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“Aprender a leer a los 84 años me ha cambiado la vida”

1504787057_562847_1504793826_sumario_normal_recorte1En la Comunidad de Madrid hay más de 50.000 casos de analfabetismo, según datos de la Encuesta de Población Activa

Tres alumnas aprenden a multiplicar en el Centro Dulce Chacón el pasado junio.
Tres alumnas aprenden a multiplicar en el Centro Dulce Chacón el pasado junio. J. N.

A sus 84 años, Leonor Torbellino continúa levantándose temprano para hacer las cosas de casa: Prepara la comida, limpia el suelo o recoge el bajo de unos pantalones que le quedan grandes. Cuando el reloj marca las 10.30 de la mañana, atraviesa el destartalado barrio de la UVA de Hortaleza para sentarse en un pupitre del Centro de enseñanza para adultos Dulce Chacón y aprende a leer y a escribir.

“Cuando era muy pequeña mi padre murió. Éramos ocho hermanos y si queríamos comer teníamos que trabajar. Nunca pude ir a la escuela”, explica Torbellino mientras hace girar un lapicero de madera entre sus dedos. Como ella, 50.282 personas sufren analfabetismo en la Comunidad de Madrid, según datos del segundo trimestre de la Encuesta de Población Activa publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
De todas ellas, solo un tercio cursan algún tipo de estudio que les permitirá dejar de serlo, según explica la consejería de educación de la Comunidad de Madrid. La mayoría son personas en torno a los 70 años, mayormente mujeres, o inmigrantes de mediana edad que carecen de conocimientos básicos del castellano.

Fátima Amasstour abre un libro y comienza a leer pausadamente: “En-ton-ces se lle-vó a la bo-ca el pe-da-zo de pan y…”. Tiene 50 años y hace 14 emigró de Marruecos para establecerse en el madrileño barrio de Tetuán. Como muchas niñas marroquíes, no fue a la escuela porque, según cuenta, sus padres no querían. Los lunes y martes, pasa de cinco a ocho de la tarde en la escuela de adultos de su barrio con varios vecinos marroquíes. “El primer día agarré el bolígrafo al revés. Un año después, soy capaz de leer y escribir cualquier cosa”, comenta Amassaur sonriente. En la Comunidad existen 69 Centros de Enseñanzas para Adultos (CEPA) en los que se ofrecen cursos formativos para adultos. En una treintena de ellos existe la posibilidad de graduarse en cursos de enseñanzas iniciales organizadas en dos niveles: el inicial I (equivalente a 1º, 2º y 3º de primaria) o Inicial II (4º, 5º y 6º de primaria). Desde 2009 la inversión en educación de adultos ha bajado en la Comunidad un 40%: 57,7 millones menos.

Felicidad Serrano, de 65 años, llegó al Centro hace seis sin saber leer ni escribir. “Éramos 11 hermanos, yo era la tercera y tenía que cuidarlos. Cuando los llevaba al colegio lloraba mucho porque quería entrar para aprender y no me dejaban. Tenía que trabajar recogiendo aceitunas para poder comer”. Ahora cursa el segundo nivel donde asegura disfrutar aprendiendo a pesar de que “su memoria no es tan buena como antes”. Su compañera de pupitre, Victoria Sanz, ronda su misma edad. Juntas recuerdan los tiempos difíciles de la postguerra. Sanz nació en un caserío en la provincia de Segovia. “Nevaba mucho. Vivíamos lejos de todos sitios y no podíamos movernos del campo”, cuenta entre risas. Las pocas letras que conocía se las enseñó su padre bajo la luz de un candil por las noches.
Una profesora dicta en voz alta una palabra cualquiera para que el resto lo escriba individualmente en su carpetilla. Rachida El Ovadi mira por encima de sus gafas el papel de su compañera, Rhadija Zerovali, para asegurarse de que lo ha escrito bien. Cuando la profesora escribe en la pizarra la palabra para corregirla, algunos borran para rectificar y otros respiran aliviados. “¡Oh, sé escribir!”, exclama irónicamente Amasstour entre risas cuando comprueba que ha escrito correctamente la palabra “frigorífico”. La profesora del CEPA de Tetuán, Teresa Blasco, explica que ocho horas a la semana es insuficiente para que aprendan correctamente, pero asegura que debido a “la ley” no pueden dar más. “Cada uno tiene un nivel. No se imparte una clase como tal. Es una enseñanza individualizada”, comenta mientras muestra las diferentes fichas de actividades
El Hocein El Ghalbzouri, de 50 años, solo sabe leer un poco de árabe que aprendió en la mezquita, lo justo para leer algunos fragmentos del Corán. Ahora está en paro y aprovecha para ir con su mujer, Rachida El Ovadi, para aprender a escribir. Para ella, leer le ha cambiado la vida. Antes, cuando llegaban las cartas de su hijo no podía leerlas”, cuenta con emoción mientras sujeta su hiyab azul para que no se le descoloque. Javier Morán, profesor del Centro Dulce Chacón, asegura que lo más difícil es que los alumnos hagan una lectura comprensiva. “Aprenden a leer pero la mayoría de la veces no entienden lo que han leído”. El día del libro, Morán les regaló a cada uno de los alumnos una carpeta con poemas de Mario Benedetti, Lorca o Miguel Hernández.

Isha viajó desde Senegal a España cuando tenía 20 años. Cuando llegó a España fue la primera vez que pisó una escuela. “En mi país es muy difícil ir a la escuela”. En Senegal más de la mitad de la población es analfabeta (el 81% mujeres y el 49% de los hombres), según datos de la UNESCO. A sus 26 años, Isha está dejando de serlo. El próximo año comenzará a cursar la Secundaria. “No me separo del periódico”, exclama mientras saca uno de su carpeta. “Aprender me lo ha dado todo. Ahora, siempre aprovecho cualquier momento para leer y poder seguir conociendo más”.

Fuente: Núñez, Julio. “Aprender a leer a los 84 años me ha cambiado la vida”. [En Línea]. El País. Educación. Disponible en; https://elpais.com/ccaa/2017/09/07/madrid/1504787057_562847.html. [Consulta: 12/09/2017]

Categoría: General

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