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¿Tienes deberes para mañana? . Una polémica interminable entre las familias y los colegios

Deberes si noLa polémica sobre los deberes avanza sin ningún tipo de conclusión que satisfaga a las familias y a los colegios. Las tareas diarias cuentan con bases pedagógicas y también con argumentos contrarios. No es cuestión de cantidad sino de calidad. 

Los medios de comunicación devuelven a la palestra un tema muy controvertido y que retorna, de forma cíclica, en cuanto surge alguna noticia al respecto. Ya son varias las décadas en las que los debates surgidos en torno a la polémica de si los deberes diarios que deben realizarse al salir del colegio en el domicilio familiar son favorables o no para la formación integral de nuestros hijos y alumnos.

En España el conflicto viene de lejos, puesto que el primer decreto al respecto se registra en el año 1956, por el cual el Ministerio de Educación aprobaba una circular en la que se prohibía realizar tareas para casa en la etapa de Primaria (de seis a doce años). Tanto es así que la “guerra interna” establecida entre familias, centros escolares y profesores ha mantenido enfrentados a estos colectivos sin ofrecer, a día de hoy, una respuesta o alternativa que contemple y “acuerde” las respectivas posturas en el objetivo común de superar la situación.

Por otro lado, el conflicto no solo debe centrarse en la dicotomía deberes sí-deberes no, sino más bien habría que tomar conciencia sobre la ecuanimidad de las tareas a realizar en función de la diversidad de condiciones y necesidades de los estudiantes, tales como la edad, nivel socioeducativo, espacio donde se realizan los deberes, etc.

Hay autores que consideran que el debate establecido es una falacia porque, en cierta medida, no se tienen en consideración algunas variables y perspectivas inherentes a esta polémica. Así, en alumnos de edades más pequeñas el objetivo de los deberes puede vincularse a generar una rutina o bien a aprender a administrar o programar el tiempo. La situación, origen social y estilo de familia también pueden resultar, en cierta manera, un refuerzo académico.

En general, podemos indicar que es tarea fundamental extender los tiempos de aprendizaje para revertirlo en un incremento de la adquisición de contenidos en función de la superación de las desigualdades. Por otro lado, hay que tener en consideración que los deberes no solo se pueden programar y han de consistir en una tarea individual, sino también se pueden planificar en contextos sociales donde se enfatiza el discurso de la excelencia académica en entornos sociales.

Modelos educativos y deberes

Observando el panorama actual sobre el funcionamiento y desarrollo de los cuatro modelos de educación, podemos destacar el modelo continental, que adoptaron países tales como España y Alemania, en donde el denominador común es la tradición enciclopédica y memorística, temas interminables, pocos descansos, clases magistrales, actitud pasiva del alumno y pruebas y exámenes en los que hay que responder “literalmente”. En conclusión, los padres opinan que sus hijos no tienen tiempo libre, ni ellos tampoco, puesto que reclaman mayor ayuda en la cumplimentación de la tarea a realizar en el domicilio familiar.

En el modelo anglosajón (británico y estadounidense), el sistema educativo encuentra el equilibro entre la distribución del trabajo en casa y en las aulas, puesto que estudian una hora y media en casa y dos horas y media en el colegio. Consiste, en definitiva, en no cargar excesivamente el ámbito académico, aunque discurre en detrimento del nivel de las asignaturas técnicas. Es un modelo que tiende al fomento de la creatividad y además se premia.

En el modelo escandinavo existen menos horas lectivas (1.500 horas menos de clase que un niño español), el tiempo libre es mayor y las clases son más relajadas y prácticas, no atendiendo a la memorización ni a la preocupación por las evaluaciones periódicas. La atención en este modelo se centra en la preocupación por detectar, de forma preventiva, a niños con N.E.E. (Necesidades Educativas Especiales) para garantizar la inclusión y diversificación curricular. Las tareas para casa son muy escasas y muy alto el grado de responsabilidad por realizarlas.

En el modelo asiático, el eslogan es el empoderamiento de la exigencia. El sistema es muy competitivo, por lo que se premia el éxito y se condena el fracaso (tradición confuciana). Significa que los alumnos tienen clases privadas después del horario escolar, por lo que los deberes se suelen hacer en las academias. En general, existe un gran nivel de angustia y depresión y el índice de suicidios es alto.

Con todo, el modelo escandinavo y el del sudeste asiático son los más exitosos, aunque situados en los polos opuestos del continuum de la educación. En el primero, no existen deberes y, en el segundo, para ser competitivos es necesario acudir a las academias privadas, en donde se realizan los deberes, cumplimentando una agotadora doble jornada escolar. Entonces, ¿cómo puede ser que nueve de cada diez niños finlandeses, que han entrado al colegio un año o dos más tarde (a los siete), que han dado 1.500 clases menos (y, además, más cortas) y que solo han hecho deberes durante un cuarto de hora (o como mucho media) al día, se saquen el título de Secundaria, mientras que en España estemos a la cabeza de la tasa de abandono escolar en Europa?

