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El bullying, un problema familiar y escolar

Bullying_4En mi última aportación a este blog hacíamos una introducción al problema del bullying definiéndolo como la conducta reiterativa de persecución física y/o psicológica que realiza un sujeto o grupo de sujetos contra otro elegido, que difícilmente se puede defender, con la intención de producirle molestias o daño, abusando de su superioridad física, social o numérica,  de edad o de armamento, sin razón que la justifique, ni beneficio que le reporte, salvo el disfrute por el sufrimiento de la víctima. Aportábamos algunos datos estadísticos.

Diseñábamos el perfil del agresor y de la víctima, así como algunos de los factores que los generan. Citábamos las más frecuentes conductas de bullying, los lugares donde suelen darse y las repercusiones psicológicas y sociales que terminan marcando a víctimas, acosadores y testigos. ¿Y ahora qué? No basta con tener información sobre el fenómeno y con denunciar los hechos; nuestra misión como educadores es la de formar a nuestros alumnos para evitar conductas semejantes.

Pero, ¿somos nosotros, los docentes en la escuela, los responsables de esta educación, o los padres en sus casas? Padres y profesores somos partes inseparables, corresponsables, de un continuo, la educación de los menores, que empieza en el hogar y continúa en la escuela.

 ¿Cómo prevenir este tipo de conductas?

• Desde la cuna: Desde la más tierna infancia los padres deben educar a sus hijos con cariño y serenidad, sin desmesurado proteccionismo, imponiendo normas claras de convivencia familiar, con exigencia inmediata en el cumplimiento de ellas, sin absurdas exigencias por capricho o comodidad de uno de los progenitores, sin contradicciones entre ellos, sin crispación, sin voces, sin violencia, pues todo se aprende, con paciencia, sin stress, tratando de comprender los motivos de las conductas desviadas de sus hijos y razonando con ellos sus errores a la vez que dándoles alternativas a la conducta errónea, buscando momentos de encuentros familiares para el dialogo reposado sin interferencias de otras distracciones, como pudiera ser la televisión, escuchando con atención e interés, transmitiendo siempre mensajes de tranquilidad y esperanza, sin amenazas. En fin, educando, como hay que educar a cualquier niño sin necesidad de programas especiales. Ya sé que todo esto es muy fácil de decir, pero ¿cómo llevarlo a la práctica? He aquí algunas pautas a seguir:

• Desarrollando el razonamiento ético.

– Cuando son pequeños, leyéndoles cuentos en voz alta y comentando a continuación la conducta de sus personajes.

– No haciendo comentarios negativos sobre personas por su condición social, sexual, cultural o étnica.

– Facilitando el contacto de los hijos con otras clases sociales, con otras culturas, con otras razas.

– Comentando en el grupo familiar las noticias que sobre agresividad emiten los medios de difusión tratando de analizar los motivos y sugiriendo otros comportamientos no violentos como alternativa.

– Enseñándoles a decir NO a las propuestas de conductas incorrectas.

– No defendiéndoles nunca cuando hayan cometido una acción incorrecta, por el contrario, obligarles a que reconozcan la falta y a que asuman las consecuencias.

– No incitándoles nunca a que se defiendan de la violencia con violencia.

• Educando en valores.

– Enseñándoles a pedir las cosas por favor y a pedir perdón, cuando hayan cometido alguna falta.

– Exigiendo su colaboración en las tareas del hogar, explicando previamente en qué consisten y dando ejemplo práctico de cómo se hacen.

– No cediendo en todos los caprichos que se les antoje, que aprendan a esperar y a ganarse lo que desean.

– Enseñándoles a respetar la propiedad ajena (los juguetes de sus hermanos).

– Enseñándoles a disfrutar con los juguetes de los demás sin querer poseerlos o estropearlos.

– Enseñándoles a aguantarse cuando quieran una cosa y no puedan poseerla. – Sancionando las faltas sin ira y de forma inmediata, proporcionada y recuperadora.

– Enseñándoles a no dramatizar los problemillas, recriminándoles posturas absolutistas, de obstinación, aprendiendo a relativizar los problemas.

– Transmitiéndoles la esperanza de que las cosas se alcanzan si se trabaja y merecen.

– Haciéndoles saber que hay cosas que cuestan un esfuerzo conseguirlas. – Enseñándoles a establecer metas, diseñar proyectos, establecer prioridades, analizar resultados, corregir errores.

