarnos una obra musical. Es una realidad abierta, y pertenece por ello a un nivel más alto que el de los meros objetos. Estamos en el nivel 2. Si quiero interpretar la obra, no puedo hacerlo como yo quiera; debo seguir las instrucciones de la partitura. Y, cuanto más obediente le sea, más libre me sentiré, pero con otro tipo de libertad: la libertad creativa, propia del nivel 2. Pierdo, con ello, en buena medida mi libertad anterior, la libertad de maniobra, pero adquiero una forma de libertad más valiosa. Tener libertad creativa significa aquí que interpreto la obra con soltura y destreza. Pero interpretar bien una obra es crearla de nuevo. Al renunciar a la libertad de maniobra, gano capacidad creativa, y, con ella, el poder de unirme a la obra con un tipo de unión muy estrecha, una unión de intimidad.

Queda claro: me bastó aplicar una metodología cuidadosa -basada en la distinción de niveles- para lograr que los jóvenes superen el malentendido de que la libertad y las normas se oponen siempre y desbloqueen su vida intelectual y su proceso de crecimiento personal.

¿Puede ayudar este método a superar la emergencia educativa?

Con él, podemos neutralizar las causas de la emergencia que señala el Papa. Por ejemplo, superar «el falso concepto de autonomía del hombre actual». Cuando ascendemos al nivel 2, y vemos por experiencia que, al renunciar a la libertad de maniobra, adquirimos una espléndida libertad creativa -al tocar un instrumento, declamar un poema, entonar una canción…-, aprendemos a vincular la libertad con la obediencia, la independencia con la solidaridad, la autonomía con la heteronomía. Y descubrimos que somos indispensables para dar vida a la obra y sus valores, pero no somos dueños ni de los valores ni de la obra. Superamos, así, la miopía intelectual y la unilateralidad de todo relativismo, subjetivismo y constructivismo, cuyo cultivo es otra de las raíces de la emergencia educativa actual. El Papa destaca como una tercera raíz de la emergencia educativa la tendencia a considerar que los seres humanos nos bastamos para vivir y desarrollarnos.

Al descubrir las doce fases del desarrollo humano (tal como hacemos en la obra Descubrir la grandeza de la vida y en los cursos antedichos), descubrimos que los seres humanos crecemos al encontrarnos con las realidades abiertas, que nos ofrecen posibilidades. Esta experiencia nos cura de la pretensión ilusa de valernos por nosotros mismos y autoabastecernos. Debemos actuar con capacidad de iniciativa, pero es justamente para vincularnos a esas realidades abiertas, intercambiar posibilidades y enriquecernos mutuamente. Al constatar esto, nos convencemos de que la pretensión de autonomía es falsa, por miope. En cuanto nos acostumbramos a pensar con largo alcance, amplitud y profundidad -condiciones de la inteligencia madura-, tal malentendido salta por los aires, y nos sentimos liberados de una reclusión injusta.

¿Por qué da usted tanta importancia a los niveles?

No hay más remedio. No veo posibilidad alguna de comprender lo que es la vida humana y vivir el proceso de crecimiento, si no conocemos ocho niveles de realidad y de conducta: los cuatro positivos y los cuatro negativos, que expongo ampliamente en Descubrir la grandeza de la vida (ed. Desclée de Brouwer). Son el núcleo que ordena e impulsa todo mi método, pues, al analizar los niveles, se descubre la lógica propia de cada uno, y entonces se nos clarifica todo en la vida humana. Fíjese. Existe mucho temor a abrirse al otro, por la sospecha de que éste, si me abro, puede invadir mi terreno y anular mi personalidad. Esto pasa en el nivel 1, en el cual una finca crece a costa de la colindante. Si vivimos en ese nivel, tenemos la tentación de pensar que lo mismo sucede con los seres humanos. Pero esto es radicalmente falso, pues nuestro lugar de crecimiento es el nivel 2, y la lógica de éste nos permite y exige crecer mediante el encuentro con los demás. Según la investigación actual más cualificada, somos seres de encuentro, vivimos como personas, nos desarrollamos y perfeccionamos como tales realizando toda clase de encuentros, que nos exigen una transformación interior constante. Si comprendiéramos esto a fondo, superaríamos la emergencia educativa desde sus raíces. En cuanto descubrimos que nuestra voluntad de crecer nos lleva a subir al nivel 2, el del encuentro, superamos de raíz la tendencia al dominio y el bloqueo de la personalidad que suponen las actitudes que tanto impugna el Papa: el relativismo, el subjetivismo, el reduccionismo, el nihilismo; y nos da libertad interior para abrirnos con decisión al encuentro y, a través de éste, descubrir el ideal de la unidad, vinculado interiormente al de la bondad, la verdad, la justicia, la belleza. Al optar por estos grandes valores, adquirimos la forma superior de libertad -la libertad creativa-, llenamos la vida de sentido, ganamos capacidad creativa, convertimos nuestro lenguaje en vehículo del encuentro, abrimos nuestra afectividad al horizonte del verdadero amor personal… Es maravilloso observar, por propia experiencia, con qué facilidad y rapidez el cambio de estilo de pensar que se opera al subir del nivel 1 al 2 y al 3 nos libera de innumerables prejuicios y malentendidos que nos impiden pensar debidamente y actuar del modo que exige el crecimiento al que estamos llamados. Ese ascenso supone una verdadera transformación, que debemos realizar paso a paso, con decisión y lucidez.

Fuente: López Quintás,”Los grandes valores dan una forma superior de libertad»”. [En Línea]. Alfa y Omega. Nº 816/17-I-2013. Disponible en: http://www.alfayomega.es/Revista/2013/816/14_reportaje2.php. [Consulta: 21/01/2013]

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