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Cuento infantil: La bruja Berrugrossa enfermera de los troles del Lago Pedo

CuentoBerrugrossa se encontraba disfrutando de unas merecidas vacaciones en esa casita pequeña, pero acogedora que tenía desde siempre en  aquel lado montaña.

Había trabajado muy duro en la carrera de fórmula V de escobas corredoras.

El rey estaba muy orgulloso de ella, pues había conseguido que su escoba obtuviese el primer puesto del pódium. Y este fue el motivo por el cual le concedió vacaciones anticipadas, no de primavera o de verano, ni de invierno si no anticipadas.

A Berrugrossa eso de las vacaciones anticipadas le pareció lo más de lo más; irse a descansar cuando todos estaban ocupadísimos, sin  sufrir largas caravanas de ida ni de vuelta, sin masificaciones de turistas, sin todo ese caos que se organiza cuando todos toman las vacaciones al mismo tiempo. Por otro lado tampoco notaba la diferencia, la única casa que había en aquel lado de la montaña era la suya, pero ella se imaginaba una playa repleta de bañistas y se sonreía por obtener la paz de la paces,  tan solo con la compañía de su gato Viriato.

La culpa de que no tuviese vecinos alrededor era que cualquiera que quisiera llegar a donde ella estaba, tenía que atravesar el lago Pedo. A Berrugrossa esto no le importaba absolutamente nada de nada, pues ella no tenía por qué atravesarlo, cuando le apetecía ir a su casa de la montaña lo hacía en escoba. Además también conocía el secreto del lago Pedo.

Muy cerca del lago vivían sus únicos vecinos, estos  moraban en la parte más espesa del bosque, en las cuevas que existían en la falda de esa misma montaña.

Este no era otro que un pueblo de troles; estos seres tienen muy mala fama que no les hace justicia en absoluto. Y todo por culpa de uno que salió malo… malísimo, porque siempre andaba enfadado y de mal humor. A partir de entonces todos piensan lo que no es sobre ellos.

Las montañas y los bosques con sus ríos y lagos son el hogar natural de los troles por lo cual son muy conscientes del medio ambiente. Un trol es un ser noble y sensible, creado de buena naturaleza y de buenos sentimientos. También se agrietan cuando están expuestos a la luz directa del sol, por eso viven en cuevas rodeados de árboles.

Cuando una familia de troles se asienta en un bosque al lado de un río o un lago, este lugar está siempre muy verde y muy limpio.

Quizás penséis que el lago Pedo se llamaba así por su pestilente olor, y podría ser así si ellos no cuidasen del medio ambiente como lo hacen, lo cierto es que lo de llamarle Pedono era por culpa de los troles, ni porque sus aguas fueran asquerosas como las de las ciénagas, era por culpa de las hededoras, estas son unas diminutas plantas carnívoras que solo existen ese lago, y cuyo perfume es insoportable; pero que son muy necesarias primero porque equilibraban el ecosistema y segundo porque son la única medicina que cura a los trolessi se exponen demasiado a los rayos del sol.

Esta era la causa de porque no iban los habitantes de Burbujolandia a ese lugar, y  también era la causa de que ella no padeciese de vacaciones masificadas, ya que sus únicos vecinos eran los troles

Berrugrossa había encendido la chimenea para prepararse uno de sus potajes de caldero, normalmente el primer potaje lo hacía en el caldero más grande que tenía, y para que no se quedase a medio hacer por ser de gran tamaño, encendía un gran fuego. El humo de este se divisaba desde lejos, y por tanto sabía que sus vecinos los troles según cayese la tarde vendrían a visitarla, y ella les agasajaría con un riquísimo, caliente y recién elaborado potaje de caldero.

Preparó una gran mesa para recibirlos, incluso horneo varias hogazas de pan. Berrugrossa no podía estarse quieta, era cosa de su peculiar naturaleza, eso de zascandilear y holgazanear no iba con ella, si no estudiaba, trabajaba daba igual si era en la casa o en el huerto, o ayudaba a algún vecino, pero nunca estaba quieta.

Viriato su gato se acostó frente al fuego esperando a que llegase la hora y sirvieran la comida que contenía el caldero.

Según fue anocheciendo sus vecinos los troles no llegaban, y Berrugrossa se fue preocupando más y más, hasta que ya no pudo esperar  por la intranquilidad que le producía que no fueran a verla.

Se fue a por su escoba, cogió un candil y le dijo a Viriato.

–          Algo raro sucede, quédate a vigilar la cena yo me voy volando al lago PEDO, no vaya a ser que estén enfadados los vecinos por algún motivo que yo desconozca, o peor aún les haya pasado algo… ¡voy… voy… voy!

Diciendo esto se montó en su escoba y salió volando, menos mal que había hecho aquellos cursillos de vuelo para lo del puesto de formula V de escobas corredoras, porque volar por la noche a ras del bosque es toda una pericia que muy pocas brujas tienen.

Pero cuando llego a la ladera ni había tanta espesura ni tanto bosque, apenas existían media docena de árboles esparramados  por aquí y por allá.

Berrugrossa se asombró muchísimo al ver tal desolación mientras aterrizaba con su escoba al lado de las cuevas de los troles.

Tuvo que introducirse mucho más de lo normal en ellas para encontrarlos, y cuando lo hizo estaban todos enfermos.

–          Pero… ¿quién os ha hecho esto? Preguntó mientras abrazaba y besaba a cada uno de ellos; hasta que uno de los pequeños le contestó

–          ¡Los humanos! ¡han sido los humanos!

–          ¿Cómo?