– Enseñándoles a estudiar sus propios problemas, sus causas y factores, y ayudándoles a buscar posibles soluciones.

– Enseñándoles a solicitar ayuda, a tomar decisiones, a responsabilizarse de las consecuencias.

– Enseñándoles a ayudar a los demás en la superación de sus dificultades.

• Interesándose por su desarrollo.

– Preguntándoles todos los días por su actividad en el colegio y por las relaciones con sus compañeros.

– Manteniendo un contacto permanente con el centro docente.

– Estando pendientes de sus cambios de temperamento y preguntándoles por los motivos que le preocupen, sin escandalizarse por ellos, para ganarnos su confianza y poderles ayudar con nuestra experiencia del adultos.

– No ocultando los problemas. Hacer frente a los primeros indicios.

– No esperar a que el tiempo solucione los problemas. Pedir ayuda cuando no sepamos cómo intervenir.

• Educándoles en el ocio.

– Procurando que los encuentros familiares (comidas, tardes, fines de semanas, vacaciones) sean auténticos momentos de alegría para todos.

– No regalándoles juguetes bélicos.

– Impidiendo cualquier conato de violencia entre los hermanos, aunque sea jugando.

– Viendo juntos, primero, y controlando después los programas de televisión y el uso de Internet.

– Participando en sus fiestas, siempre que nos sea posible.

• En el Colegio: El profesor/a, aunque no lo pretenda, siempre es un modelo para sus alumnos. El profesor debe tratar a todos los alumnos por igual, sin preferencias, salvo las que vengan dadas por la necesidad de compensar las diferencias individuales. Debe cuidar mucho su lenguaje, evitando términos peyorativos o que pudieran interpretarse como desprecio a las diferencias sociales, culturales, sexuales o étnicas.

• Medidas de prevención.

– Evitar las comparaciones entre los alumnos. – Procurar que no coincidan los más agresivos en el mismo grupo.

– Evitar guetos dentro del aula y fomentar el compañerismo entre todos realizando actividades de grupo (aprendizaje cooperativo, tutoría entre iguales, trabajos en equipo).

– Enseñar a trabajar en grupo, a analizar dificultades, a establecer un orden de prioridades, a ceder en planteamientos personales en pro de una meta común.

– Enseñar a escuchar, haciendo que se respete el turno de palabra, enseñando a pedir la palabra cuando se quiere hablar y evitando la interrupción del discurso de otro compañero.

– Distribuir roles de protagonismo entre los más “débiles”.

– Evitar el acaparamiento de la atención siempre por los mismos.  – Obligar, después de razonar, a aceptar las decisiones de la mayoría.

– Estudiar otras culturas, sus costumbres, sus leyes.

– Intercambiar experiencias con otros alumnos de otros centros, de otros niveles sociales, de otras culturas.

– Organizar lecturas, representaciones, debates sobre temas de violencia actuales, haciendo ver lo irracional de dichas conductas, haciéndoles sentir el padecimiento de las víctimas y sus familiares y buscando alternativas que hubieran evitado dichas agresiones, dándoles el papel del agredido a los más violentos.

• Medidas de corrección.

– Intervenir en el primer conato de violencia que se detecte, aunque sea en broma.

– Atender las quejas del acosado sin hacerle sentir culpable por ello y enseñándole medidas de reacción, dándole protección y seguridad. Que no oculte nunca lo sucedido.

– Enfrentar a acosador y víctima para el relato de los hechos. (No siempre recomendable).

– Si ha sido el primer incidente del que ha sido protagonista el acosador, hablar con él seriamente sobre la gravedad del hecho y sus posibles consecuencias, preguntándole por los motivos de su conducta, ofreciéndole conductas alternativas ante semejantes situaciones, haciéndole saber que todos esperamos de él un cambio en su actitud, de tal manera que tales hechos no van a volver a repetirse.

– Establecer entre víctima y acosador un plan de comportamiento que se revisará periódicamente.

– Señalar a unos compañeros para que ejerzan de “amigos” de la víctima durante una temporada.

– Vigilar a la víctima para protegerla y al acosador para evitar que repita los hechos.

– Si los hechos de acoso son frecuentes, todo el claustro de profesores debe implicarse en su erradicación y formar una comisión de profesores con un coordinador para su estudio, planteamiento de estrategias y seguimiento.

