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Graduación de la III promoción del Máster de Formación de Profesores de Secundaria

MasterEl pasado día 31 de mayo, viernes tuvo lugar en el Salón de Actos de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación la graduación de los alumnos de la III promoción del Máster de Formación de Profesores de Secundaria, ESO, Bachillerato, Formación Profesional y Escuelas de Idiomas, presidido por la Ilustrísima Señora doña María Isabel Abradelo de Usera, Vicedecana de la Facultad, actuando como padrino el Ilustrísimo Señor don Javier Antonio Restán Martínez, Director General de Ayudas y Becas a la Educación de la Comunidad de Madrid. Trascribimos a continuación un extracto de las palabras que el Coordinador de los Estudios de Magisterio, don Rafael Paniagua Zapatero, dirigió a los alumnos.

Queridos alumnos, con este acto la Universidad CEU-San Pablo está reconociendo vuestra capacitación como profesores de Educación Secundaria. ¡Felicidades!

Hace 9 meses llegasteis a nuestras aulas dotados cada uno con un bagaje distinto de conocimientos, según vuestra procedencia universitaria. A lo largo de este tiempo habéis sumado a ellos los recursos pedagógicos, la técnica, el método o camino de cómo transvasarlos a vuestros futuros alumnos. Habéis pasado de ser profesores a iniciaros como maestros; pues, si bien es profesor todo aquel que puede enseñar algo, maestro es aquel otro del que los demás aprenden algo. El profesor enseña, instruye, informa. El maestro forma, educa. Instruir es transmitir conocimientos, enseñar, mostrar una realidad, aportar unos datos, dar una información como pudiera darla igualmente cualquier texto impreso sobre papel o sobre una pantalla.

