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Perfil del Superdotado

ninos_superdotadosSe tiende a pensar que todos los superdotados deben de ser igualmente inteligentes y raros, y nada más lejos de la realidad. Cada superdotado es tan diferente a los demás superdotados, como al resto de los menos dotados, aunque existan algunos rasgos comunes que les identifiquen, a los que nos vamos a referir como Perfil General del Superdotado.

En general, son sujetos con alta capacidad intelectual y gran facilidad para aprender. Manifiestan mucho interés por la habilidad que dominan, pareciendo, a veces, obsesivos perfeccionistas e inflexibles radicales. Les gusta dialogar sobre lo que saben, convirtiéndose en estos momentos en locuaces exhibicionistas de sus conocimientos; aunque, en general, suelen ser lacónicos, muy independientes, autosuficientes y selectivos en la elección de sus amistades.

En cuanto a su desarrollo físico y motor, hay autores que consideran que estos niños son más prematuros y fuertes que los demás: aprenden a caminar medio mes antes que la media, hablan tres meses antes, sobrepasan al resto de los niños de su edad en altura y peso, tienen más salud, mayor capacidad respiratoria, son más anchos de espaldas y caderas, tienen más fuerza muscular y el índice de mortalidad entre ellos es inferior a la media.

Entre superdotados hay muy pocos zurdos y no suelen ser demasiado gruesos o delgados. También parece que el número de ciclos completos de sueño es superior al de los menos dotados, así como la densidad y duración de la fase REM es más alta. No obstante, estas diferencias pasan desapercibidas, llamando más la atención el frecuente uso de gafas entre ellos.

Entre sus aptitudes decíamos que destacaban por la rapidez con que aprenden, como lo demuestra la precocidad al pronunciar las primeras palabras, la temprana aparición de la lectura (a los tres años) y su avidez por ella, su extenso vocabulario, su rápido progreso educativo, su excepcional memoria (sobre todo visual-fotográfica) a corto y largo plazo, su aguda percepción y poder de observación, su utilización del lenguaje de forma significativa, su riqueza de expresión, su fluidez verbal, su viveza imaginativa, su superior capacidad deductiva e inductiva y su facilidad para aprender rápidamente cualquier técnica, idea o proceso. Durante el período preescolar (3-6 años) manifiestan una gran facilidad para relacionarse con los demás niños y experimentan satisfacción por su aprendizaje, aunque pueden ser torpes escribiendo porque se aburren, su pensamiento va por delante de su lápiz y prefieren expresarse oralmente

Suelen saber la respuesta antes de que el profesor termine de formular la pregunta y agotan la bibliografía propia de su edad, necesitando pasar a la de adultos.  Atendiendo a sus actitudes, efectivamente los superdotados ofrecen una conducta diferenciadora. Al no serles fácil a todos poderse identificar con otros sujetos como ellos, algunos se tornan introvertidos, rebeldes y egoístas, prefiriendo relacionarse con adultos. Se inclinan por actividades de tipo intelectual, están dispuestos siempre a opinar, les gustan los desafíos y son tolerantes ante la ambigüedad.

En un trabajo realizado por Bloom sobre un grupo de dotados mundialmente reconocidos, se recoge la declaración de sus padres confirmando que sus hijos eran muy observadores, perseverantes y competitivos y que pasaban mucho tiempo solos sumidos en sus trabajos.  Su rendimiento es lo más llamativo, al menos en una o dos áreas.

Los niños de 6-7 estudiados por Terman tenían un nivel de conocimientos superior a los de 10 años, y los de 9 años superaban a los de 13. Son innovadores y originales, aunque a veces impacientes y poco perseverantes, plantean preguntas provocativas, son conscientes de los problemas de la gente. Por otra parte, Belle Wallace observa cómo niños muy capacitados rendían por debajo de sus posibilidades y se convertían en niños conflictivos, sin que sus profesores llegaran nunca a comprender las causas.