– Si el hecho se repite por parte del acosador, llamar a los padres y pedirles su colaboración en el planteamiento de su inmediata erradicación.

– Si no se resolviera el caso: primeramente, separar al acosador del grupo; finalmente, colaborar con los padres de la víctima para denunciar los hechos ante los tribunales y con los del acosador para ponerle en manos de un especialista en terapia de conducta.

• Programas de intervención. Así como existen instrumentos de diagnóstico para detectar, tanto a los alumnos que se sienten víctimas, como a los que se consideran acosadores, existen medidas de intervención, tanto para reparar el daño causado a la víctima, como para corregir la conducta de los acosadores. Los instrumentos de detección suelen consistir en cuestionarios que, en mi modesta opinión, no son muy fiables, debiéndose comprobar posteriormente las conclusiones que se extraigan; pues, ante preguntas como ¿Te hacen gestos para darte miedo?, ¿Te imitan para burlarse de ti? y otras similares, tanto pueden contestar que NO los verdaderamente acosados, por miedo al acosador o por intentar superar ese miedo con este gesto de valentía anónima; como, los más sensibles o susceptibles, contestan que SI cuando, sin embargo, sólo alguna vez se han sentido ofendidos por algún compañero, que ni siquiera tenía la intención de ofenderles.

Por otra parte, algunos de los programas de intervención para acosadores siguen una línea conductista, consistente en aplicar estimulación aversiva a las manifestaciones de conducta agresiva, sin tener en cuenta otros factores como el origen de esa conducta, el entorno social del acosador (familia, colegio, amigos), su esquema de valores, sus sentimientos, proyectos, metas, etc., cuando las conductas consideradas bullying no son conductas aisladas, que bastarían con sancionarlas punitivamente con medidas represivas, por lo que se hace necesario seguir otras técnicas más centradas en terapias sistémicas o ecológicas, donde se planteen todos los factores que influyen en el sujeto, como son la familia con sus valores, el centro docente y su proyecto educativo, los profesores y su interacción con el alumnado, los compañeros de clase y la dinámica del aula, los amigos de la calle y la ocupación del tiempo de ocio, etc. Cualquier programa de intervención que se plantee desde un centro docente debería reunir las siguientes condiciones:

– Tener una finalidad educativa y no sancionadora.

– Debe estar dirigido a toda la comunidad educativa, ya que se trata de prevenir y no de erradicar hechos concretos.

– Implicar a todos los miembros de la comunidad: dirección, profesorado, personal administrativo, padres y alumnos. Tanto si parte de la dirección, como si es una iniciativa personal de algún miembro de la comunidad y no cuenta con el consenso del claustro, será muy difícil su aplicación.

– Formar parte, tanto en el ideario del centro, como en su proyecto educativo, de las normas de convivencia y programas educativos a desarrollar en cada una de las áreas de formación.

– Definir claramente los objetivos que se pretenden, así como el método a seguir, que debe ser sencillo de aplicar por parte de todos los miembros de la comunidad.

– Disponer de algún mecanismo de seguimiento, comprobación y autocorrección.

Aunque los programas existentes no reúnen todas estas condiciones, veamos en esquema algunos de ellos (de Ricardo Lucena Ferrero, R.

– Bullying. El acoso escolar):

Programa de Olweus. Objetivos.

– Reducir el maltrato entre escolares tanto dentro como fuera del aula.                 – Prevenir la aparición de nuevos brotes de violencia.

– Mejorar las relaciones entre compañeros. Metodología.

– Conocimiento de la situación por parte de todos los miembros responsables de la comunidad educativa.

– Cumplimentación anónima de un cuestionario por parte de los alumnos sobre la frecuencia del maltrato, actitud de los profesores frente al mismo, participación de los padres en la vida escolar.

 – Actuaciones.- En el Centro:

– Adecuar zonas de recreo atractivas con opción a la práctica de diversas actividades.

– Vigilancia de las zonas de recreo a cargo de los profesores.

– Intervención inmediata de los profesores en cualquier conato de violencia.        – Creación de un teléfono de contacto para atender a las víctimas.

– Reuniones con padres y profesores.

– Formación de un comité de 5 a 10 profesores, para la revisión, seguimiento y correcciones del programa.