Educar implica algo más.
Si el profesor es bueno, el alumno aprende, aprende a veces tan rápidamente como olvida, y olvida porque lo enseñado carece de connotaciones personales para él o, como diría Ausubel, porque al alumno le faltan los subsunsores o conocimientos previos con los que pueda relacionar su estructura cognitiva con los nuevos conocimientos impartidos. El alumno olvida porque lo enseñado carece de aproximación a la realidad, porque carece de referentes emocionales a sus propios intereses y, aunque el alumno aprenda, poco cambiará de su comportamiento social y de su conciencia moral, por falta de implicación con lo aprendido.
Educar es algo más.
Educar es construir, transformar, colaborar con la obra divina en la perfección del ser humano. Educar es dar sentido a la vida. Educar es eslabonar el pasado con el futuro, formar ciudadanos solidarios, en libertad y con sentido de la realidad, no como a nosotros nos educaron, ni siquiera educando para la sociedad en la que vivimos, sino para la que habrán de vivir los alumnos en su futuro.
Solidaridad, libertad y realidad, tres conceptos que debemos tener siempre presente en el ejercicio de nuestra profesión.
El hombre no es bueno por naturaleza, como afirmaban Sócrates y Rousseau, ni tampoco es cierto el aforismo homo homini lupus que el comediógrafo romano Tito Maccio Plauto aplicaba al hombre en su obra Asinaria, popularizado mucho más tarde por Thomas Hobbes en su Leviathán, donde defendía, como La Rochefoucauld en sus Máximas, que el egoísmo es el único motivo de toda conducta humana, egoísmo del que Le Dantec decía que era la base de la sociedad y la hipocresía la bóveda que la coronaba. El hombre, creo yo, no es ni bueno ni malo por naturaleza, sino un ser apolar y neutro, aunque con las herramientas necesarias, con la semilla en potencia para serlo, y que es la sociedad, la educación, su crianza, los que lo inclinarán hacia el bien o hacia el mal.
Vuestro padrino, don JavierAntonio Restán Martínez, filósofo político, máster en CC de la Información y quien además ha sido Vicepresidente de la Asociación de Voluntarios para el Servicio Internacional, Organización Consultora del Consejo Económico y Social de la ONU; Director del Centro de Estudios y Solidaridad con América Latina; Director General de Coordinación y Voluntariado Social; Director General de Centros Docentes, y actualmente Director General de Becas y Ayudas a la Educación de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, decía en cierta ocasión: “Al ser humano se le exige un esfuerzo intelectual, personal y colectivo para conocer todas las implicaciones del amor al bien. Ponerse en ese camino, acompañar al niño en ese proceso de identificar lo bueno como lo deseable y digno de ser amado, y lo malo como lo no deseable y digno de ser evitado, es lo mínimo que puede pedirse a cualquier Educación que quiera llevar el nombre de para la Ciudadanía.”
La educación es la base de la civilización y civilización es lo opuesto a tribalismo, a sedentarismo, a atavismo. Civilización es progresión con memoria histórica y proyección de futuro. La humanidad es hoy la obra que es, no gracias al ingenio de un aislado Robinson, sino consecuencia de la solidaridad de sus miembros. Civilización es sinónimo de cultura y toda cultura es, como diría mi profesor de Antropología, Luis Cencillo, una hermenéutica, interpretación. Civilización es al fin tanto como educación, sacar al hombre de su egocéntrico estado naturalmente salvaje a otro de integración ciudadana solidaria. Debemos pues educar en la hermenéutica de la integración, de la fusión de valores conducente a una convivencia solidaria entre todos los hombres y no al integrismo devorador de culturas que conduce a un ególatra aislamiento. Debemos en consecuencia formar ciudadanos del mundo.
Por otra parte, el hombre es inteligencia, voluntad y libertad, atributos que, bien desarrollados en equilibrio y mejor usados en convivencia con los demás, le llevará a la bondad y ésta a la felicidad; pero, si por el contario, se tergiversa uno o varios de estos elementos, usándolos en contra de los demás, le conducirá a la maldad y a la desdicha. La educación no debe dirigirse solamente hacia el enriquecimiento del conocimiento, sino además y sobre todo al desarrollo de la voluntad libre, al fomento del uso inteligente de la libertad. Solamente el hombre es libre cuando sabe distinguir sin dependencia alguna entre el bien y el mal, y es bueno cuando voluntaria e inteligentemente opta por el bien. Educar es enseñar a distinguir entre lo bueno y lo malo, fomentando en el alumno su inclinación hacia el bien, pero en libertad. La educación no debe de ser una intervención quirúrgica que trata de extirpar en el inocente paciente, indefenso e inconsciente de anestesia, el tumor de sus creencias a la vez que implantar las propias del cirujano, sino un debate razonado y respetuoso, un ejercicio del uso de la libertad del docente frente a la libertad del discente.
Educar es finalmente introducir al alumno en el sentido, en el valor y en el significado de la realidad que le rodea, de la realidad que va a vivir y de la que formará parte, en el de sus causas y en el de sus consecuencias. Decía el teólogo milanés Luigi Giussani: Educar es introducir al sujeto en la realidad total, desarrollando toda su estructura hasta su realización integral, a la vez que afirmando la posibilidad de conexión activa de esas estructuras con toda la realidad, y la realidad no se afirma totalmente si no se afirma su significado. De nuevo tendríamos que recurrir a Ausubel y a sus tipos de aprendizaje: aprendizaje por descubrimiento frente a aprendizaje receptivo y aprendizaje significativo frente a aprendizaje mecánico, para explicar este argumento de Giussani; pero, resumiendo por abreviar, podríamos decir que educar en la realidad es lo que hacen sin manuales los padres con sus hijos desde que nacen. El objeto de la educación no son las materias de los textos, sino los aspectos aplicables a la realidad que lo textos contienen.
Y termino. Domináis una rama del Saber, se os ha instruido sobre la manera de transmitirlo y habéis puesto a prueba vuestros conocimientos y habilidades durante este último periodo de dos meses de prácticas. Insuficiente. No bastan los títulos ni el manejo de unas técnicas, será la experiencia de los años la que terminará calificándoos al final como buenos o malos profesores, docentes o maestros. Durante las prácticas realizadas, con distinta suerte para cada uno, habréis podido observar tanto el buen hacer de expertos profesionales, como posibles errores cometidos, como imperfectos humanos que somos todos. Imitad a los primeros y no repitáis los errores de los segundos.
No quiero finalizar mis palabras sin manifestar antes mi agradecimiento al padrino de la promoción, Ilustrísimo Señor don Javier Antonio Restán Martínez, por su disponibilidad y tiempo dedicado, a pesar de su tupida agenda, pero en la que siempre encuentra un hueco para dedicarle a esta su Casa, a la que tanto quiere y, sobre todo si se trata de Educación. Igualmente mi agradecimiento al Ilustrísimo Señor Decano de la Facultad y a su equipo decanal por sus siempre oportunas y acertadas orientaciones. A la coordinadora del Máster, doña Cándida Filgueira Arias, por su entrega y silenciosa labor, tan meritoria como inversamente reconocida. A todos los profesores, siempre dispuestos y, sobre todo, por el extraordinario trabajo que realizan en la tutela del Practicum, en la dirección de los Trabajos Fin de Máster y en la participación de los tribunales para su evaluación. A los directores, profesores y tutores de los centros de prácticas, por su valiosa y desinteresada colaboración. Y a todos vosotros por habernos elegido, por ofrecernos vuestra confianza y, en la mayoría de los casos, vuestra amistad y confidencias, que en la misma medida hemos procurado responder.
Mucha suerte a todos y que seáis muy felices.

A continuación añadimos el enlace del resumen de la grabación que se realizó con motivo del Acto de Graduación:

http://www.ceumedia.es/reproductor/22511/actualidad-n173

Un abrazo

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