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La clase que aprendió el lenguaje de signos por su compañero Ílias

14905469652095Imagine que sale a la calle y, allá donde vaya, se le entiende, sea su barrio o cualquier parte de la ciudad: las personas comprenden lo que quiere decir. Es decir, hablan su lenguaje. Parece obvio porque cada día cualquier persona habla, dialoga o se comunica con sus amigos, con su familia o con el que tiene al lado en el metro.

Ahora imagine el silencio o, como mucho, una especie de tumulto o de ruido que apenas permite diferenciar lo que se escucha. ¿Entiende algo? Así es como se sienten miles de personas con discapacidad auditiva cuando salen a la calle: necesitan de la ayuda de los demás.
Ílias Charif es un niño sordo de 13 años con implante coclear. Cada día, acude al centro de refuerzo escolar Puente de Vallecas, de la organización Save The Childen, a hacer los deberes del cole. Es un chico con la sonrisa puesta y aunque “se integraba muy bien en clase y daba todo lo que tenía de sí, le faltaba comunicación con sus compañeros”, cuenta Rocío, educadora e intérprete de Ílias en el centro.
Así que planteó la siguiente idea: que en clase de Ílias se enseñase -y aprendiese- el lenguaje de signos. Poco después de la puesta en marcha del proyecto, lo que surgió como una ayuda para Ílias se convirtió en una completa entrega por parte de sus compañeros. La comunicación estaba mejorando entre ellos y “con la lengua de signos los niños se habían integrado muchísimo en clase. Estaban todo el rato cooperando entre unos y otros”, detalla Rocío.

Ílias llevaba bastante tiempo yendo a las clases de refuerzo pero, hasta la llegada de Rocío, no había tenido oportunidad de comunicarse plenamente con todos y cada uno de sus compañeros. “Cuando Rocío llegó, vio raro que después de tanto tiempo los profesores o el resto de niños en clase no tuviéramos un signo para comunicarnos con Ílias. Pero claro, no habíamos tenido ocasión. El interés de los niños fue increíble y todos nos volcamos con la iniciativa”, cuenta Noelia, educadora del centro de Vallecas.

Al principio, cuenta Ílias a EL MUNDO desde su clase en el colegio, “cuando los niños no sabían el lenguaje de signos, yo estaba un poco aburrido porque no podía hablar con mis compañeros todo lo que quería, pero poco a poco aprendieron y me empecé a sentir más contento y feliz”.

La última hora de los miércoles era el turno de la lengua de signos. Rocío, intérprete de Ilías, y Noelia, la educadora, dedicaban el final de la tarde a enseñar a Sara, Susana, Pablo, Paula, Ismael y Farah. Noelia, que tampoco controlaba la lengua de signos, dice que también “estaba muy motivada”. “Porque me gustaba bastante y aprendí mucho”, especifica.

El primer paso era aprender el abecedario dactilológico, la representación de cada una de las letras que componen el abecedario con las manos. Los días de la semana, los meses, los colores… Después, lo aprendido se puso en práctica con diferentes actividades lúdicas que iban proponiendo las profesoras, cómo El juego del más rápido.

“La profesora decía una palabra y había dos personas que tenían que expresarla con lenguaje de signos. El que más rápido lo hacía ganaba”, rememora Ílias, que en los juegos es competitivo y, si no gana, a veces se enfada.
Otro juego era El pistolero, que servía para aprender los signos de las personas. Pero, ¿qué son los signos de las personas, Ílias? “Cada uno tenemos un nombre y, para referirnos a alguien, le asignamos un determinado signo para identificarlo, algo relacionado con el cuerpo o con lo que te gusta de esa persona”. De este modo, explica también su intérprete, “no pierdes tanto el tiempo en deletrear el nombre de cada persona”.

Ílias era el rey de los signos para sus compañeros de clase, se encargaba de ponérselo a cada uno. Incluso el de él mismo: suyo es el signo de la sonrisa porque de pequeño siempre estaba sonriendo. Así, cuando alguno quiere decir algo sobre Ílias, se lleva el puño cerrado con el meñique hacia arriba hasta el lado derecho de la boca y mueve el dedo varias veces, hacia arriba y abajo.

Poco a poco, todos los compañeros de Ílias han entrado de lleno en este aprendizaje e incluso lo continúan cuando están fuera de clase. Cuenta Noelia que sus alumnos dicen con orgullo que saben lengua de signos o “esto se dice así” y que se preguntan: “Cómo puedo decir esto?”. “Les ha motivado mucho a todos los compañeros”, prosigue.