– Formación de un grupo de padres para que colaboren con el comité de profesores.

– En el aula:

– Elogiar a los alumnos que faciliten la convivencia.

– Sancionar las conductas indeseables.

– Reunión con los alumnos para acordar las medidas que se van a adoptar contra las agresiones.

– Aplicar el aprendizaje cooperativo.

 – Realizar actividades comunes, como fiestas, excursiones, en las que podrían tener participación los padres.

 – Reunión de los profesores del grupo con la asociación de padres para abordar algún hecho concreto, sin citar el nombre de agresores y víctimas.

   – Individuales:

 – Hablar seriamente con el agresor, para transmitirle claramente que no se le van a permitir en lo sucesivo ni una conducta semejante más.

– Hablar serenamente con la víctima para tranquilizarla y darle la seguridad de que va a estar protegida por los profesores y por sus padres.

 – Hablar con los padres y pedirles su colaboración. Si se considera oportuno, hablar conjuntamente con los padres de los agresores y de las víctimas.

 – Encargar a la víctima tareas de responsabilidad que le prestigien ante el grupo.

 – Organizar grupos de padres de agresores o de víctimas que, dirigidos por un experto, estudien el problema del bullying.

– Cambio de aula o de centro.  Resultados.

– Más positivo el segundo año de aplicación.

 – 50% menos de conductas agresivas.

– Se redujeron también otras conductas antisociales de vandalismo o absentismo.

 – Mejoró el clima social en el aula.

– Aumentó la satisfacción de los alumnos.

Proyecto Sheffield.

Objetivos.

– Aportar a la escuela fórmulas para reducir las conductas agresivas.

– Evaluar los métodos aplicados.

– Elaborar material de apoyo al profesorado.

Metodología.

– Redacción de un reglamento contra la intimidación elaborado por padres, profesores y alumnos. Difusión y revisión periódica.

 – Obtención de información de otros centros sobre el tema a través de cuestionarios y entrevistas.

 – Utilización de lecturas, vídeos, representaciones dramáticas, que sirvan de base para el debate con los alumnos.

 – Aplicación del método Pikas (lo desarrollamos más adelante).

 – Formación de supervisores. Mejoras en las áreas de recreo. Normas de conductas en el comedor.  Resultados.

– Se aplicó en el Reino Unido entre los años 1991 y 1994 en 23 colegios.

 – Se manejaron datos de 8.300 alumnos de edades comprendidas entre 8 y 16 años.

– Con su aplicación se redujeron las agresiones, según el juicio de los profesores y de los alumnos.

 – Más de 19.000 escuelas de Inglaterra y Gales lo han aplicado y valorado muy positivamente.

 – Ha sido la base, junto con el programa de Olweus, para el desarrollo de otros proyectos en España, Portugal e Italia.

Propuesta de Ricardo Lucena Ferrero.

Objetivo

– Intervenir ante el bullying. Metodología.

– Pasar un cuestionario a los alumnos donde se refleje el nivel de mal trato entre ellos.   – Toma de conciencia por parte de todo el profesorado.

– Formación específica sobre el tema a algunos profesores.

– Elección de un miembro del claustro como coordinador del proyecto.

 – Niveles de intervención.

 – Primario (Preventivo):

Cuando aun no hay conflicto.

 – Promover conductas prosociales. (Deberían figurar claramente en el Proyecto Educativo del Centro).

– Vigilar los recreos.

 – Actividades de aula sobre temas de convivencia.

 – Educar en valores, enseñar competencias sociales y relaciones interpersonales.

 – Consensuar alumnos y tutor las normas de convivencia en el aula, así como sus correspondientes sanciones.

– Aprendizaje cooperativo: Realizar trabajos en grupo de 4 a 6 alumnos –procurando que sean heterogéneos- donde todos deben colaborar para alcanzar una meta.  Pone en funcionamiento habilidades de relaciones interpersonales: aportar colaboración, representar responsabilidades (coordinador, moderador, secretario), respetar las opiniones de otros, saber escuchar, pedir ayuda, prestar ayuda.

Cada miembro del grupo debe responder de sus obligaciones ante los demás compañeros del grupo, y no ante el profesor.   El profesor no compara a los alumnos por sus niveles de consecución en los aprendizajes (incrementa las diferencias y desmoraliza al menos capacitado), se limita a preparar los trabajos de cada equipo, el aula y el material correspondiente, a observar la dinámica de trabajo de cada grupo, a orientarles y a animarles, a ayudarles a resolver los problemas que surjan, y a valorar el resultado del equipo.

