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Educación Plástica

educacionPlasticaLos humanos al nacer somos de lo más torpe entre los demás mamíferos. Nacemos con un cuerpo perfectamente dotado para descubrir el mundo que nos rodea, conocerlo, utilizarlo, transformarlo e incluso para entrenarnos con él a ser como dioses creando nuevos conceptos, ideas, palabras, formas; pero, cuando nacemos, como decía un compañero biólogo, somos un tubo digestivo con ojos, poco más que vida vegetativa, aunque también, como diría otro filósofo, un paquete de vida en proyecto.

Cuando nacemos, apenas si podemos orientarnos por el olfato y por el tacto para localizar la fuente del alimento; apenas si vemos, nuestro entorno es todo una nebulosa que lentamente se va despejando hasta distinguir perfiles y la primera constelación de estímulos: dos puntos que brillan -los ojos-, una oquedad que se mueve abriéndose y cerrándose y por donde salen unos sonidos -la boca- y una prominencia entre ambos elementos -la nariz-: la cara, la cara de la “madre”, uno de los primeros aprendizajes a los que iremos enlazando los demás.

Tardamos un año en alcanzar la postura bípeda y comenzar a caminar, y dos en descubrir que esas palabras que imitamos, como eco de lo que oímos a los que nos rodean, están haciendo referencia a personas y cosas concretas.

Ese paquete de vida en proyecto comienza a manifestarse, a diferenciarse y a aventajar en habilidades al resto de los mamíferos, gracias a las diferencias orgánicas heredadas, entre otras, el mayor tamaño de nuestras meninges, la posibilidad de andar en vertical, una visión binocular frontal y unos dedos pulgares capaces de aponerse al resto de los dedos, y con esta dotación, pasamos de ser un tubo digestivo con ojos a empezar a imitar a los dioses.

Todos nacemos con semejante dotación, con el tiempo nos iremos diferenciando unos de otros, en función del desarrollo que hagamos de ella. A través de la vista alcanzamos la mayoría de los aprendizajes. El ciego tiene un oído más agudo que el vidente.

El que cuida su cuerpo, hace ejercicio físico y entrena ciertas habilidades podrá llegar a ocupar un pódium olímpico alguna vez. Mozart empezó sus estudios de Música cuando era muy niño. Si no desarrollamos aquello para lo que estamos dotados, nos atrofiaremos. Un recién nacido criado en aislamiento en una urna  opaca, terminaría siendo insensible a cualquier tipo de estímulo.

Todo se aprende con la experiencia, con el ejercicio, con la práctica, con la constancia. Si el niño que se cae por primera vez no volviera a ponerse de pie, no aprendería nunca a andar; si no oyera hablar nunca a nadie, nunca hablaría; pero no son estas adquisiciones las que mejor diferencian al hombre del resto de los mamíferos, sino la posibilidad de manejar objetos, gracias a la oposición del pulgar con los restantes dedos con los que puede hacer pinza, posibilidad que ni siquiera los primates tienen.

Gracias a nuestra capacidad cerebral, a la innumerable posibilidad de conexiones neuronales y a la pinza digital, manipulamos y creamos objetos.
A las veinte semanas de gestación el nuevo ser ya puede abrir y cerrar las manos, reflejo de presión. Al tercer mes de vida el bebé descubre sus manos e intenta coger objetos. A los cinco meses agarra objetos con toda la mano, como los primates. A partir del octavo mes empieza a utilizar la pinza digital.

Padres, pediatras y pedagogos se preocupan de rodear al niño desde su más tierna edad de estímulos visuales y auditivos. Actividades visuales y auditivas ocupan en gran medida al escolar. ¿Preocupa y ocupa la misma atención el desarrollo psicomotor? Con la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto disfrutamos de los placeres que nos ofrece la vida; pero, ¿en qué medida nos preocupamos y ocupamos en continuar la divina obra creadora? Con las manos hizo Dios al hombre ¿y el hombre qué hace con las manos, además de apretar constantemente botones con el índice?, ¿terminaremos perdiendo el don de la pinza digital?

La expresión plástica es una forma de comunicación, posiblemente la primera en utilizar el hombre antes que la expresión oral. Mediante el dibujo, la pintura, el grabado, la cerámica, etc. podemos comunicar ideas, mensajes, sentimientos a todo el Universo, pues su código es fácilmente captado por cualquier receptor, independientemente de cuál sea su cultura, nacionalidad, idioma, credo o ideología y, además, perdura en el tiempo, tanto o más que la escritura.

Los centros de Educación Primaria y Secundaria son los lugares idóneos, por la edad de sus alumnos, para desarrollar las habilidades manuales, la mal tratada Educación Plástica y Visual, edades en la que se aprende a ver, a interpretar y a expresarse. No desaprovechemos el momento, es el momento del desarrollo de la coordinación viso-manual, más tarde será demasiado tarde.

Rafael Paniagua Zapatero
14, septiembre, 2913

Categoría: General

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