Repasemos por países el promedio de horas destinadas a los deberes fuera del aula y su posición en el ranking de PISA:

  • España. Se hacen deberes de 1,5 a 3 horas diarias de media. Horas pasadas en la escuela desde los 7 a los 14 años: 7.300. Fracaso escolar (no terminan la Secundaria): 26,5%. Puesto en el ranking de PISA: 33.
  • Finlandia. Se hacen deberes de 15 a 30 minutos. Horas en la escuela desde los 7 a los 14 años: 5.700. Fracaso escolar: 9,8%. Puesto en el ranking de PISA: 3.
  • Corea del Sur. Se hacen deberes, mínimo 3 o 4 horas, pero se hacen en academias, no en casa. Horas lectivas de los 7 a los 14 años: 5.900. Fracaso escolar: 2%. Puesto en el ranking de PISA: 2.
  • Francia. No hacen deberes, están prohibidos en Primaria, pero muchos profesores se saltan esta norma. El Gobierno propone ahora que por ley todas las tareas se realicen en la escuela. Horas lectivas de los 7 a los 14 años: 7.400. Fracaso escolar: 12%. Puesto en el ranking de PISA: 21.
  • Reino Unido. Se hacen deberes. El Gobierno recomienda de 1,5 horas (en Primaria) a 2,5 (Secundaria). Horas lectivas de los 7 a los 14 años: 7.150. Fracaso escolar: 15%. Puesto en el ranking de PISA: 26.
  • Alemania. Se hacen deberes. Los padres se quejan de que los niños pasan más horas en clase y haciendo deberes (38,5 semanales) que con ellos (18). Horas lectivas de los 7 a los 14 años: 6.300. Fracaso escolar: 11,5%. Puesto en el ranking de PISA: 19.
  • Dinamarca. No se hacen deberes. Los colegios no pueden mandar deberes para los fines de semana. Horas lectivas: 6.500. Fracaso escolar: 9,6%. Puesto en el ranking de PISA: 2.

Parece ser que no se trata de ver los deberes como los responsables de los males académicos, sino más bien del exceso y la falta de “atractividad” de los mismos. Argumentan los expertos que no es malo que a partir de los siete años los niños dediquen algún tiempo en casa a ir generando habilidades de trabajo, de lectura, de creación artística en un ambiente distendido. Estas actividades intelectuales serán buenas para practicar la concentración, fundamental para el desarrollo neurológico y cerebral. Una carga desmesurada es contraproducente, puesto que el niño puede verse abrumado y bloqueado ante la falta de gestión y desproporción entre tiempo/número de tareas y la sensación de indefensión al no poder gestionarlo. Con todo, el alumno aprende esta asociación como castigo, en la que el estudio se convierte en algo terrible y desconcertante en vez de una aventura hacia el placer del descubrimiento. No hay que olvidar que los deberes fuera del aula ofrecen un entorno en el que los niños se enfrentan a dificultades que tienen que superar, por lo que desarrollan el esfuerzo personal y la autonomía.

Así pues y con el propósito de aunar esfuerzos y contribuir al estudio y análisis de ambas posturas, se realizó una encuesta, dentro del marco de Acción Magistral, integrando un proyecto de apoyo al profesorado, promovido y puesto en marcha por la Unesco, el BBVA y la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). Los resultados obtenidos reflejaron que el 84% opina que los deberes tendrían que realizarse en el aula, dentro del horario escolar, y no en casa, y que siete de cada 10 asociaciones de padres y madres consideran que los alumnos llevan a casa demasiadas tareas.

El estudio consistió en aplicar una batería de cuestionarios a las AMPAS de 161 colegios de toda España. Las preguntas estaban relacionadas con el funcionamiento, su papel en la comunidad educativa, temas de responsabilidad y su opinión sobre las tareas escolares. Finalmente, la encuesta reveló que un pequeño colectivo de padres no se opone a las tareas escolares en casa de forma diaria; sin embargo, una abrumadora mayoría consideraba que sería mejor realizar estas actividades en el aula y dentro del horario escolar. Curioso es destacar que, justamente, esta es la opinión de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Los deberes dividen tanto a colectivos de padres como a los equipos de profesores y, entre tanto, los niños realizando las tareas académicas para casa que les impiden gozar de su tiempo libre. España se divide casi en un 50% entre los que opinan que las tareas diarias son positivas y los que no.

Con el propósito de invitar a la reflexión, tras las fuentes consultadas, resumimos 5 motivos a favor y en contra de los deberes. Estas serían algunas de las ideas favorables a la realización de deberes en casa, es decir, los motivos que los hacen “imprescindibles” y, todo lo contrario, las razones por las que son “desaconsejables”.

DeberesEs necesario y deseable llegar a un acuerdo entre los colectivos implicados en el que el diálogo entre padres, maestros y alumnos sea el hilo conductor hacia la consecución del éxito académico y la realización personal, cada uno en su orden y medida, en función de las características personales e individuales de nuestros alumnos, sin descuidar las directrices y líneas de actuación del sistema educativo con el que debemos convivir.

Escrito por Cándida Filgueira Arias

Doctora en Psicología Clínica. Directora del Máster Universitario en Formación para Profesor de ESO y Bachiller de la USP CEU.

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