  – Secundario (Mediador):   Cuando se sospecha alguna conflictividad.

 – Intervención de algún experto o equipo de ocho a diez profesores y alumnos que desarrollen en el grupo habilidades de asertividad y empatía.

 – Creación de un voluntariado de alumnos encargado de mejorar las relaciones entre compañeros, de acompañar a los nuevos alumnos, de intervenir en los recreos de los más pequeños cuando haya algún enfrentamiento entre ellos.

– A algunos voluntarios se les puede entrenar en habilidades de escucha activa para atender y resolver los conflictos que sus compañeros les planteen:   Pedir voluntarios.   Seleccionar por encuestas y entrevistas a los más capacitados para el diálogo y la comprensión.   Formarles en el conocimiento y la práctica de la resolución de conflictos, la escucha activa (mostrar interés, comunicarse por la mirada y los gestos de la cabeza, no transmitir prejuicios, saber formular preguntas para que el sujeto reafirme o corrija lo dicho, saber resumir), habilidades de comunicación, y los procesos de mediación.

 – Cuando haya algún conflicto, los implicados elegirán entre el grupo de voluntarios al mediador que consideren más neutral.

– El mediador explicará claramente en qué va a consistir su intervención: Voluntad de solucionar el conflicto por parte de los implicados, evitar insultos y descalificaciones, fijar número de encuentros.

 – Exposición libre, sincera y respetuosa del problema por parte de cada uno de los implicados.

 – Propuesta de soluciones.

 – Acuerdo por escrito que se llevará cada uno de los implicados.

  – Terciario (Interventor):       Cuando ya existe el conflicto.  Si el conflicto es entre un acosador y una víctima:

 – Hablar con acosador y acosado.

 – Hablar con los padres.

– Método de no inculpación: Reunión de la víctima con un profesor para que le sugiera con qué compañeros de su grupo podría hablar para ayudarle a resolver su problema. Reunión con el acosador y los compañeros sugeridos por el acosado: planteamiento del daño que se está ocasionando (sin inculpar a nadie), petición de soluciones y calendario de revisión de los acuerdos a los que se haya llegado.

Reunión del profesor con cada uno y por separado de los asistentes a la reunión anterior para comprobar los resultados de los acuerdos tomados. Si el conflicto es entre un grupo de acosadores y una víctima, con edades comprendidas entre 9 y 16 años:

 – Método Pikas: Encuesta a los profesores sobre la agresividad entre los escolares del colegio. Asignación al profesor más capaz (objetivo, con conocimientos sobre el tema, no implicado en el caso), para llevar el proceso. (Suele ser el psicólogo). Implicación del tutor en el proceso. Obtener información sobre los hechos, nombre de los agresores y de su líder. Entrevistas por separado con cada uno de los implicados, acosadores y víctima, en un lugar tranquilo donde no puedan ser interrumpidos:  Se sacará del aula a cada implicado sin previo aviso, comenzando por el líder del grupo agresor. El resto de compañeros sabrán así que el colegio está interviniendo.

La entrevista debe ser corta (no más de quince minutos), pero muy seria, tranquila y sin agresividad por parte del profesor y, mirándole a los ojos, le planteará: -Sé que te estás metiendo con…(nombre de la víctima). Si no coopera, se le dejará que se vaya al aula, advirtiéndole, sin agresividad, que se le volverá a llamar. Si colabora, preguntarle: -Qué estás dispuesto a hacer para solucionar el problema. Y se toma nota por escrito de su compromiso. Si el alumno no propone un cambio de conducta por su parte, el profesor puede sugerirle alguno. Si no lo acepta, acompañarlo al aula y sacar al siguiente agresor, sin que haya ocasión de comunicarse el que entra con el que sale. Y así sucesivamente con cada agresor y finalmente con la víctima a la que se le preguntará qué está dispuesto a hacer para mejorar la situación, pudiendo el profesor sugerirle algunas pautas. Antes de despedirle, transmitirle el apoyo del colegio y fijar un próximo encuentro para comprobar si ha habido algún cambio. Transcurrida una semana se repetirán las entrevistas de igual forma para comprobar cómo va el caso. Si no ha habido mejora ninguna, se les recordará a cada uno sus compromisos y se les volverá a convocar para dentro de una semana. Si ha habido mejoras, se les reúne a todos los agresores para ver qué más se puede hacer para seguir mejorando. Si la mejora es notable, se puede tener una reunión de acosadores y víctima, siempre que ésta no tenga inconveniente.