–          Vinieron desde su mundo, con unas máquinas enormes y se pusieron a cortar árboles sin ton ni son, sin pedir permiso, sin mirar las consecuencias.

–          Y… ¿Por qué?

–          Porque en su mundo ya no les quedaban, luego ya no pudimos cubrirnos de los rayos del Sol, hace días que no podemos salir a cuidar del lago, días que comemos mal, y cada día los rayos son más fuertes sobre nuestra piel cada vez más débil

–          ¡Qué horror… qué horror! ¡pero que malísimos que son esos humanos!

Berrugrossa les calmó, les dijo que no se preocupasen que ella se encargara de todo, que ahora se llevara muy bien con el rey.

Subió a por el caldero de potaje que había preparado para que pudieran comer algo caliente. Y abandonó aquella misma noche sus vacaciones anticipadas para ir a ver al rey.

Mientras volaba de camino a la corte se le amontonaban las ideas y las tareas, pensaba…

–          Sin tardar a primera hora, he de recolectar las hededoras y preparar una crema, prepararles comida para que no se mueran de inanición…

Y así volando fue pensando en todas las cosas que tenía que hacer para ayudar a sus vecinos.

El rey Don José Josete con Jota y de Pepe la recibió aun siendo de noche cuando llego a la corte; dormido y en batín real no podía creer lo que Berrugrossa le estaba contando.

–          Y así es su majestad, todo el pueblo del lago Pedo está muy enfermo y necesita ayuda urgentemente, sin árboles no podrán sobrevivir, nos quedaríamos sin ellos en Burbujolandia, tenemos que hacer algo

–          ¡Llamen a Mispiernasmágicas ahora mismo! – Dijo el rey sin vacilar a sus escoltas – amiga Berrugrossa quédate tranquila mañana mismo organizaré un pleno para solucionar esa deforestación tan dañina, en cuanto al estado del pueblo ¿a quién podemos llamar?

Preguntó el rey mientras frotaba su real barbilla

–          ¡Yo misma me hago cargo de sus cuidados! Yo sé dónde están las hededoras, y quien mejor que una bruja para lograr una pócima mágica

–          ¡Es cierto Berrugrossa! Había olvidado que además de ser una estupenda ingeniera eres bruja, ¿necesitas algo?

–          ¡No… creo! Me voy directamente al lago Pedo, allí estaré

–          Vuelve tranquila, yo me quedo despierto a esperar a Mispiernasmágicas, muchas gracias por venir a contarme semejante injusticia.

Para cuando volvía de regreso al lago Pedo estaba amaneciendo, y sin dormir, y sin comer se fue a recolectar una buena cantidad de hededoras, para no desmayarse con su olor las guardó en un recipiente hermético.

Viriato estaba esperando al lado del caldero, que no se quemó porque se consumió toda la leña.

–          ¡Ay amigo Viriato! ¡qué desgracia más grande! – le decía mientras descargaba todo lo que traía y necesitaba – Nuestros vecinos los troles están muy enfermos. Voy a preparar una pócima en ungüento para ellos con las hededoras

El gato nada más escuchar la palabra hededora salió corriendo de la casa, pero a Berrugrossa no le importaba lo mal que oliesen aquellas flores, lo que realmente le preocupaba era que los troles se curasen cuanto antes.

Volvió a encender el fuego, cambio el caldero, y cuando el agua comenzó a hervir fue echando muy despacio uno a uno los ingredientes a falta de las hededoras, antes de sacarlas pronunció uno de sus hechizos.

–          ¡Palabrin… palabrón… palabrote! Que la fragancia de estas estas hededoras  sea dulce y sorprenda antes de abrir  este bote ¡Palabrin… palabrón… palabrote! Que huelan tan bien como las mismas rosas

Pronunció mientras agitaba una de sus baritas de sarmiento mágico por encima de la tapa de aquel bote, y como sabía hacer magia igual de bien que otras muchas cosas, cuando lo destapó las hededoras olían a rosas.

Luego mientras la pócima se hacía como debía hacerse, preparó unos bizcochos bien dulces, y leche caliente con miel. Cuando hubo terminado de hacer todo bajo al lago Pedo para cuidar y ayudar a sus vecinos.

Les dio de desayunar y les curó con el ungüento de hededoras la piel, los troles se pusieron muy contentos al ver que este no olía nada mal, e incluso le pidieron la receta, ya que ellos tenían costumbre de hacer una leche corporal protectora pero está siempre les dejaba ese mal olor tan peculiar que las flores tenían.

Lo de la reforestación fue también muy rápido llegó todo un ejército de hadas Microcreídas, y trabajaron muy duro, pero consiguieron con su magia dejar todo como estaba.

Berrugrossa se quedó unos cuantos días más como enferma de los troles, más que nada para quedarse ella tranquila.

Como buena bruja no les dio su receta para eliminar el hedor de aquellas flores, pero si se comprometió a dejarles hechos unos bidones de crema corporal hidratante con olor a rosas, como compensación por el mal trago que pasaron los pobres.

Y colorín colorado así es esta historia así os la he contado, no olvidéis cuidar la naturaleza porque de ella recibimos cosas muy buenas.

Por Estrella Montenegro

Fuente: Montenegro, Estrella. “Cuento infantil: La bruja Berrugrossa enfermera de los troles del Lago Pedo”. Educapeques. Disponible en: http://www.educapeques.com/cuentos-infantiles-cortos/otros-cuentos/cuento-infantil-la-bruja-berrugrossa-enfermera-de-los-troles-del-lago-pedo.html. [Consulta: 23/10/2013]

 

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