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La Felicidad

FelicidadLa felicidad en el sujeto adulto moralmente maduro es un estado personal resultado, fundamentalmente, de la conjunción en equilibrio de tres grupos de sentimientos: aquellos que originan lo que se piensa, los que provocan lo que se dice y los que animan a hacer lo que se hace.

Sólo en el equilibrio entre lo que sentimos al pensar, lo que sentimos al hablar y lo que sentimos al actuar, se puede ser feliz. Más que un estado permanente, se trata de una tendencia a mantener la coherencia entre sendos sentimientos, es una constante alterable, un rasgo de la personalidad que cada uno experimenta y exterioriza de distinta manera, como la ira o el miedo.

La vida es una perseverante búsqueda de la felicidad, una permanente tensión por mantener en equilibrio cada una de las tres esferas sentimentales, la del pensamiento, la de la expresión y la de la acción; una constante lucha por ser fiel a cada una de ellas, por no traicionar a una en favor de alguna de las otras dos.

Cada esfera emotiva vigila celosamente el comportamiento de las otras dos. A mayor coherencia entre pensamiento, expresión y acción, menor tensión en el equilibrio emocional, mayor relajación, mayor felicidad.

La infelicidad vendrá dada por aquellos momentos de desequilibrio sentimental, de falta de coherencia entre los sentimientos, de mayor tensión entre ellos por infidelidad o celos de uno hacia los otros, lo que generará un estado de desasosiego o angustia que se generalizará psíquica y somáticamente, tornando la felicidad por desdicha.
Y es un estado personal, porque es individual, singular, único para cada sujeto. Cada individuo vive sus sentimientos de manera diferente; algunos no consiguen nunca la coherencia entre los tres grupos de sentimientos citados, dando siempre prioridad a uno de ellos, según la ocasión se lo demande.

 Quien ni dice ni hace lo que piensa, nunca podrá ser feliz, porque su vida es aparente, falsa, siempre pendiente del juicio ajeno. Son sujetos que condenan al ostracismo lo más íntimo y personal de su ser, sus ideas, sus deseos y aspiraciones, limitándose a decir y a actuar según lo que los demás esperan de él que diga y haga; sus vidas despersonalizadas suelen transcurrir entre la insatisfacción, el inconformismo y la amargura.

Los que dicen lo contrario de lo que piensan y hacen son incongruentes, poco fiables, personas de múltiples propósitos, según las circunstancias, pero de ideas fijas y proceder a convenir, egoístas, cuya verdad es distinta según la exijan los demás o sea aplicable a su persona.
Los que piensan y dicen lo contrario de lo que hacen suelen ser personas sujetas a estrictas condiciones de vida, que le impiden realizarse, se sienten incompletas, llenas de posibilidades pero sin posibilidad de realizarlas, se sienten frustradas.
Estos tres tipos de desequilibrios van a dar lugar a tres tipos de personalidad, la del cobarde, la del mentiroso y la del hipócrita, que solamente podrán ser felices en la ignorancia del perfil de su personalidad, como los idiotas.

 La felicidad es, al fin, un estado de paz íntima consigo mismo, que se consigue con el equilibrio entre pensamientos (ideas, deseos, aspiraciones), manifestaciones y comportamiento en general.

Rafael Paniagua Zapatero
1998

Categoría: General
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