Nuestra experiencia. Afortunadamente, durante mis mas de 40 años de docencia en Educación Primaria y Secundaria, este tipo de problemas no nos ocupó demasiado tiempo debido a la escasa frecuencia de los mismos, pero sí nos preocupó mucho el que, los esporádicos casos que surgían, pudieran convertirse en un comportamiento generalizado de los alumnos; por ello, estábamos más ocupados en las medidas preventivas (toma de conciencia, desarrollo del razonamiento ético, educación en valores, educación del ocio), que preocupados por la resolución de conflictos de acoso. En los casos en que intervenimos como psicólogo, se resolvieron siguiendo el método Pikas. Durante unos años se desarrolló un proyecto, al que llamamos Nunca solos, iniciativa de una profesora -por lo que se corría el riesgo de que no se desarrollara completamente, si no era aceptado por los profesores implicados- que consiste en lo siguiente:

Objetivos.

– Que los alumnos tomen conciencia de que hay compañeros que no lo están pasando bien.

– Ofrecer a los compañeros que no lo estén pasando bien la amistad y ayuda de un grupo de voluntarios.

– Denunciar los casos de mal comportamiento durante el recreo, rutas, comedores, pasillos. Metodología.

– Informe y solicitud de aprobación a la dirección.

– Informe y petición de colaboración a la A.P.A.

– Formación de un grupo de coordinación integrado por profesores y padres. – Información a los grupos de la existencia de este voluntariado.

– Elaboración de una base de datos de los voluntarios.

– Convocatoria de un concurso de logos.

– Exposición y elección por votación popular del mejor logo.

– Organización de grupos que, con un brazalete como distintivo, patrullan los recreos ofreciendo su amistad, balones y cuerdas a los que estén solos.

– Elaboración de un cuaderno de campo donde se recogen las incidencias del día.

– Apertura de una dirección de correo electrónico y elaboración de una página web.

– Colocación en lugar accesible para todos los alumnos de un buzón para denuncias o sugerencias.

– Presentación del proyecto, del logo elegido y del cuaderno de campo a los medios de difusión y autoridades académicas, políticas y religiosas.

– Comunicar la experiencia a otros centros.

– Invitación a personajes populares para compartir unos minutos de clase sobre las relaciones interpersonales y patrullar con los voluntarios de turno por los recreos.

Resultados: El primer año despertó gran interés por la mayoría de la comunidad educativa, salvo alguna excepción entre el profesorado.  El segundo año se desarrolló al completo el programa con una participación cada vez más numerosa de alumnos.  En el cuaderno de campo los alumnos recogían muchas incidencias que no eran realmente de acoso.  Los casos claramente detectados de acoso se atendieron y resolvieron favorablemente aplicando el método Pikas.  El interés por el programa fue descendiendo año tras año por parte de todos los participantes.

• Conclusión: Tanto en casa como en el colegio, las relaciones con nuestros menores deben ser siempre cercanas, afectuosas, cálidas, transmitiendo seguridad, sin demasiado proteccionismo, razonando la necesidad de cumplir unas normas de convivencia que serán sancionadas, si se incumplieran (evitando los castigos físicos) y educándoles en el respeto a los demás. Resumiendo, el mejor programa educativo es el 3S: Sentido común, sensatez y serenidad.

     Rafael Paniagua Zapatero       Psicólogo

Bibilografía:-

Mª José Díaz-Aguado: “El acoso escolar y la prevención de la violencia desde la familia”.     Consejería de familia y asuntos sociales. Comunidad de Madrid.

– Olweus, D: “Conductas de acoso y amenaza entre escolares”. Morata  – Ricardo Lucena Ferrero: “Bullying. El acoso escolar”.     Mujeres por la paz.

 – http://mariajosediaz-aguado.tk

 – http://www.cnice.mecd.es/recursos2/convivencia_escolar/

 – www.injuve.mtas.es/injuve/contenidos  – www.acosoescolar.com

 

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