Sara Montoya, compañera de clase de Ílias, fue una de las niñas que más rápido aprendió el dactilológico y que mejor se comunicaba con Ílias. Es una disfrutona del lenguaje de signos: “No sólo aprendemos a hablar con Ílias, sino con más gente que es sorda”, explica.

Otra compañera de clase es Susana Heredia, de 13 años: “Nosotros intentamos que se sienta bien, que sepa que nos tiene ahí para cuando nos necesite. Es un niño diferente pero a la vez igual que todos, porque tiene los mismos derechos que todos los niños”, argumenta.

Aunque ya ha pasado un año desde la puesta en marcha del proyecto en el centro de Save The Children e Ílias ya no va con los mismos compañeros a clase porque ya ha pasado a Secundaria, sus compañeros del año pasado no dejan de insistir a los profesores para retomar las clases de lenguaje de signos. Los nuevos compañeros de Ílias también insisten en lo mismo. Así, el centro volverá a poner este año en marcha el proyecto, “con la intención de juntar a ambos grupos, ya que hay una gran motivación”, explica Noelia.
La relación con los hermanos

En casa, Ílias es el único sordo y enseña la lengua de signos a sus padres y a sus tres hermanos. Aunque dice que a sus padres al principio les costó, también afirma que cada día quieren aprender más. Su hermana Dúa, de tres años, ha aprendido el abecedario, los colores, los días de la semana…

“Ella sabe muchos signos pero cada día aprende más”, cuenta. Osama tiene un año menos que Ílias y se entiende perfectamente con su hermano. También acude cada semana al centro de refuerzo escolar y, cuando no hay intérprete en el centro, él explica todo lo que quiere decir su hermano.

En el centro de Vallecas también hacen actividades de ocio en verano. “En los campamentos que hemos hecho en la Comunidad de Madrid hemos compartido muchos momentos con Ílias”, cuenta Noelia. Aunque en verano él no tenía intérprete, “es un niño que se adapta perfectamente y lo coge todo al vuelo. Puede haber siempre alguna equivocación pero, a la hora de jugar, él sabía integrarse y comunicarse con sus compañeros. Nunca se ha sentido limitado y siempre se ha mostrado dispuesto a todo”, aclara.

No obstante, si en los campamentos había algún problema de comunicación, los responsables se dirigían “a su hermano Osama, un año menor que él, y él trasladaba todo lo que su hermano quería decir”, explica. Además, se dieron cuenta “de algo muy curioso: Ílias y su hermano hablaban con su propio lenguaje, nada técnico como lo hace la intérprete sino que, como se han criado juntos, tienen sus propias fórmulas”.

Los tres hermanos Charif van al colegio El Sol, en Ciudad Lineal (Madrid). Un colegio público bilingüe en el que hay oyentes y sordos. En algunas clases, como matemáticas, siempre hay un profesor que habla el lenguaje de signos y otro que habla de manera oral. Asimismo, la pizarra suele dividirse en dos, con una estructura más fácil para los niños sordos y con otra para los oyentes.
Mayor autonomía gracias al implante coclear

Aunque el implante coclear ayuda a superar algunos problemas de audición cuyo origen está en el oído interno o cóclea, “con él no se ha conseguido que Ílias pueda escuchar lo suficiente como para no tener que usar el lenguaje de signos. Con el aparato puede escuchar ciertos sonidos y eso es fundamental para el niño, ya no sólo a nivel comunicativo, sino a nivel emocional, ya que se siente más seguro y con mayor autonomía”, explica Rocío Montes, coordinadora del centro.

Aún así, personas como Ílias siguen enfrentándose cada día a cosas tan básicas como entenderse con el cajero cuando van a comprar al supermercado. Lo que para cualquiera es un hábito más, para muchos otros es un obstáculo diario.

“Para mí sería mucho más fácil y cómodo comunicarme con el lenguaje de signos y estaría bien que todo el mundo supiese algo de esta lengua”, cuenta a EL MUNDO Ílias Charif. Lo mismo opinan en su centro de refuerzo, donde dicen que les “gustaría que en los colegios se impartiese lenguaje de signos, para que se dieran cuenta de la realidad que vive Ílias día a día”.

Fuente: Recio, Enrique, “La clase que aprendió el lenguaje de signos por su compañero Ílias”. [En Línea]. El Mundo. INTEGRACIÓNMedidas educativas. Disponible en: http://www.elmundo.es/sociedad/2017/03/27/58d7f41eca4741f73d8b45d8.html[Consulta;27/03/2017]

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