Los rasgos de estos chicos eran los siguientes: no manifestaban interés por las tareas escolares, eran críticos con la escuela y con sus profesores, a veces rudos e insolentes, mostraban indiferencia ante las normas, no les interesaba la aprobación de sus maestros, ironizaban sobre las debilidades ajenas, no solían terminar sus trabajos escritos, en el aula estaban inquietos o aburridos, pasaban mucho tiempo absortos en su mundo particular, solían originar conflictos de comportamiento con y entre otros compañeros, manipulaban y comprometían fácilmente a los demás, eran muy astutos en sus autojustificaciones, se sienten frustrados con facilidad, son propensos a la melancolía y el mal humor, buscan la compañía de mayores.

Y, a pesar de sus ausencias escolares, solían seguir el ritmo de la clase.  En cuanto a los intereses, los superdotados no se diferencian en nada de los demás niños durante la infancia, preguntan mucho, se interesan por todo, coleccionan de todo, todo les gusta Son detallistas, curiosos y les gusta jugar a aprender. Sus juegos suelen ser tranquilos, gustándoles más los juegos intelectuales que otros más dinámicos o agresivos. Les gusta mucho leer, pasear y se interesan por los animales. Durante la preadolescencia suelen interesarse por temas de adultos, centrándose fuertemente en un área preferente, según sus aptitudes diferenciales, los intereses familiares o las corrientes culturales; así, por ejemplo, en Alemania predominan los intereses científicos, en Centro-Europa los musicales, en Japón los técnicos y entre los hispano-parlantes los literarios.  Sobre la emotividad del superdotado, los autores no se ponen de acuerdo, tendiendo a extremizar sus conclusiones.

Unos ven al superdotado como un desequilibrado emocional, fruto de sus sentimientos de frustración y de su supersensibilidad, llegándose a afirmar que genio y locura comparten la misma base genética. Terrassier habla de disincronía afectivo-intelectual, para referirse a la ausencia de paralelismo entre el desarrollo de la inteligencia y el de la afectividad.

A veces, estos niños utilizan su brillantez para ocultar su falta de madurez, pero su inteligencia no dejará de proporcionarles información, que su afectividad no podrá procesar, llegando a provocarles estados de neurosis de angustia. Otros piensan que el superdotado es emocionalmente más equilibrado que la mayoría de los sujetos de su edad. Nosotros, consideramos que, de un niño superdotado, en principio se debe esperar que sea tan equilibrado emocionalmente como los demás niños, y que son las elevadas expectativas, las presiones que se ejercen sobre él para la optimización de su rendimiento, la ignorancia sobre sus verdaderas dotaciones, el mal tratamiento de sus aptitudes, etc., lo que puede producir desequilibrio emocional.

 El grado de sociabilidad del superdotado dependerá, como en cualquier sujeto, de sus experiencias pasadas y del tipo de ambientes en el que se haya desarrollado. Lógicamente tienden a relacionarse con los que más se identifican, con sus iguales; pero, ante la ausencia de éstos, buscan a otros mayores, incluso a adultos, como compañeros de juegos de interior, para conversar o para realizar actividades poco dinámicas; mientras que para juegos de exterior o actividades más dinámicas suelen reunirse con otros niños de su misma edad, independientemente de la capacidad intelectual que posean. Para algunos estudiosos del tema, hay superdotados que manifiestan una clara tendencia al liderazgo desde los 6 años y que, aquellos cuyo CI es superior a 150, suelen tener dificultades de relación con sus compañeros.

Tampoco faltan los que opinan que los más creativos son más individualistas, independientes, inconformistas, egoístas y son más propensos a las depresiones, hipocondrías, histerias, psicopatías y paranoias.

Resumiendo, aunque parece que el individuo intelectualmente superdotado alcanza niveles medibles de cognición social a partir de los tres años, mostrándose con ello alguna confluencia entre nivel intelectual y cognición social, no se ha demostrado que exista una relación significativa entre cognición social y comportamiento prosocial entre niños. Siendo la edad de entre 16 y 18 años el momento en que suele desarrollarse normalmente la inteligencia social, los niños superdotados parecen alcanzar los estadios de la cognición social mucho antes de lo normal, pudiéndose encontrar casos de sobredotación social en niños superdotados no intelectualmente.

¿Y cómo son los superdotados a lo largo de las distintas edades de su desarrollo? Eso nos lo reservamos para otra ocasión.

Rafael Paniagua Zapatero Psicólogo

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